En 1991, en New Harmony Inn,
Indiana, una serie de intensas discusiones en torno a las maravillosas conversaciones
programadas por el P. Bede Griffiths, llevaron a la formación de la WCCM. En ese momento yo no creo que
nadie realmente sabía lo que significaba para la Comunidad en el futuro. La esperanza generada por esta
nueva forma de ser de la comunidad, se vio atenuada por el dolor tácito por el
cierre de la comunidad de Montreal, así como por las numerosas cuestiones
prácticas, una nueva estructura necesaria para hacer frente a sostenerse a sí
misma. Lo que no estaba en duda era
nuestra fe en la enseñanza, nuestra fe en la práctica del silencio y nuestra
profunda fe en la presencia del Espíritu Santo, dentro de nosotros mismos y en
la Comunidad.
Desde entonces, la WCCM ha enriquecido la vida y la fe de muchos miles de personas en todo el mundo. Lo central de esta ha sido la continuidad, la sencillez y la integridad de las enseñanzas de John Main OSB y de Laurence Freeman OSB. Fiel a la vena de profunda contemplación corriendo a través de la tradición cristiana, la práctica de la atención amorosa en silencio ha sido, con la gracia, un catalizador para transformar las vidas de innumerables cristianos que buscan un encuentro más profundo con el Misterio. Los grupos semanales de meditación modesta y fiel a través de más de 100 países, son la red en la que florece esta cepa de la oración contemplativa. Los grupos enfocados en el intercambio del silencio y la enseñanza, han sido una fuente esencial de energía para los meditadores. En respuesta a su experiencia de "volver a casa", cientos de meditadores en toda la Comunidad han compartido generosamente con los fieles la enseñanza de su propio testimonio de la práctica. La principal de ellas ha sido la dedicación desinteresada de Laurence Freeman, Director de la WCCM, a la enseñanza y a Cristo el maestro interior. Y en esto se han nutrido los frutos de la comunidad y las amistades espirituales.
La Comunidad ha crecido en la articulación de la enseñanza y de sus raíces y en actividades de divulgación en los puntos de vista de la oración contemplativa, aplicados a una serie de contextos cotidianos, la educación, los negocios, la salud, la adicción, el bienestar, o el diálogo inter-religioso. También ha crecido en su testimonio del espíritu contemplativo - un testimonio de la presencia del Espíritu en la vida de sus miembros. Este crecimiento no ha sido fácil. Al igual que todas las familias, nuestras heridas individuales y colectivas han pedido ser sanadas, y crecer y perdonar, a nosotros mismos y a los demás, por lo que podemos hacer realidad una comunidad de amor. Nuestro proceso de maduración revela la necesidad de una profunda transformación en la paciencia y la humildad.
Como ha sido en el pasado, así también en el futuro, la Comunidad está dispuesta a escuchar con atención los movimientos del Espíritu Santo para delinear sus contornos en el futuro.
La gente sigue con hambre de profundidad y significado. La necesidad de la enseñanza permanente de adultos y jóvenes es evidente. Los niños en edad escolar también tienen derecho a saber acerca de la "otra ala" de la oración - el camino del silencio. El uso racional de la tecnología y los medios sociales pueden mejorar la comunicación de los dos pilares, la enseñanza y la práctica, sin caer presa de estos modos modernos de la capacidad inherente para la banalidad. Pero las iniciativas y medios, por importantes que sean, van y vienen con los tiempos. La constante es nuestro testimonio de amor a otra manera de estar presente. Este será el fruto de nuestra propia fidelidad constante y la entrega en el misterio del ser, el misterio de Cristo, como individuos y como comunidad.
Ruth Fowler rafowler@optusnet.com.au
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| P. Bede Griffiths OSB y P. Laurence Freeman OSB, 1991 |
MENSAJE DEL P. LAURENCE FREEMAN OSB
Estimados
amigos:
Últimamente me he sentido fascinado con las
nubes. No con La Nube del no Saber, ni cuando nos vemos sacudidos con un arpón
de amor ni tampoco con la Nube del Olvido en donde sacamos para afuera nuestros
pensamientos; lo mío son las nubes ordinarias. Los seres humanos deben haberlas
observado desde que se interesaron en el mundo que los rodeaba y el mundo que
se encontraba por encima de sus cabezas. No obstante, curiosamente, no fue
hasta principios del siglo XIX que alguien categorizó las nubes y les dió un nombre. Aunque son
notoriamente inestables – puedes ver en las nubes tantas formas como las que tu
mente pueda crear como imágenes, o tantas historias como tu imaginación pueda
hacer que las nubes sean sus metáforas -. No obstante las nubes siguen ciertas
reglas.
Creo que existen veintisiete estados de nubes,
cada una de las cuales posee un símbolo internacional que es utilizado por los
meteorólogos y los pilotos como una forma rápida de reportar el estado del
cielo. No obstante, al igual que toda jornada espiritual, - la que también
sigue ciertos estados y moldes recononocibles -, cada firmamento es único cada
vez que lo observamos. Por lo tanto, no deberíamos tomar los sistemas de
clasificación como ciertos – no importa cuan cómodos nos resulten los rótulos
que podamos tener a mano - .
Las nubes se forman a distintas altitudes. Por
lo tanto, existen capas de nubes bien separadas unas de otras, que se mueven a
diferentes velocidades y que poseen diferentes niveles de densidad. Estas capas
pueden influenciarse unas a otras y fluir juntas y, para el ojo entrenado,
pueden predecir el tiempo que tendremos abajo.
Mirar al cielo desde el suelo hacia abajo, desde
un avión a las nubes, puede ser una práctica contemplativa. Desconceptualiza la
mente (por lo menos hasta que pretendes ver tus propias formas e historias en
las formas desdibujadas) y desconecta las emociones del apego al miedo, al
deseo o al enojo (por lo menos por algunos momentos, pero el tiempo suficiente
para recordarnos que no somos solo lo que pensamos o lo que sentimos).
Nunca me he sentido feliz de orar a “nuestro
padre celestial” porque los cielos no son el lugar en donde nuestros pies están
plantados y la palabra “padre” expresa solo la mitad del misterio. No obstante,
si pienso en las nubes, tiene un poco más
de sentido. Mirar al cielo nos recuerda que pertenecemos tanto a ese lugar como
a la tierra, aunque es una parte diferente de nosotros la que se
relaciona con lo que está arriba. Si la tierra es nuestra madre, el cielo es el
padre y cada uno de nosotros somos el resultado de esta unión. Para poder experimentar
esto, es mejor estar afuera o en una iglesia sin techo o formando parte de un
monasterio sin paredes. Allí sentimos realmente cuán ilimitado es el espacio
del espíritu; y la razón por la cual no existen barreras que nos separen de donde
pertenecemos o de aquellos con los que compartimos esta perespectiva y su
experiencia de libertad.
Veinte años atrás, el Seminario John Main tuvo
lugar en New Harmony, Indiana, que a su vez fue fundada en el siglo XVIII por
una comunidad utópica. Al igual que muchas de estas comunidades, pronto entró
en la realidad “de los ladrillos” y se disperó, pero el pueblo se adaptó al
paso de los siglos, como las instituciones en un punto olvidan para qué fueron
creadas. Luego, por el idealismo apasionado de Jane Blaffer-Owen (que
amorosamente albergó al seminario y al padre Bede Griffiths que lo
condujo), fue revivido como un centro espiritual y filantrópico, nueve
años luego de la muerte de John Main.
El padre Bede insistió en hablar de las
enseñanzas de John Main sobre meditación y su relación con la comunidad. Sus
charlas fueron publicadas como como uno de los libros mas accesibles del padre
Bede Griffiths: Nueva Creación en Cristo: Meditación y comunidad. Como
celebración del aniversario, los videos de sus charlas también están disponibles
para bajarlos de la web de la comunidad www.wccm.org
Las charlas estuvieron llenas de su característica
intensidad y gracia en un amplio salón; pero las meditaciones y la Eucaristía
tuvieron lugar en la iglesia sin techo, un jardín emparedado, que pretendía ser
igualmente acogedor para creyentes de toda clase. Y fue en este lugar que el
Monasterio Sin Paredes que ya había nacido y crecido globalmente, comenzó a
llamarse la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. Se congregaron
meditadores de todas partes del mundo, algunos de ellos habiendo comenzado su
camino directamente con el Padre John, mientras que otros habían sido guiados a
la meditación por el espíritu de sus enseñanzas. Todos estábamos preocupados en
cuanto al futuro de la comunidad que, como solía enseñar el padre John, existe
entre personas que meditan juntas. Todos estábamos atrapados en esa sensación
del momento que vivíamos, una conformación espiritual formándose y creciendo y
nosotros formábamos parte de ella. Pero al mismo tiempo sentíamos que si esta
comunidad evolucionaba hasta alcanzar su pontencial, necesitaría, como todas
las cosas nuevas, alguna ayuda, alguna estructura y organización.
Fue un momento de Pentecostés. No éramos
conscientes completamente de lo que estaba ocurriendo hasta que finalizó el
Seminario y nos fuimos. Pudimos observar entonces que habíamos estado de acuerdo
en algo que ahora necesitaba ser atendido. Podemos adivinar cuán colaborativo fue el
proceso de discernimiento, cuando pensamos en el nombre difícil de manejar que
le dimos a nuestro grupo, y las horas que pasamos debatiendo los méritos de
“para” y “de” en el nombre asignado – un impasse finalmente resuelto por el
padre Bede quien pensó que primeramente deberíamos ser una comunidad “para”
la Meditación Cristiana.
Las
comunidades necesitan organización, al igual que las familias, los clubes de
observación de las aves y las agencias internacionales de esparcimiento.
Siempre existe el peligro de que la organización se convierta en lo más
importante y un fin en sí misma antes que una facilitadora de los medios. Pero
sin organización – el “buen orden” que San Benito sostiene que debe ser
mantenido para que la comunidad no sea una comunidad triste -, también existe
el peligro de perder el principio para lo cual fue fundada.
En varias de las etapas del desarrollo de la
Comunidad, se me dijo que estábamos creando demasiada estructura, que éramos
demasiado grandes, con demasiadas actividades. Siempre he prestado atención a
estas críticas, ya que temperamentalmente tiendo a simpatizar con esta
perspectiva, prefiriendo las decisiones espontáneas a las largas interconsultas
y los acuerdos flexibles a los procesos formales. Pero afortunadamente hemos
sido bendecidos con una comunidad que contiene muchos temperamentos y puntos de vista que
tienden a complementarse unos a otros, beneficiando el trabajo y la perpectiva
con la que todos estamos comprometidos. Mi sensación, luego de veinte años, es
que aún somos, en primer lugar, una comunidad y luego somos una organización.
Cuando las personas dicen que estamos demasiado organizados me gustaría mucho
que me dijeran por qué creen que es así.
Los monasterios sin paredes y las Iglesias sin
techo, son como los libros sin páginas o los edificios sin ladrillos. Tal vez
es esto lo que San Pedro quería sigmificar cuando se refería a nuestras vidas como “piedras vivas construídas
en una casa espritual” (1 Pedro 2:4).
Semejantes entidades son difíciles de definir y mantener unidas. Pero permiten
espacio suficiente para la expansión y el crecimiento en todas direcciones. Por
supuesto que el crecimiento en el ámbito humano necesita también de un
propósito formal, o puede llegar a ser caótico.
El
desafío es como poder preservar el espacio de ser “sin paredes” y “sin techo” y
al mismo tiempo proveer de alimento y refugio a los peregrinos. La respuesta
solo puede referirse a un sentido de comunidad que sea inclusiva y construida
por las personas que transitan juntas el camino por el tiempo que quieran
permanecer unidas. El padre John, que manejaba muy bien el saber cuándo
renunciar a una fase de la vida para arrojarse al proceso de cambio en la
próxima fase, decía que él creía que el monasterio ideal debía ser construído
con carpas. Esto les recordaría a los monjes que no tienen una morada fija y
que debían estar preparados para abandonarla en cualquier momento.
Vivir en una carpa de campaña es una cuestión
de percepción. Cuando se nos otorga una gran mansión con tesoros de arte y se
nos permite mudarnos un tiempo antes de lo que el benefactor deseaba y antes
que hubiera quitado todos los muebles y las piezas de arte que quería mantener,
significa que nos acostumbraremos a vivir con estos maravillosos
artefactos y, por supuesto, nos apegaremos a ellos. Luego un
buen día, durante muchos días, un hombre llegará de sorpresa y se llevará las
cosas restantes, dejándonos a nosotros luchando con nuestros sentimientos de
pérdida. El padre John se deleitaba cuando tenían lugar estos reclamos y decía
que no se le ocurría una forma mejor de enseñarnos cómo vivir en el espíritu de
la meditación. El vivía en una carpa de campaña, el resto de nosotros estábamos
prisioneros entre paredes.
Tal vez los aniversarios sean intentos de
colgarnos a las cosas, a los recuerdos que siempre se disipan como las nubes, a
las posiciones alcanzadas, a las esperanzas que deberíamos haberse dejado de
lado. Pueden ser formas arbitrarias de medir las dimensiones ilimitadas del
espíritu. La expresión “maldición de la dimensionalidad” se refiere al fenómeno
que nos dice que cuanto más tratamos de organizar o de analizar algo, más se
incrementa su volumen. Es lo mismo cuando tratamos de definir o hablar de Dios.
Los aniversarios pueden correr el riesgo de ser ésto pero también son una
necesidad humana y una causa de celebración. Un tiempo en el que hacemos una
pausa para ser más conscientes del paso del tiempo, como las capas de las nubes
sobre nuestras cabezas, de las cuales está compuesta toda experiencia humana.
El correcto uso de la memoria debería ser el
de hacernos más presentes, y no el caer en una vaga nostalgia que nos haga
complacientes. Estar más presentes significa que somos más conscientes del
fenómeno simultáneo del nacimiento y de la muerte. No pueden estar separados.
Yo siento fuertemente ésto siempre al final de cada año cuando teológicamente
reflexiono sobre el nacimiento de Cristo, tanto históricamente como en el
interior del corazón, psicológicamente.
Recuerdo la muerte del padre John, que hoy tendría 85 años, más joven que
cuando el padre Bede condujo el seminario. No obstante, su temprana pérdida es
inseparable del nacimiento de la Comunidad que todavía continúa creciendo a
partir del breve pero intenso periodo de su enseñanza pública.
Los aniversarios nos otorgan un breve sentido
de forma, en medio de los patrones cambiantes de nuestras vidas, y nos permiten
percibir lo que se asienta más allá de toda forma. Desde esta perspectiva vemos
que el nacimiento y la muerte están ligados, se unen como las dos puntas de una
cuerda en el círculo eterno. En una capa más elevada, también podemos observar de
qué manera este círculo sólo es trascendido totalment en la resurrección, el último
estado trascendente infinitamente
dinámico.
Como
escribió el padre Bede en su Nueva
Creación en Cristo: La Resurrección
no consiste meramente en las apariciones de Jesús a sus discípulos luego de su
muerte. Muchos piensan que estas apariciones en Galilea y Jerusalém son la
resurrección. No obstante, estas apariciones son simplemente para confirmar la
fe de los discípulos. La verdadera Resurrección es el ir más allá del mundo en
su totalidad. Es el pasaje de Jesús, de este mundo al Padre. No fue un hecho
enmarcado en el espacio y en el tiempo, sino el pasaje más allá del espacio y del
tiempo a lo eterno, a la realidad. Jesús pasó
a la Realidad. Este es nuestro punto inicial. Y es a este mundo al que
somos invitados a entrar en la meditación. No tenemos que esperar la muerte
física, sino que podemos entrar ahora en ese mundo eterno.Tenemos que atravesar
las apariencias exteriores de los sentidos e ir más allá de los conceptos de la
mente, para abrirnos a la realidad del Cristo Interior, el Cristo de la
Resurrección. (Nueva Creación en
Cristo).
La comprensión de Cristo por parte del padre
Bede, al igual que el padre John, no fue tanto desde una mirada restrospectiva
en el tiempo; sino que se centró más en la experiencia transformadora del
Cristo presente. Para cada uno de ellos, la la meditación es el camino simple,
inmediato y universal a esta presencia.
Mientras viajo por el claustro de nuestro “monasterio
sin paredes” tengo el privilegio de poder meditar casi todos los días con
personas de todos los estadios de esta jornada interior común. Ayudar a estas
personas a comprender el camino que están transitando es una forma importante
de ayudarlos a perseverar en él. Y por lo tanto, hablo a menudo sobre los
estadios en cuanto a la repetición del mantra;
y soy consciente de cuánto tiempo durante mi vida, he tratado de encontrar nuevas formas de
explicar la importancia de “repetir la única y pequeña palabra”. Y pienso que ayuda, cuando estamos comenzando
– y tal vez cuando piensen que la meditación es un ejercicio mecánico inútil y
mistificado - decir que la fiel repetición conduce al crecimiento. Repetimos el
mantra más sutilmente; lo escuchamos más
finamente; lo repetimos más gentilmente y lo decimos más fielmente. En el tiempo
propio de Dios, puede conducirnos a parches de cielo claro y de silencio puro.
Luego las nubes descargan su lluvia y queda solo el cielo puro de la mente de
Cristo en donde el sol del Padre brilla para todos por igual. Esto no debería
ser muy conversado o se convertirá en una meta imaginaria o en un objeto de
deseo; y entonces las nubes del ego se agolparán para desatar una tormenta. No
obstante, es importante saber que comenzamos moviéndonos a repetir, luego a sonar para finalmente
escuchar el mantra – todo hacia un lugar de esperanza pura, amorosa fe, y
aceptación incondicional.
El nuevo meditador necesita tener una suerte
de mapa para su viaje. Aún los meditadores experimentados son beneficiados
cuando se les reasegura que todavía están en el camino. Por momentos son
removidas las indicaciones y las direcciones familiares. Y cuando nos perdemos,
siempre culpamos a alguien por no haber
demarcado bien la ruta. Esto puede sucederle a un meditador experimentado luego
de muchos años, cuando por ejemplo, tiene un ataque cardiaco, se ve cercano a la
muerte y se siente perdido, imposibilitado de repetir el mantra y puede sentir
que ya no podrá estar presente. Pero en ese momento ayuda el recordarle que no
es esencialmente nuestro propio viaje sino Su viaje, no es nuestra oración,
sino la de El. Y este puede ser un camino hacia un nivel superior de
desprendimiento a partir de la meditación cuando, como acostumbraba a decir el
padre John, “tú simplemente liberas el mantra y lo dejas libre en tu corazón”.
En otras ocasiones, cuando las personas se
preocupan por el contexto espiritual o religioso de la meditación, es bueno
recordarles que este viaje tiene también diferentes dimensiones de esas
diferentes formas. Muchas personas comienzan hoy a meditar para bajar su nivel
de stress o para incrementar su resiliencia
y bienestar como ya han probado sus
efectos las investigaciones médicas. No obstante, aún desde este nivel básico
de motivación, somos conducidos a lo espiritual cuando nos damos cuenta que es
más que nuestro colesterol lo que se ve afectado. Descubrimos en cambio, que podemos
cambiar desde nuestro interior y que los frutos del espíritu – los más grandes
de todos ellos especialmente - se comienzan a manifestar en todos los aspectos
de nuestra vida, desde nuestra relación con nosotros mismos, a nuestro
trabajo y a nuestro sentido de
responsabilidad social.
Más allá de estas cuestiones, algunos pueden
elevarse a una capa verdaderamente Cristocéntrica de conciencia en donde la
motivación para la meditación ya no es lo que conseguimos de ella – aún las
cosas buenas -, sino la propia unión con
Cristo como una meta que no necesita ni justificación ni medida. Una comunidad
está compuesta por personas de todos los niveles y transita todos los estadios
del camino. Aceptar el propio lugar dentro de una red de unidad es un medio o
una forma de trascender el ego. Es por esto que la comunidad no puede evadir el
conflicto, porque ninguno de nosotros puede evitar la tarea de trascender el
propio ego abriendo capas de vulnerabilidad y heridas pasadas que demandan la
sanación del amor y la profundización de la fe.
Esta tarea es dolorosa por momentos, pero no obstante nos enseña a no
temer el sufrimiento ni las muchas experiencias de muerte que finalmente nos
conducen del aislamiento a la comunión. Nadie es obligado a permanecer en este
proceso de comunidad, pero para aquellos que permanecen, la libertad del
verdadero ser es encontrada más tempranamente.
Las tiendas de campaña de la vida contienen
muchas opciones y algunas veces son corredores aparentemente sin fin. Para
muchos hoy, esta libertad de elección es desconcertante y conduce a una suerte
de vértigo. Pensé en ésto recientemente cuando me perdí en un laberinto de
“duty free” de un aeropuerto y no podia encontrar el camino a la puerta de
embarque. Esto fue diseñado por los constructores de ese espacio, que fue
calculado para hipnotizar e insensibilizar al viajero y haciéndolos consumidores
atraídos por el despliegue de brillantes y deslumbrantes escenarios, santuarios
de las diferentes marcas de los dioses, con sus ofertas especiales e
irresistibles. En la vida real, no obstante, somos peregrinos, no consumidores.
Por lo general nos inclinamos a elegir el camino que promete preservar nuestra
libertad de elección, lo que finalmente nos impide el compromiso radical y la
verdadera pobreza de espíritu. Somos capaces de aferrarnos a cualquier cosa que
impida que nos enamoremos verdaderamente en un amor más profundo que el estadio de apego romántico
en donde el ego aún goza del sentido de su propia pérdida. Y hasta ese momento,
todavía nos sentimos seguros de tener el control de poder perder el control.
Solo
con el tiempo vemos que el camino (de la meditación que finalmente elegimos – si en realidad era un camino
válido - es en realidad un camino para el cual fuimos destinados hace tiempo.
“Ustedes no me eligieron. Yo los elegí a ustedes”, dice el Señor a todos los verdaderos discipulos.
El reconocimiento de haber caído o de haber
sido elegidos para el discipulado nos llega de sorpresa y es algo contra lo que
podemos luchar por momentos. Se encuentra en el corazón de toda experiencia espiritual
auténtica. ¿Que otro camino a la humildad, a la auto trascendencia y a la
verdadera relación puede haber? ¿De qué otra manera, excepto en la verdadera
devoción y auto entrega puede ser trascendida nuestra órbita del eego? Nada en
la vida es verdaderamente real hasta que haya sido verificado con el sentido
básico de ser un discípulo.
La meditación y la comunidad que ésta crea es
la disciplina. Durante los siete años de la intensa radiación de sus enseñanzas,
John Main nunca se desvió de la simplicidad esencial de lo que había
descubierto, sino que condujo a los demás a conocerlo por sí mismos.
Focalizarnos en esta enseñanza central ha ayudado a la comunidad a crecer de
muchas maneras inesperadas y diversas, aunque unificadas. Porque lo
verdaderamente simple también es universal, la simplicidad es el “talle único”
que le queda bien a todos. Manteniéndolo simple y orientando la vida de la
comunidad en esa simplicidad, hemos visto como este acercamiento a la
meditación (no es la única en su tipo en el mercado) ha podido tocar y
beneficar a una amplia cantidad de seres humanos en todas las culturas.
Durante mi reciente viaje a Asia, se me dijo
que aún los niños de tres años respondían bien a la meditación. Pero nosotros
sabemos, a partir del extraordinario trabajo comenzado en Townsville por Cathy
Day y Ernie Christie apoyados por el Obispo Michael Putney, que los niños de la
escuela de todas las edades pueden meditar, les gusta meditar y se benefician
con ello. Sabemos, a partir de nuestra experiencia en Georgetown, que un lugar
disponible para una meditación diaria regular en el campus de una Universidad
beneficia a los estudiantes. Como podemos ver en la página web de Meditación
Cristiana y la práctica del Paso 11, personas en recuperación del alcohol o las
drogas entienden y toman a la meditación intuitivamente. Mucho más está por
hacerse para llevar la meditación a los mundos financieros y de negocios;
aunque un trabajo pionero ya ha sido comenzado por Peter Ng y Sean Hagan de
nuestra comunidad. Y nuevamente seremos testigos a través del Seminario de
Meditatio en enero de 2012 en Singapur “Fundamento común: la dimension contemplativa
de la Fe”, que la meditación abre la profunda dimensión del diálogo
interreligioso y el de la acción para la
justicia social.
La web de nuestra comunidad – actualizada para
este año aniversario por Adriano Massi, nuestro siempre creativo coordinador
italiano - nos muestra de qué manera la tecnología forma parte de la
construcción de una comunidad espiritual global y moderna. Meditatio, una parte
integral del alcance de la comunidad en evolución, ha demostrado de qué manera
podemos traer los frutos espirituales de la meditación al contacto directo de
las vidas de las instituciones seculares.
Cuando sentados, hace veinte años, escuchamos
al padre Bede Griffiths y meditamos en la iglesia sin techo, no creo que
hayamos imaginado todo esto. No hubiera parecido possible que este
florecimiento de una enseñanza tan simple (y no obstante, por esa misma razón
tan desafiante) fuera a concretarse de tantas diferentes formas. Pero mirando
hacia atrás, más allá de este aniversario, a los últimos días del padre John – nueve
años antes -, puedo percibir cómo las semillas de esta comunidad ya habían sido
plantadas. Su propia caída a las profundidades del silencio y la comunión se hizo
más evidentes a medida que se acercaba el 30 de diciembre; ya que me hablaba a
menudo de su experiencia de ser empujado hacia centros de luz más profundos y
aún más fuertes vórtices de amor. Esta es la energía de la comunidad.
Durante este año aniversario me he reunido con
todos nuestros coordinadores nacionales en una serie de seis encuentros
regionales que fueron posibles y muy fructíferos por las habilidades y
dedicación de Pauline Peters, que es el nexo entre las comunidades
nacionales. Cada encuentro fue una
revelación de la energía y creatividad existentes dentro de nuestra comunidad y
por sobre todo del amor ilimitado que fluye desde la meditación. Las comunidades
nacionales se acercaron geográficamente, con la ayuda de los países más
desarrollados en el tema, ayudando a aquellos otros con necesidades de
recursos.
Fue
maravilloso ver en Jacksonville a los representantes de los países más ricos y de
los más pobres del hemisferio norte hablando sobre sus diferentes formas de
pobreza, enriqueciéndose unos a otros. Se discutieron las prioridades para el
Programa Meditatio y muchas comunidades aceptaron el desafío de llevar la
meditación a los niños, al tiempo que se
comprometieron en incrementar la traducción de los recursos disponibles.
Discutimos la importancia de preservar el formato de los grupos de meditación
semanales; siendo estos grupos el bloque de construcción básica de comunicación,
animándonos unos a otros en la práctica. La Escuela, diestramente coordinada
por Kim Nataraja y su equipo, adapta continuamente los patrones de cambio,
escuchando los aportes nuevos y buscando nuevas formas de ayudar a las personas
a comenzar y a continuar el camino.
Al tiempo que finalicé esta carta, tengo en mi
escritorio dos nuevas publicaciones que me esperaban en mi retorno a casa. Una
es el fruto del Curso Raíces que
continúa guiando a muchos a la experiencia personal de la tradición mística cristiana
en la cual meditamos: Journey to the
Heart. Christian contemplation through the centuries (Viaje al Corazón: la contemplación
cristiana a través de los siglos).
Es un libro bellísimo y constituye nuestra nueva contribución a generar
conciencia de la dimension contemplativa cristiana. El otro es la primera Revista Meditatio sobre educación que
será un valioso agregado a nuestros recursos y tiene como objetivo llevar la
meditación a las escuelas. Ambos son signos significativos de la dirección que
transitamos.
Entonces, en formas que celebran el don que
compartimos con los otros sumado a los talentos de nuestra comunidad, siempre
tratamos de mantenerlo simple. La simplicidad, en nuestra práctica diaria y en
todos los modelos de enseñanza de la comunidad, es el corazón de la meditación
y también de la comunidad que crea. Debido a que deseamos crecer en profundidad
al igual que en amplitud, aprendemos y re aprendemos las enseñanzas básicas cada vez con mayor claridad.
La simplicidad es el camino más directo. Nos
conduce a estas capas más elevadas de amor que penetró el padre John y en donde nos espera nuestro verdadero
significado.
Todas las bendiciones para la Navidad y el
Año Nuevo y los próximos veinte años
Laurence Freeman OSB
Traducción de Magdalena Puebla
Traducción de Magdalena Puebla





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