De Laurence Freeman OSB en SENSING GOD: Learning to Meditate During Lent (Sintiendo a Dios: Aprendiendo a meditar durante la Cuaresma) (Cincinnati: Franciscan Media, 2016), pág. 72.
La verdad no es solo lo que dices. Puedes esperar a que tu abogado te dé las palabras empalagosas que te librarán del apuro. Pero la verdad se vive, no se dice. Es lo que vives y cómo vives. La verdad no se puede ocultar. Cuando se asiente el polvo de la explosión que intentó destruirla, lo que intentaste ocultar es más visible que nunca.
Si tienes algo que ocultar y temes la verdad, esta es la terrible e ineludible verdad de la verdad. Saldrá a la luz, así como la realidad emergerá de las cenizas de la ilusión que intentó evadirla. Esto no solo aplica a los hechos. Es también la verdad de una verdad reprimida en nuestras mentes y recuerdos. Un sentimiento demasiado doloroso para afrontarlo, un error demasiado doloroso para admitirlo, una revelación demasiado transformadora para acogerla.
A menos que nos abramos y dejemos que la verdad se expanda en la luz, seremos perseguidos y estaremos a la fuga. La meditación es vivir en la verdad. En la luz, a la luz.