lunes
JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS
Vista desde fuera, la meditación puede parecer un estado estático, uno en el que se hubieran cerrado las puertas de la percepción. Pero por experiencia propia sabemos que la meditacion está muy lejos de ser algo estático. Se comprende mucho mejor como un despertar dinámico a la plenitud de tu propio potencial de desarrollo. La expansión de nuestro espíritu en el amor de Jesús es esa plenitud. La sencillez, la confianza propia de un niño y el asombro son los caminos para alcanzarla.
No buscamos que ocurra nada, ni intuiciones ni sabiduría. No analizamos ningún fenómeno superficial o externo. Todo eso es trivial comparado con el conocimiento del Espíritu que habita en nosotros, un conocimiento que surge cuando apartamos la mente de lo temporal y pasajero y abrimos el corazón a lo que perdura: Dios y el amor de Dios por cada uno de nosotros. Así es como descubrimos nuestro amor por todos nuestros hermanos y hermanas: sabiéndonos amados.
Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 219
sábado
AUTOCONOCIMIENTO
De Atención y Amor 1, Laurence Freeman, Serie de Charlas sobre Meditación 2017 A
He hablado en varias ocasiones sobre los niveles de consciencia que la meditación nos permite experimentar y revelar. En cuanto empezamos a meditar, nos volvemos más conscientes de nosotros mismos, más conscientes de nuestra propia naturaleza, de cómo funciona realmente la mente, el cuerpo y la persona humana. Este es un aspecto del autoconocimiento. Y este autoconocimiento, que puede escasear en una sociedad y cultura tan carentes de atención como la nuestra, es fundamental para la humanidad. Porque sin él, no conocemos a Dios. Y conocer a Dios es la esencia de la vida humana.
San Ireneo dijo: «La gloria de Dios es el ser humano plenamente vivo». Y la vida del ser humano es la visión de Dios. Dios es glorificado en el ser humano. Y eso sucede cuando el ser humano desarrolla todo su potencial, cuando alcanza la plenitud de la vida a través de todas las experiencias que nos presenta, a través de todas las fases y etapas de nuestra existencia. Y esa vida que expandimos y realizamos es la visión de Dios, es el conocimiento de Dios, es nuestra interacción con Dios, es, en última instancia, nuestra unión con Dios. Es como una danza. Al principio parece que hay dos personas bailando, pero cuando la danza avanza, te das cuenta de que solo existe la danza. La danza es el amor de Dios.
Foto: Lujan (Bs As)
Wccm, 10 julio 2026
JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS
Solo existe la oración de Jesús. La suya es la única oración, y esa oración es la corriente de Su conciencia plenamente abierta al Padre. La verdad absolutamente extraordinaria de la proclamación cristiana es que cada uno de nosotros, desde donde quiera que partamos, está invitado a abrir nuestra conciencia plenamente a la conciencia de Jesús y, en esa apertura, a ser sacados de nosotros mismos, más allá de nosotros mismos, hacia esa corriente de amor consciente que fluye entre Jesús y el Padre. Ese es el destino personal de cada uno de nosotros, y en esa experiencia somos hechos completa y eternamente reales. La paradoja es conocerse a uno mismo por primera vez porque uno está perdido en Dios. Eso es lo que nos dice el evangelio: «El que quiera encontrar su vida debe perderla».
La meditación es un camino seguro para perder la propia vida, para perder la propia conciencia de uno mismo como entidad autónoma y separada. Al perderla, uno se encuentra en unidad con Dios y en unidad con toda la creación, porque por fin está en unidad consigo mismo. Tu conciencia ya no está dividida, ya no está confundida. Está simplificada. Es una en Dios.
El Camino del No-Saber
Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 337
domingo
JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS
Aprender a meditar es un proceso, y como todo proceso, lleva tiempo. Debemos aprender gran paciencia y humildad. Después de toda nuestra educación y experiencia, resulta muy difícil aprender simplemente a decir nuestra palabra. Tenemos que ser muy pacientes con nuestra lentitud y con nuestra falta de perseverancia.
Creo que todos nosotros, cuando empezamos a meditar, comenzamos y paramos y volvemos a empezar, y todos necesitamos valentía y aliento. La valentía y la humildad consisten en seguir regresando. Los valientes y los humildes son aquellos que vuelven a empezar. En efecto, cada vez que meditamos, cada vez que nos sentamos a meditar, estamos empezando de nuevo. No es de extrañar, por tanto, que la perseverancia nos haga pensar y sentirnos mejor con nosotros mismos.
Al aprender a decir el mantra aprendemos a soltar todas nuestras ideas, planes, procesos de pensamiento y, en el momento dado, incluso nuestra autoconciencia. Los soltamos porque sabemos que debemos entrar en el silencio total.
El Camino del No-Saber
Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 335
LOS DOS SILENCIOS DE DIOS
Extracto del libro de John Main OSB “El Camino de lo Desconocido” (New York: Crossroad, 1990) Págs. 6-8
Vivimos en un mundo nada silencioso. Vivimos en un entorno ruidoso en el que oímos todo al mismo tiempo y, sin embargo, no escuchamos nada. A pesar de ello, cada uno de nosotros es llamado a un estado de oración, de atención pura, de expansión del espíritu hacia el eterno silencio de Dios.
Hay, además, otro tipo de silencio, un silencio que no surge de la presencia sino de la ausencia, cuando parece que Dios se ha retirado. Es una realidad en la que no sentimos su estar. Es tan solo una sensación de que se ha retirado de nuestro mundo, de nuestra conciencia … También es maravilloso sentir la infinitud de Dios llenándonos de una calma infinita, de un sentido profundo. Este es un regalo, sin embargo, que no podemos poseer.
Con la meditación aprendemos, a medida que recorremos camino, a sentirnos igualmente contentos con cualquiera de estas dos formas de silencio – con el sentido de la presencia infinita de Dios y también con el sentido infinito de su ausencia. Al principio, nos cuesta porque no hemos aprendido aun mucho sobre el desapego. Esperamos siempre la satisfacción en nuestra meditación. Esperamos comprobar que funciona, que ahora conocemos a Dios, y que ya hemos aprendido a vivir en su presencia. Precisamente, la segunda forma de silencio, su ausencia, es necesaria para purificarnos, para que aprendamos a amar a Dios desinteresadamente como él nos ama y se ama a sí mismo. Él nos enseña a ser fuertes en el amor y en la fidelidad y a asegurarnos que amamos a Dios por él mismo y en él mismo y no solo por las manifestaciones de su presencia que tanto nos satisfacen.
Para madurar a cualquier nivel, debemos crecer a través de todas las dificultades que nos generan los cambios y las pérdidas, todos los sentimientos, las emociones y los pensamientos que provocan y, así, acabar aprendiendo a amar a Dios con fortaleza y simplicidad. Parte de la disciplina de decir el mantra es que nos enseña a permanecer en ese amor. Nada nos sacudirá de nuestra convicción de que Dios es, que Dios es Amor, y que su amor habita en nuestros corazones. Si nos comprometemos, el sentido de ausencia fortalecerá nuestra fé en Dios enseñándonos a conocerlo más plenamente.
Habiendo llegado a este grado de profundidad de nuestra fe, nos será indiferente que tengamos un sentido de su presencia cercana o un sentido de su ausencia. Ya sea que se encuentre cerca o lejos, los sentimientos no afectarán la disciplina que traemos a la práctica de la meditación porque nuestra convicción no estará fundamentada en sentimientos sino en hechos – el hecho de que él es Dios todo-misericordioso, todo-amoroso y todo-compasivo.
Los dos silencios, pues, son igualmente poderosos en enseñarnos. El silencio de las revelaciones nos llena de maravilla y el silencio de la ausencia nos enseña fidelidad. La Palabra siempre está presente en ambos.
Traducido por WCCM España
¿COMO APRENDIO A MEDITAR JOHN MAIN?
John Main se introdujo en la Meditación cuando trabajaba para el Servicio de Asuntos Exteriores Inglés en Malasia. Durante su destino allí, conoció a Swami Satyananda, fundador de la “Sociedad de la Vida Pura”, quien llevaba una vida espiritual de servicio a los demás. John Main quedó muy impresionado por la serenidad y la santidad que poseía este monje. Comenzaron a dialogar sobre la oración, especialmente sobre el modo de orar del Swami, con la repetición de un mantra durante todo el tiempo de la meditación.
John Main consultó al Swami si él, como cristiano, podría orar de este modo. El Swami le respondió riéndose que esa forma de oración sólo haría que fuera un mejor cristiano.
En su libro “Meditación Cristiana. Conferencias de Getsemaní”, John Main describe como el Swami resaltaba la importancia de meditar cada mañana y cada tarde durante media hora. Decía: “Si te lo tomas en serio y deseas arraigar el mantra en tu corazón, ése es el mínimo tiempo que necesitarás. Durante la meditación no debe haber en tu mente ni pensamientos, ni palabras, ni imaginaciones. El único sonido será el de tu mantra, tu palabra. Es como una armónica. A medida que hacemos sonar esta armónica dentro de nosotros comenzamos a dejar que resuene en nuestro interior. Esta resonancia nos conduce entonces más allá … hacia nuestra propia unidad… Comenzaremos a experimentar la profunda unidad que todos poseemos en nuestro propio ser. Y entonces, la armónica comenzará a resonar entre tú, el resto de las criaturas y toda la creación y, así, se creará una unidad entre tú y tu Creador”.
Este fue el comienzo del viaje de Meditación de John Main. La Meditación le condujo al silencio que guía a la oración contemplativa, a la oración profunda, a la oración en el silencio. La meditación llegó a ser el pilar principal de su vida de oración y de toda su existencia y, finalmente, decidió hacerse monje.
En aquella época, la meditación no era aceptada como una forma de oración cristiana y tuvo que renunciar a ella cuando inició su noviciado en el monasterio, de acuerdo con el espíritu de obediencia de la Regla de San Benito. Aunque echaba mucho de menos la meditación, vivió su renuncia como un aprendizaje del desapego. “Aprendí a separarme de la práctica, que era sagrada para mí, y sobre la cual deseaba construir toda mi vida. En cambio, aprendí a construir mi vida sobre Dios mismo”
Muchos años después, descubrió, con inmensa alegría, esta forma de oración que el Swami le había enseñado en los escritos de Juan Casiano, un monje cristiano, Padre del Desierto del siglo IV. En estos textos John Main leyó acerca de “la práctica de recitar una única palabra para alcanzar el silencio necesario para la oración”. Sintió que regresaba a casa una vez más y recuperó la práctica del mantra.
John Main fue pionero en compartir esta forma de oración a través de grupos de meditación, libros y retiros, no sólo con los monjes sino también con personas laicas, jóvenes y ancianos. Tras su muerte, en 1982, el Padre Laurence Freeman se hizo cargo de continuar su misión y se convirtió en el guía espiritual de la Comunidad y, en 1991, fundó la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana.
Kim Nataraja
Traducido por WCCM España
EL SILENCIO DEL ALMA (LAURENCE FREEMAN OSB)
Una de las razones por las que el silencio nos resulta tan inquietante es porque tan pronto comenzamos a permanecer en silencio, experimentamos la relatividad de nuestra mente. Con nuestra mente medimos las coordenadas de espacio y tiempo, calculamos probabilidades y juzgamos nuestros aciertos y nuestros fallos. Es un nivel de la conciencia muy importante y útil. Nos resulta tan provechoso y familiar que tendemos a creer que es todo lo que hay en nosotros: toda nuestra mente, nuestro verdadero yo, nuestro significado pleno.
La vida, el amor y la muerte con frecuencia nos enseñan la verdad. Nos topamos con el silencio en muchos giros inesperados en nuestro camino por la vida, de formas impredecibles y con personas insospechadas. Este encuentro a veces puede resultar emocionante y maravillarnos pero otras puede llegar a ser aterrador.
Nuestros pensamientos, miedos, fantasías, esperanzas, enfados y deseos aparecen y desaparecen constantemente. Nos identificamos de manera inconsciente con estos estados fugaces y compulsivos sin pararnos a pensar en lo que realmente estamos pensando. Cuando el silencio nos enseña lo irreales que son estos estados transitorios, nos enfrentamos a la temida pregunta de “qué somos”. En el silencio debemos enfrentarnos a la terrible posibilidad de nuestra propia irrealidad.
El pensamiento budista considera esta experiencia -lo que denomina “anatman” o “no ser”-como el pilar fundamental de la sabiduría en el camino de liberación del sufrimiento y uno de los medios esenciales para alcanzar la iluminación.
Al budista practicante se le anima a buscar esta sensación de fugacidad interior y, en lugar de huir de ella, dejarse llevar, igual que hicieron el Maestro Eckhart y muchos grandes místicos cristianos.
Es perfectamente comprensible que anatman sea la idea budista con la que muchas personas tienen la mayor parte de sus problemas. Qué absurdo, ¡qué terrible y qué sacrilegio decir que no existo! De hecho, mucho del antagonismo cristiano a anatman no tiene fundamento o se basa en una interpretación equivocada.
Anatman no significa que no existamos, sino que no existimos como seres independientes y autónomos, que es la existencia que al ego le gusta imaginar, la fantasía de “ser Dios” con la que la serpiente tentó a Eva. Es la soberbia de la que personas religiosas, a menudo, son víctimas.
Yo no existo por mí mismo … porque Dios es la base de mi ser. A la luz de esta visión, recordamos las palabras de Jesús en el Nuevo Testamento, con una percepción más profunda.
“Si alguno de vosotros quiere seguirme, debe negarse a sí mismo; deberá cargar con su cruz cada día y seguirme. Porque el que pierda su vida por mi causa, la salvará” (Lucas 9: 23-24).
Si a través del silencio podemos abrazar esta verdad de anatman, haremos importantes descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia. Descubriremos que la conciencia, el alma, es más que la increíble capacidad de lógica, cálculo y juicio del cerebro. Somos más de lo que pensamos. La meditación no es lo que pensamos.
Traducido por WCCM España
martes
domingo
¿QUE ES LA ORACION ?
Una definición muy antigua de la oración la describe como “la elevación del corazón y la mente a Dios”. Y ¿qué es la mente, qué es el corazón? La mente es lo que piensa, cuestiona, planea, se preocupa, imagina. El corazón es el que sabe, el que ama. La mente es el órgano del conocimiento y el corazón, el órgano del amor. La conciencia mental debe abrirse y dejar paso a una forma más profunda de conocimiento que es la conciencia del corazón. El Amor es el conocimiento completo.
La mayor parte de nuestra práctica y entrenamiento en la oración se limita a la mente. Cuando éramos pequeños nos enseñaron a rezar nuestras oraciones pidiendo a Dios lo que necesitábamos para nosotros o para los demás. Pero esto es solo una parte del misterio de la oración.
La otra dimensión es la oración del corazón, donde no pensamos en Dios, ni hablamos con Él, ni le pedimos nada. Simplemente somos con Dios, que habita en nosotros, en el Espíritu Santo que Jesús nos entregó.
El Espíritu Santo es el Amor, la relación de amor que fluye entre el Padre y el Hijo. Y éste, es el Espíritu de Jesús que ha sido “insuflado” en cada corazón humano. La meditación, es entonces, la oración del corazón que nos une con la conciencia humana de Jesús, en el Espíritu. “No sabemos cómo rezar, pero el Espíritu mismo ora dentro de nosotros” (Romanos 8,26).
El Espíritu Santo en la Iglesia moderna, particularmente a partir del Concilio Vaticano de principios de los años 60, nos ha ido enseñando a recuperar esta otra dimensión de la oración. Los escritos del Concilio sobre la Iglesia y la Liturgia enfatizan la necesidad de desarrollar “una dimensión contemplativa” en la vida espiritual del cristiano actual. Todos estamos llamados a la plenitud de la experiencia de Cristo, cualquiera que sea nuestro modo de vida
Debemos, por tanto, ir más allá del nivel mental de oración: el de hablar con Dios, pensar en Dios, o pedir a Dios lo que necesitamos. Debemos profundizar a donde el espíritu de Jesús mismo está orando en nuestros corazones, en el profundo silencio de su unión con el Padre, en el Espíritu Santo.
La oración contemplativa no es un privilegio de los monjes o de personas especialmente místicas. Es una dimensión de la oración a la que todos estamos llamados. No se trata de experiencias extraordinarias o estados alterados de conciencia. Es lo que Santo Tomás de Aquino llamó “el simple gozo de la verdad”. William Blake hablaba de la necesidad de “limpiar las puertas de la percepción” para llegar a ver todo como realmente es: infinito.
Así es como podemos vivir la conciencia contemplativa en nuestra vida ordinaria. La meditación nos conduce a ello y esto forma parte del misterio total de la oración en la vida de toda persona que busque la plenitud del ser.
Extracto de Laurence Freeman OSB
“Meditación Cristiana-Práctica Diaria”.
Traducido por WCCM España
viernes
sábado
DIOS ES COMUNIDAD
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que con tu Hijo unigenito y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no una sola Persona, sino tres Personas distintas de una misma naturaleza.
Cuanto creemos de tu gloria, Padre, porque tu lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia alguna.
DIOS TRINO...DIOS COMUNIDAD.
viernes
JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS
Hemos de entender claramente que la meditación, esta búsqueda de sabiduría y amor, debe tener lugar en un entorno completamente ordinario y natural. Debemos aprender a ver toda la vida impregnada por lo divino, en armonía con lo divino. También debemos comprender que es nuestro destino entrar en esta armonía divina, estar en armonía con Dios. No se trata de intentar encajar un poco de espiritualidad en nuestras vidas. La búsqueda espiritual, la invitación espiritual permanente, consiste en llevar nuestras vidas, nosotros mismos, a un enfoque permanente con la verdad última, la bondad última. No de manera egocéntrica o explotadora, sino de una forma muy simple, como un niño. Es mediante la quietud, prestando atención y siendo conscientes de aquel que nos ama.
Para estar preparados para las grandes tareas de la vida, debemos aprender a ser fieles en las tareas humildes. La meditación es una peregrinación muy simple y humilde que nos prepara para este enfoque de nuestras vidas en el centro divino. Nuestras vidas se nutren de la savia espiritual, la energía que surge de la raíz de todo ser. La invitación que cada uno de nosotros ha recibido es descubrir quiénes somos, descubrir el destino que tenemos, ir más allá de las limitaciones de nuestro yo separado y unirnos con el Uno que es todo en todo. Al ir más allá de nosotros mismos, nos encontramos a nosotros mismos. Y encontramos nuestra capacidad ilimitada para el desarrollo, la libertad y el amor.
Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 39
lunes
SILENCIO Y QUIETUD
Queridos amigos:
Poco después del fallecimiento de John Main, Paul Harris , periodista de Ottawa, visitó la comunidad de Montreal. Había leído un artículo sobre la obra de John Main que daría un nuevo sentido a su vida. Durante las siguientes cuatro décadas, fundó y apoyó grupos semanales en todo el mundo con una fe profunda y contagiosa en su valor espiritual y social. Escribió libros y artículos, y compuso un libro de lecturas diarias de John Main que sigue siendo una guía para la práctica de meditación de muchos meditadores. La práctica diaria de Paul era fundamental en su vida. Era un contemplativo práctico, siempre al servicio de los demás a través de la misión de la comunidad. Fue un buen amigo y consejero, y un compañero de viaje muy agradable en varios continentes. Paul compartía el año de nacimiento con John Main. Casi llegó a los 100 años, pero falleció plácidamente mientras dormía el 19 de mayo, rodeado de sus amados hijos. Estoy seguro de que el padre John les celebrará un centenario en la eternidad.
Siempre recuerdo una conversación personal que tuvimos una vez. Fue algo así: «Sabes, Laurence, llevo muchos años meditando y, bueno, tengo que decir que nunca ha pasado nada... (y antes de que pudiera responder:) Lo sé, lo sé... se supone que no debería pasar nada. Pero bueno, nunca ha pasado nada». «Sabes, Paul, eso solo hace que te admire aún más. Has compartido la meditación con tanta gente y tú mismo no has obtenido ningún beneficio». «¡Oh, no! No he dicho eso. Ha sido un regalo total y ha cambiado mi vida por completo». Mientras hablábamos, me di cuenta de que esta personalidad tan enérgica y bastante perfeccionista estaba siendo guiada hacia una profunda unión y transformación.
Que alguien con los dones y la generosidad de Paul pudiera servir a la comunidad tan bien y durante tanto tiempo me llena de inmensa gratitud y esperanza. Me inspiró con su determinación y modestia, y a menudo me animaba. Les pido que se unan a mí para dar gracias a Dios por su vida y por el gran testimonio que fue para tantos.
EL EGO
Escrito por Laurence Freeman OSB en “El Ego en nuestro viaje espiritual” (London: Medio Media, 2019), págs. 3, 5-6.
La primera señal del ego es el deseo de ser grande; el deseo, por ejemplo, de ser el número uno, el deseo de dominar. Entonces hay un deseo de posesión; el ego quiere poseer en lugar de dar o en vez de dejar ser. El ego desea retener, aferrarse, resistir, no soltar ni dejar ir. El ego desea avanzar, obtener más, saber más, poseer más. El ego desea aferrarse a todas las cosas aun a expensas de otros, anteponiendo su interés al de los demás. Por ello, nuestro trabajo consiste en separarnos del ego, dejar de identificar nuestro verdadero ser con el ego rompiendo esa identificación simplemente despertando al hecho de que tenemos un ego pero él no es nuestra verdadera y más profunda identidad.
Este es el papel del ascetismo, del entendimiento del ascetismo, y de que la ascesis esencial de la vida cristiana es la oración.





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