
1. Mi experiencia de meditación es un ensamble de instantes de apertura y entrega en los que me invade una enorme quietud. Las interrupciones aparecen - pensamientos, imágenes y sensaciones - pero he aprendido a permitirlas, verlas y dejarlas pasar; en los primeros tiempos, sentía una gran frustración ante cada distracción, ahora sé que esos momentos son inevitables, que es mejor aceptarlos y volver a centrarme en el silencio.
Cuando recién comencé me imponía horarios y me obligaba a cumplirlos, paulatinamente, y casi sin proponérmelo, abandoné toda imposición, los momentos de meditación programada se van combinando con estados espontáneos y breves a través de mi actividad cotidiana. De la misma forma – paulatina y espontánea - fui abandonando el mantra de mis inicios para concentrarme solamente en la respiración.
Me resulta difícil exponer esta experiencia porque no se presenta siempre de la misma forma, nuestros sentidos internos están capacitados para percibir la renovación permanente de la vida y la meditación nos entrena en el desarrollo de esas potencias.
Agradezco a los amigos de Meditación Cristiana la oportunidad que me dan de encuentro y expresión. Un fuerte abrazo para todos. DELIA
2. ¿Qué significa la Meditación Cristiana para mí?
Recordar algo olvidado hace tiempo y poder conectarme con Dios.
Hay 3 tipos de funciones mentales, las básicas, las intermedias y las elevadas. Las básicas, son muy importantes, como hacer latir el corazón y respirar; son automáticas y nos permiten vivir. Las intermedias, como caminar, trabajar, hablar, vivimos constantemente utilizándolas y son muy prácticas. En Occidente llevamos una vida utilizándolas y estamos tan acostumbrados a ellas que las usamos hasta cuando no debemos, de ahí vienen los pensamientos circulares. Y las funciones elevadas como la intuición, la creatividad elevada y la comunicación con Dios, son cosas que con la excepción de unos pocos Santos o Iluminados, olvidamos cómo realizar conscientemente; por eso meditamos.
Porque al guardar silencio y poner la mente en quietud, al eliminar los pensamientos circulares y recuperar nuestro ritmo natural; nuestra mente sola, libre de distracciones, instintivamente se conecta con sus funciones elevadas. Y lo hace automáticamente como si fuera algo que conocíamos, pero que en algún momento olvidamos. ALFREDO
3. Recibí un mensaje electrónico sobre una conferencia en Buenos Aires del Padre Laurence Freeman, en julio de 2008… No conocía al Padre Laurence Freeman, ni a la persona que me enviaba el mensaje. Pero sentí que ese mensaje era, al mismo tiempo, una respuesta y una puerta.
Respuesta a la larga búsqueda de una forma de oración silenciosa y contemplativa en la cual, desde hacía mucho, me sentía desamparada. Los que alguna vez me habían guiado ya no estaban para sostenerme, alentarme, esclarecerme. Y no me sentía con derecho a continuar sola por un camino cuyos peligros conocía.
Puerta hacia una nueva etapa, en que Jesús sería el único Maestro interior, y que, como dicen los Salmos, no sólo libraría mis pies de la emboscada, sino que me conduciría por las sendas de justicia, hasta su inefable Presencia.
Así fui a escuchar al Padre Freemann, así empecé a conocer su enseñanza y la del P. John Main, con el asombro renovado de comprobar que los grandes espirituales hablan siempre el mismo lenguaje. Pero esta vez se me liberaba de mis temores y mis escrúpulos, y se ponía en evidencia que, al fin de cuentas, los “peligros” de la meditación son menos graves que los peligros de no meditar. Y así también llegué una tarde al departamento de Marina, donde con igual asombro comprobé la hospitalidad exquisita de quien abre su casa – su corazón íntimo – a sus hermanos, creando un epicentro de contemplación, silencioso e ignorado, en medio del ruido de Buenos Aires. Nada más alejado de la pesadez institucional, de la burocracia religiosa que establece normas y requisitos, del orgullo inconciente de convertirse en maestro.
La comunidad meditativa, distinta y complementaria de la comunidad litúrgica ortodoxa a la que estoy integrada, me sostiene por su amistad y por sus textos, publicados o enviados por mail; me sostiene sobre todo por su sola existencia, en la ruda disciplina de sondear cada día en mis profundidades y tratar de sustentar la total simplicidad del acto de ser, ni más ni menos, ante el Señor. Ese tiempo dado al silencio, aun si se me llena de distracciones y de murmullos, mantiene a lo largo de todas mis horas el río subterráneo de la Vida.
Gracias al padre Freeman, a Marina por su discreta solicitud, a Lucía Gayón que me envía su preciosa antología de textos, y al pequeño grupo que, todos los martes a la tarde, me permite compartir esta experiencia de convivencia con el Señor de quien proviene todo don perfecto. CLARA
4. El grupo viene funcionando desde septiembre de 2008 en forma ininterrumpida.
A veces nos hemos reunido sólo dos integrantes, y otras, el máximo de 6, pasando por los números intermedios pero dándole siempre continuidad. Todos, muy firmes con la oración contemplativa, que salvo dos de nosotros, la conocieron a través de la reunión semanal y tratando de incorporarla a su vida diaria.
El desafío de liderar la convocatoria lo sentí después de conocer al Padre Freeman en el retiro que hizo en el Colegio San Miguel, en julio de 2008. Ya venía motivado por haber compartido experiencias de meditación con un grupo de origen oriental y otro cristiano de oración contemplativa, ambos aquí en Mar del Plata. Lo cierto es que a la búsqueda con que andaba, el Señor le respondió con la gracia de descubrir la Comunidad a través de una búsqueda por Google, regalándome con creces el reclamo que yo hacía acerca de cómo era posible que en nuestra Iglesia no existan grupos de meditación.
Sobre la experiencia de las reuniones que hemos realizado en estos 4 primeros meses les comento: al inicio y después de hacer una preparación del cuerpo físico, leemos la página del día del libro de John Main Silencio y quietud para cada día del año. A continuación, silencio de 30 minutos con repetición del mantra y la "compartida", y finalmente leemos por lo general un pasaje del evangelio. Queda siempre la posibilidad de leer textos consagrados de otras tradiciones religiosas y así se ha hecho en alguna oportunidad.
La coordinación de la reunión es rotativa, variándola semana a semana, y dándole al coordinador, la función también de recordar a todo el grupo, mediante un correo electrónico, la cita y cualquier otra información de interés.
En la mayoría de los casos, las ausencias que se producen son con aviso, y están en conocimiento de todos porque el email se envía a todo el grupo.
Mantenemos el carisma de lo interreligioso y para el próximo martes va a asistir un espiritualista que es amigo de uno del grupo, que quiere comentarnos muy brevemente un método para lograr concentración en la meditación.
El encuentro semanal lo hacemos en casa todos los martes a las 20 hs.. Si bien hasta ahora no encontramos espacio en dependencias parroquiales o instituciones educativas, tenemos confianza que en algún momento se producirá y que ello, redundará en una práctica más pública, abierta y conocible de este grupo. Pero no queremos apurar nada; el Señor nos indicará los tiempos.
Desde la primer reunión cada uno expresó el gozo de haber encontrado “la perla”, de la que nos hable el Padre Freeman.
El libro de Bede Griffiths que leí y me encantó, circula en el grupo y a todos les causa la misma sensación de encontrarse ante una lectura inspiradora, rica y de visión amplia.
De los 6 integrantes, 4 somos católicos declarados y los otros dos, personas con sensibilidad espiritual. 5 de los 6, somos docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional local.
Gracias. NORBERTO
5. A partir de escuchar personalmente al P. Laurence Freeman en la presentación de su libro traducido al español Jesús, el Maestro interior, publicado a principios de 2005 por Editorial Bonum de Argentina, me interesé en esta forma de oración contemplativa y comencé a practicarla personalmente, dos veces por día.
En noviembre de 2006, el P. Freeman predicó un breve retiro en Argentina, del que participé, y desde entonces fue creciendo el interés de muchas personas por esta forma de oración contemplativa y se iniciaron en este país los grupos de meditación cristiana.
Me suscribí a las páginas de Internet en español de Meditación Cristiana, y luego al curso de líderes, y leí todo lo que pude encontrar de John Main y algunos textos del P. Freeman, además de volver a La nube del no saber y a otros autores que exploran la oración contemplativa, e iniciarme en textos del Maestro Eckhart, monje dominico del siglo XIII.
Ofrecí mi casa para los encuentros semanales de quienes quisieran compartir esta experiencia; actualmente formamos un pequeño grupo que nos reunimos ininterrumpidamente desde principios del 2007.
También participé de otros dos retiros predicados por el P. Freeman, así como de dos charlas con experiencias de meditación. Cada vez que participé de esos encuentros fue una renovada, sencilla y profunda experiencia de oración y de encuentro con el Señor.
En la meditación propuesta por la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana presidida por el P. Freeman, encontré una gran simplificación de mi oración, la apertura a la presencia continua del Señor y a la atención al momento presente.
Me abrió un riquísimo panorama espiritual que ensanchó mi corazón y me ayuda a profundizar el ecumenismo y el diálogo interreligioso, a la vez que me enseña a valorar los tesoros de la tradición orante cristiana y a percibir de una manera nueva la riqueza de las Escrituras y de la liturgia. “Saboreo” en forma nueva los textos, los repaso, les doy vueltas en mi memoria, resuenan en mi corazón. A partir de la práctica me fui volviendo una persona más paciente y abierta a los demás.
El grupo semanal se fue consolidando, se fortalecieron los vínculos entre los que lo integramos, es una experiencia compartida que nos resultó muy bienhechora por el acompañamiento espiritual y humano que significa meditar juntos.
También es una rica experiencia el encuentro mensual de coordinadores, que realizamos rotativamente en distintos lugares en que nos reunimos para meditar. En esas jornadas compartimos meditación, lecturas y reflexiones espirituales formativas, almuerzos y meriendas que nos alimentan… principalmente en lo espiritual.
Considero que el P. John Main abrió un camino excelente de espiritualidad y de oración contemplativa, con la generosidad de convocar a todos los laicos que lo deseen, camino que continúa y amplía en la actualidad el P. Freeman como director espiritual de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. ¡Gracias por este maravilloso regalo! MARINA
6. Yo me acerqué a la Meditación a partir de la venida del padre Laurence Freeman a la Argentina en Julio del 2008. Me informé por un afiche en una librería y como ya había llegado a mis manos unos de los libros sobre Meditación Cristiana, el cual veníamos leyendo con mi esposa y un grupo de amigos, nos resultó de interés común acercarnos a esa conferencia del padre en la Facultad de Psicología de la Universidad del Salvador. Yo ya había practicado años anteriores otros tipos de meditaciones con otros grupos y hasta había dirijido algunas. Pero me gustó mucho el tipo de meditación y la forma en que el padre Freeman nos la transmitió, como una experiencia personal y vivencial de tradición Universal. Esa es la búsqueda en la que me encuentro desde hace años. Buscando a Dios en la Unidad y con plena conciencia de la diversidad que nos rodea. De razas, géneros, creencias, ideas. Las que debemos aprender a respetar, a convivir y a amar. La Meditación Cristiana me lleva a conocer la simpleza y la profundidad del ser interior que habita en mí, o sea del Cristo en mí. Esta experiencia única y verdadera produce en mí un verdadero éxtasis espiritual que me invita a seguir en recogimiento por más tiempo. Tengo que decir que esto no lo consigo enseguida, sino luego de haber pasado muchos minutos de incomodidad con mi propio cuerpo y después que los pensamientos perturbadores cedieron paso a la calma y al silencio, viene una paz infinita que alimenta mi alma y mi corazón. ALBERTO
7. Para mí, la Meditación Cristiana es un remanso que me permite aquietar mi cuerpo y mi espíritu, porque es el tiempo y el espacio en que me abandono en Dios y en donde lo llamo a mi encuentro con una sola palabra, MARANATHA (VEN, SEÑOR). Es allí en lo profundo de mi ser, en silencio, donde dejo que Él ore en mí, y ordene mi espíritu según la voluntad de Dios. Y me equilibra, me armoniza, llenándome de su PAZ y de su AMOR, pudiendo luego brindarlos a los demás. Meditar es muy simple, no tiene complicaciones, no hay que pensar en nada, hay que dejar en silencio las preocupaciones, las angustias, los problemas, las inquietudes, los deseos, libres, no hay que forzar nada, hay que dejar que el Señor actúe, nos ordene, Él se encarga. No hay que juzgar ni poner expectativas, es un proceso lento pero efectivo, casi imperceptible, pero que da sus frutos. La perseverancia en la Fe, la Esperanza, nos conducen a su Amor. Pruébenlo; vale la pena. MARITA
8. Me enteré de la existencia de la Meditación Cristiana por una nota del diario La Nación, de Diciembre del 2006, sobre la visita al país del Padre Laurence Freeman, monje benedictino, director de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana, sobre la presentación de su libro "Meditación Cristiana y Silencio" de Editorial Bonum. Freeman define la meditación como la integración de la persona con su Creador en el sagrado silencio de una palabra "Maranatha" que en idioma arameo significa "Ven Señor Jesús". El Padre John Main, hoy ya fallecido, también monje benedictino, que vivió cerca de 20 años en la India, fue quien introdujo esta práctica en occidente y fue, a su vez, el maestro de Freeman, quien es ahora su continuador. Luego, en febrero del 2007, concurrí a una charla organizada en la Parroquia San Roque por la Sra. Magdalena Puebla, traductora de los libros de Freeman y coordinadora de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana en nuestro país. Desde esa época hasta el presente integro un grupo coordinado por Marina, nos reunimos una vez por semana en su casa, que ella tan hospitalariamente nos abre y ofrece. Además de practicar la meditación conversamos sobre temas inherentes a la búsqueda espiritual que cada uno tiene, se hacen algunas lecturas y comentamos las experiencias que nos produce la meditación, las dudas y dificultades que nos aparecen. También comentamos sobre los beneficios que esta práctica trae a nuestra vida, cómo nos equilibra y serena la mente, cómo nos hace cada día mejores como seres humanos. A mí en lo personal, la meditación cristiana me ha ayudado mucho y lo sigue haciendo cuanto más la practico y el haberla descubierto fue realmente una experiencia sumamente enriquecedora, al igual que al conocer a otras personas que están en la misma o similar búsqueda y con similares inquietudes, hace que uno se sienta menos solo, menos desamparado o incomprendido en un mundo donde, a veces, pareciera que lo único que tiene valor es lo material, por eso, generalmente, espero con ansiedad el día de la reunión, para encontrarme y compartir con todos ellos sabiendo de antemano que hablamos el mismo idioma. ARTURO
9. Leyendo el diario "La Nación" en el mes de diciembre de 2006, encuentro una nota del padre Lawrence Freeman visitando nuestro país para la presentaciòn de su libro "Meditación Cristiana y Silencio", en realidad me llamó la atención porque son temas de mi interés personal, transcribí el mail y me respondió la señora Magdalena Puebla, manifestándome que en el mes de febrero de 2007 en la Parroquia San Roque se realizaría una reunión para formar grupos de meditación cristiana, allí cada uno expuso su experiencia del retiro realizado por el padre Freeman en la Casa Santa María Centro de espiritualidad en Luján, en noviembre 2006. Escuché muchos de esos testimonios y profundamente registré el de la Sra. Marina, es así que me contacté con ella para compartir el grupo que iba a coordinar. Desde ya le estoy muy agradecida porque en cada práctica semanal me he encontrado a través del silencio con "mi paz interior" que es lo que estaba buscando. Realmente es maravilloso ese silencio y como el eje siempre es el Señor, siento en cada experiencia un equilibrio, disciplina, mucha quietud y paz, lo que me ayuda en cada momento, y en situaciones a veces muy difíciles, en la meditación reposo y descanso permanentemente. CRISTINA
10. Queridos hermanos, para mí meditar es como el agua que bebo diariamente. Pasé por momentos de euforia, desconcierto, ahora solo está la práctica. Puedo decir que veo los sucesos diarios de otro modo, leo el evangelio con otra profundidad, percibo la presencia de Jesús en mi vida y su invitación a confiar en El. En el grupo de meditación a veces somos dos, a veces cuatro, pero observo la honda alegría de compartir esta forma de unirnos a Dios. ¡¡Un abrazo a todos!! MATILDE
11. Les cuento cómo inicié el camino del Maranatha en el Colegio, primero he pegado en los 18 cursos del polimodal carteles donde invitaba a rezar por 5 minutos el Maranatha. Luego en Pentecostés con esos 18 grupos tuvimos una celebración donde frente al Santísimo en el patio del Colegio hicimos la experiencia de la meditación... silencio... quietud... oración.
Ahora en el curso que tengo clases de Catequesis hacemos el momento del Maranatha después de la clase, con una pequeña lectura del Evangelio o de algún texto del Padre Freeman. Los chicos lo esperan y es uno de los talleres que vamos a preparar para la Misión de este año, Taller de Meditación. HNA. MÓNICA