domingo

GRUPOS DE MEDITACION EN LINEA


 MEDITANDO CON LOS OBLATOS BENEDICTINOS DE LA WCCM 

Solicitar enlace :

WhatsApp +54 11 3131 4731

Correo: quintasanbenito1@gmail.com 

Son todos bienvenidos.

BESAR LA ALEGRIA SEGUN PASA


 Extracto del libro de John Main “El corazón de la creación” (Norwich: Canterbury Press, 2007), págs. 74-75.


La meditación esta muy unida al desapego. Dado que en el vocabulario de nuestras religiones occidentales no existe un concepto tan malinterpretado como el del “desapego”, la meditación con frecuencia genera problemas o complicaciones innecesarias. Nos imaginamos que desapego implica una clase de fría indiferencia platónica.

Sin embargo, creo que el desapego es la lección fundamental que la meditación debe enseñarnos hoy a nosotros, hombres y mujeres occidentales que sufrimos las consecuencias de una cultura religiosa que con frecuencia ha puesto el acento en el lugar erróneo.

El desapego no implica una disociación de ti mismo, ni implica eludir tus problemas o tus responsabilidades. No es la negación de la amistad o del cariño, ni tampoco de la pasión. El desapego, en esencia, consiste en desprenderse de la preocupación por uno mismo, de ese estado mental, con frecuencia inconsciente, que te sitúa en el centro de toda la creación.

El desapego se preocupa también por el compromiso en la amistad, en conseguir la confraternidad, en un amor auto-trascendente y expansivo. El desapego hace posible el amor, porque el amor sólo es posible si estamos desapegados de la preocupación por nosotros mismos, si hemos salido del autoaislamiento, si nos hemos liberado de la autocomplacencia.

El “desentenderse” que implica el desapego se refiere a dejar de utilizar a los demás para los propios fines. Pero, por encima de todo, y esta es la lección fundamental que hemos de aprender en la meditación, el desapego es la liberación de la angustia que sentimos por la propia supervivencia en cuanto un “yo”, como identidad.

La vida nos enseña que amar consiste, en esencia, en perderse uno mismo en la realidad mayor del otro, de los otros y de Dios. Desprenderse del egocentrismo nos libera para el amor, de modo que no estamos ya dominados por la búsqueda animal por la supervivencia. El desapego requiere que tengamos plena confianza en el ser humano: confianza en el otro, tanto en las personas como en Dios. Precisa de la voluntad de dejarse llevar, de renunciar al control y de ser.


Carla Cooper

LA IMPORTANCIA DEL GRUPO DE MEDITACION SEMANAL

 


Los miles de pequeños grupos que se reúnen en casas, parroquias, escuelas, prisiones u hospitales, en al menos 100 países de todo el mundo, constituyen los cimientos de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. Reunirse en grupo es una parte importante del camino de la meditación. En primer lugar, el grupo es un lugar de aprendizaje donde se enseñan los principios fundamentales de la Meditación Cristiana transmitidos por John Main y Laurence Freeman y donde se refuerza su auténtica naturaleza cristiana. Además, el grupo constituye un espacio acogedor y propicio para recibir a los recién llegados.

En segundo lugar, es importante estar con personas afines cuando uno se embarca en un viaje espiritual. Si se está solo, no resulta una travesía fácil; el respaldo y el aliento de otros que recorren la misma senda resulta muy valioso. John Main insistió en la importancia de las reuniones semanales de Meditación. Además, él creía en que “la meditación crea comunidad”. Los seres humanos somos criaturas constitutivamente sociales y experimentamos, de modo muy sutil, la influencia de aquellos con quienes nos reunimos. Pero también se refería al efecto de la oración: “Porque donde se reúnen dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”, dice Jesús en el evangelio de Mateo. Su presencia establece un lazo creciente entre las personas que rezan juntas. A partir de ese lazo, surge un sentido de comunión, un deseo de animar y alentar a los demás.

Este sentimiento de comunidad surge especialmente con la oración del silencio. El silencio constituye la esencia de cada encuentro de un grupo de Meditación. Repetir fielmente nuestra palabra sagrada nos conduce a un silencio profundo en el centro de nuestro ser, donde habita Cristo. En ese silencio descubrimos nuestro propio y auténtico “yo” y al hacerlo tomamos conciencia de que no somos seres aislados e individuales sino que estamos interconectados con todos, con la Creación y con la Divinidad. Por tanto, se trata de un silencio que no es solitario, sino compartido; es el silencio que verdaderamente nos une. Es más, el recuerdo de este silencio compartido nos sostiene y nos mantiene fieles a nuestra práctica individual, dos veces al día, en nuestras casas, o nos ayuda a comenzar de nuevo cuando hemos flaqueado.

La persona que ha sentido la llamada de guiar un grupo tiene un importante papel de apoyo. Él o ella puede contribuir a crear el ambiente apropiado para que el silencio eche raíces; además, su constancia al estar presente cada semana sirve de ejemplo para los demás.

En muchos sentidos, la meditación cristiana nos conecta con la vida de los primeros cristianos en los primeros siglos de nuestra era. No se trata sólo de que John Main redescubriera en los escritos de esos tiempos la oración del silencio que utiliza una única palabra de oración. También el ambiente en el que los primeros cristianos se reunían para orar era semejante: se reunían igualmente en pequeños grupos, en las casas o en lugares de reunión.

En nuestra página web, en el epígrafe “Grupos de Meditación Cristiana”, puedes encontrar material de apoyo en relación con la constitución y acompañamiento de grupos. Este material ha sido extraído del libro Una perla de gran valor, de Laurence Freeman, que también puedes descargarte en pdf.


Kim Nataraja

martes

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS


 Empecé a meditar así hace unos treinta años. Supongo que era tan torpe como cualquiera de mi edad, porque no dejaba de preguntarle al hombre que me enseñaba: «¿Cuánto va a durar esto? No puedo quedarme aquí sentado repitiendo esta palabra eternamente». Él me miraba con cierta expresión de dolor y, o bien me atravesaba con la mirada sin decir nada, o bien respondía: «Di tu mantra». Treinta años después sigo asombrado ante la sabiduría de esa enseñanza. Como digo, al principio hay que aceptarlo con fe. Nada de lo que yo pueda decir —ni, supongo, nadie— tendrá para ti mucho peso comparado con la fuerza persuasiva de tu propia experiencia. Entrarás en un silencio cada vez más hondo. Entrarás en una simplicidad cada vez más clara.


El autor de La nube del no saber, que enseña esta práctica desde la Inglaterra del siglo XIV, decía que muy a menudo recibía objeciones a su enseñanza por parte de personas cultas y de teólogos, pero que rara vez venían de la gente sencilla. La objeción más frecuente es que se trata de una practica compleja y esotérica. Pero no lo es. Es una practica de absoluta sencillez. No exige más que fe.


Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 220

lunes

ACTIVIDADES LATAM - AGOSTO

 


JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS


 Vista desde fuera, la meditación puede parecer un estado estático, uno en el que se hubieran cerrado las puertas de la percepción. Pero por experiencia propia sabemos que la meditacion está muy lejos de ser algo estático. Se comprende mucho mejor como un despertar dinámico a la plenitud de tu propio potencial de desarrollo. La expansión de nuestro espíritu en el amor de Jesús es esa plenitud. La sencillez, la confianza propia de un niño y el asombro son los caminos para alcanzarla.


No buscamos que ocurra nada, ni intuiciones ni sabiduría. No analizamos ningún fenómeno superficial o externo. Todo eso es trivial comparado con el conocimiento del Espíritu que habita en nosotros, un conocimiento que surge cuando apartamos la mente de lo temporal y pasajero y abrimos el corazón a lo que perdura: Dios y el amor de Dios por cada uno de nosotros. Así es como descubrimos nuestro amor por todos nuestros hermanos y hermanas: sabiéndonos amados.


Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 219

sábado

AUTOCONOCIMIENTO

 De Atención y Amor 1, Laurence Freeman, Serie de Charlas sobre Meditación 2017 A



He hablado en varias ocasiones sobre los niveles de consciencia que la meditación nos permite experimentar y revelar. En cuanto empezamos a meditar, nos volvemos más conscientes de nosotros mismos, más conscientes de nuestra propia naturaleza, de cómo funciona realmente la mente, el cuerpo y la persona humana. Este es un aspecto del autoconocimiento. Y este autoconocimiento, que puede escasear en una sociedad y cultura tan carentes de atención como la nuestra, es fundamental para la humanidad. Porque sin él, no conocemos a Dios. Y conocer a Dios es la esencia de la vida humana.


San Ireneo dijo: «La gloria de Dios es el ser humano plenamente vivo». Y la vida del ser humano es la visión de Dios. Dios es glorificado en el ser humano. Y eso sucede cuando el ser humano desarrolla todo su potencial, cuando alcanza la plenitud de la vida a través de todas las experiencias que nos presenta, a través de todas las fases y etapas de nuestra existencia. Y esa vida que expandimos y realizamos es la visión de Dios, es el conocimiento de Dios, es nuestra interacción con Dios, es, en última instancia, nuestra unión con Dios. Es como una danza. Al principio parece que hay dos personas bailando, pero cuando la danza avanza, te das cuenta de que solo existe la danza. La danza es el amor de Dios.

Foto: Lujan (Bs As)

Wccm, 10 julio 2026

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS

 


Solo existe la oración de Jesús. La suya es la única oración, y esa oración es la corriente de Su conciencia plenamente abierta al Padre. La verdad absolutamente extraordinaria de la proclamación cristiana es que cada uno de nosotros, desde donde quiera que partamos, está invitado a abrir nuestra conciencia plenamente a la conciencia de Jesús y, en esa apertura, a ser sacados de nosotros mismos, más allá de nosotros mismos, hacia esa corriente de amor consciente que fluye entre Jesús y el Padre. Ese es el destino personal de cada uno de nosotros, y en esa experiencia somos hechos completa y eternamente reales. La paradoja es conocerse a uno mismo por primera vez porque uno está perdido en Dios. Eso es lo que nos dice el evangelio: «El que quiera encontrar su vida debe perderla».


La meditación es un camino seguro para perder la propia vida, para perder la propia conciencia de uno mismo como entidad autónoma y separada. Al perderla, uno se encuentra en unidad con Dios y en unidad con toda la creación, porque por fin está en unidad consigo mismo. Tu conciencia ya no está dividida, ya no está confundida. Está simplificada. Es una en Dios.


El Camino del No-Saber


Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 337

domingo

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS

 Aprender a meditar es un proceso, y como todo proceso, lleva tiempo. Debemos aprender gran paciencia y humildad. Después de toda nuestra educación y experiencia, resulta muy difícil aprender simplemente a decir nuestra palabra. Tenemos que ser muy pacientes con nuestra lentitud y con nuestra falta de perseverancia.

Creo que todos nosotros, cuando empezamos a meditar, comenzamos y paramos y volvemos a empezar, y todos necesitamos valentía y aliento. La valentía y la humildad consisten en seguir regresando. Los valientes y los humildes son aquellos que vuelven a empezar. En efecto, cada vez que meditamos, cada vez que nos sentamos a meditar, estamos empezando de nuevo. No es de extrañar, por tanto, que la perseverancia nos haga pensar y sentirnos mejor con nosotros mismos.

Al aprender a decir el mantra aprendemos a soltar todas nuestras ideas, planes, procesos de pensamiento y, en el momento dado, incluso nuestra autoconciencia. Los soltamos porque sabemos que debemos entrar en el silencio total.

El Camino del No-Saber

Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 335

LA WCCM ARGENTINA JUNTO A NUESTROS HNOS. DE VENEZUELA

 


LOS DOS SILENCIOS DE DIOS


 Extracto del libro de John Main OSB “El Camino de lo Desconocido” (New York: Crossroad, 1990) Págs. 6-8


Vivimos en un mundo nada silencioso. Vivimos en un entorno ruidoso en el que oímos todo al mismo tiempo y, sin embargo, no escuchamos nada. A pesar de ello, cada uno de nosotros es llamado a un estado de oración, de atención pura, de expansión del espíritu hacia el eterno silencio de Dios.

Hay, además, otro tipo de silencio, un silencio que no surge de la presencia sino de la ausencia, cuando parece que Dios se ha retirado. Es una realidad en la que no sentimos su estar. Es tan solo una sensación de que se ha retirado de nuestro mundo, de nuestra conciencia … También es maravilloso sentir la infinitud de Dios llenándonos de una calma infinita, de un sentido profundo. Este es un regalo, sin embargo, que no podemos poseer.

Con la meditación aprendemos, a medida que recorremos camino, a sentirnos igualmente contentos con cualquiera de estas dos formas de silencio – con el sentido de la presencia infinita de Dios y también con el sentido infinito de su ausencia. Al principio, nos cuesta porque no hemos aprendido aun mucho sobre el desapego. Esperamos siempre la satisfacción en nuestra meditación. Esperamos comprobar que funciona, que ahora conocemos a Dios, y que ya hemos aprendido a vivir en su presencia. Precisamente, la segunda forma de silencio, su ausencia, es necesaria para purificarnos, para que aprendamos a amar a Dios desinteresadamente como él nos ama y se ama a sí mismo. Él nos enseña a ser fuertes en el amor y en la fidelidad y a asegurarnos que amamos a Dios por él mismo y en él mismo y no solo por las manifestaciones de su presencia que tanto nos satisfacen.

Para madurar a cualquier nivel, debemos crecer a través de todas las dificultades que nos generan los cambios y las pérdidas, todos los sentimientos, las emociones y los pensamientos que provocan y, así, acabar aprendiendo a amar a Dios con fortaleza y simplicidad. Parte de la disciplina de decir el mantra es que nos enseña a permanecer en ese amor. Nada nos sacudirá de nuestra convicción de que Dios es, que Dios es Amor, y que su amor habita en nuestros corazones. Si nos comprometemos, el sentido de ausencia fortalecerá nuestra fé en Dios enseñándonos a conocerlo más plenamente.

Habiendo llegado a este grado de profundidad de nuestra fe, nos será indiferente que tengamos un sentido de su presencia cercana o un sentido de su ausencia. Ya sea que se encuentre cerca o lejos, los sentimientos no afectarán la disciplina que traemos a la práctica de la meditación porque nuestra convicción no estará fundamentada en sentimientos sino en hechos – el hecho de que él es Dios todo-misericordioso, todo-amoroso y todo-compasivo.

Los dos silencios, pues, son igualmente poderosos en enseñarnos. El silencio de las revelaciones nos llena de maravilla y el silencio de la ausencia nos enseña fidelidad. La Palabra siempre está presente en ambos.

Traducido por WCCM España

¿COMO APRENDIO A MEDITAR JOHN MAIN?


 John Main se introdujo en la Meditación cuando trabajaba para el Servicio de Asuntos Exteriores Inglés en Malasia. Durante su destino allí, conoció a Swami Satyananda, fundador de la “Sociedad de la Vida Pura”, quien llevaba una vida espiritual de servicio a los demás. John Main quedó muy impresionado por la serenidad y la santidad que poseía este monje. Comenzaron a dialogar sobre la oración, especialmente sobre el modo de orar del Swami, con la repetición de un mantra durante todo el tiempo de la meditación.

John Main consultó al Swami si él, como cristiano, podría orar de este modo. El Swami le respondió riéndose que esa forma de oración sólo haría que fuera un mejor cristiano.

En su libro “Meditación Cristiana. Conferencias de Getsemaní”, John Main describe como el Swami resaltaba la importancia de meditar cada mañana y cada tarde durante media hora. Decía: “Si te lo tomas en serio y deseas arraigar el mantra en tu corazón, ése es el mínimo tiempo que necesitarás. Durante la meditación no debe haber en tu mente ni pensamientos, ni palabras, ni imaginaciones. El único sonido será el de tu mantra, tu palabra. Es como una armónica. A medida que hacemos sonar esta armónica dentro de nosotros comenzamos a dejar que resuene en nuestro interior. Esta resonancia nos conduce entonces más allá … hacia nuestra propia unidad… Comenzaremos a experimentar la profunda unidad que todos poseemos en nuestro propio ser. Y entonces, la armónica comenzará a resonar entre tú, el resto de las criaturas y toda la creación y, así, se creará una unidad entre tú y tu Creador”.

Este fue el comienzo del viaje de Meditación de John Main. La Meditación le condujo al silencio que guía a la oración contemplativa, a la oración profunda, a la oración en el silencio. La meditación llegó a ser el pilar principal de su vida de oración y de toda su existencia y, finalmente, decidió hacerse monje.

En aquella época, la meditación no era aceptada como una forma de oración cristiana y tuvo que renunciar a ella cuando inició su noviciado en el monasterio, de acuerdo con el espíritu de obediencia de la Regla de San Benito. Aunque echaba mucho de menos la meditación, vivió su renuncia como un aprendizaje del desapego. “Aprendí a separarme de la práctica, que era sagrada para mí, y sobre la cual deseaba construir toda mi vida. En cambio, aprendí a construir mi vida sobre Dios mismo”

Muchos años después, descubrió, con inmensa alegría, esta forma de oración que el Swami le había enseñado en los escritos de Juan Casiano, un monje cristiano, Padre del Desierto del siglo IV.  En estos textos John Main leyó acerca de “la práctica de recitar una única palabra para alcanzar el silencio necesario para la oración”. Sintió que regresaba a casa una vez más y recuperó la práctica del mantra.

John Main fue pionero en compartir esta forma de oración a través de grupos de meditación, libros y retiros, no sólo con los monjes sino también con personas laicas, jóvenes y ancianos. Tras su muerte, en 1982, el Padre Laurence Freeman se hizo cargo de continuar su misión y se convirtió en el guía espiritual de la Comunidad y, en 1991, fundó la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana.  

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

EL SILENCIO DEL ALMA (LAURENCE FREEMAN OSB)


 Una de las razones por las que el silencio nos resulta tan inquietante es porque tan pronto comenzamos a permanecer en silencio, experimentamos la relatividad de nuestra mente. Con nuestra mente medimos las coordenadas de espacio y tiempo, calculamos probabilidades y juzgamos nuestros aciertos y nuestros fallos. Es un nivel de la conciencia muy importante y útil. Nos resulta tan provechoso y familiar que tendemos a creer que es todo lo que hay en nosotros: toda nuestra mente, nuestro verdadero yo, nuestro significado pleno.

La vida, el amor y la muerte con frecuencia nos enseñan la verdad. Nos topamos con el silencio en muchos giros inesperados en nuestro camino por la vida, de formas impredecibles y con personas insospechadas. Este encuentro a veces puede resultar emocionante y maravillarnos pero otras puede llegar a ser aterrador.

Nuestros pensamientos, miedos, fantasías, esperanzas, enfados y deseos aparecen y desaparecen constantemente. Nos identificamos de manera inconsciente con estos estados fugaces y compulsivos sin pararnos a pensar en lo que realmente estamos pensando. Cuando el silencio nos enseña lo irreales que son estos estados transitorios, nos enfrentamos a la temida pregunta de “qué somos”. En el silencio debemos enfrentarnos a la terrible posibilidad de nuestra propia irrealidad.

El pensamiento budista considera esta experiencia -lo que denomina “anatman” o “no ser”-como el pilar fundamental de la sabiduría en el camino de liberación del sufrimiento y uno de los medios esenciales para alcanzar la iluminación.

Al budista practicante se le anima a buscar esta sensación de fugacidad interior y, en lugar de huir de ella, dejarse llevar, igual que hicieron el Maestro Eckhart y muchos grandes místicos cristianos.

Es perfectamente comprensible que anatman sea la idea budista con la que muchas personas tienen la mayor parte de sus problemas. Qué absurdo, ¡qué terrible y qué sacrilegio decir que no existo! De hecho, mucho del antagonismo cristiano a anatman no tiene fundamento o se basa en una interpretación equivocada.

Anatman no significa que no existamos, sino que no existimos como seres independientes y autónomos, que es la existencia que al ego le gusta imaginar, la fantasía de “ser Dios” con la que la serpiente tentó a Eva. Es la soberbia de la que personas religiosas, a menudo, son víctimas.

Yo no existo por mí mismo … porque Dios es la base de mi ser. A la luz de esta visión, recordamos las palabras de Jesús en el Nuevo Testamento, con una percepción más profunda.

“Si alguno de vosotros quiere seguirme, debe negarse a sí mismo; deberá cargar con su cruz cada día y seguirme. Porque el que pierda su vida por mi causa, la salvará” (Lucas 9: 23-24).

Si a través del silencio podemos abrazar esta verdad de anatman, haremos importantes descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia. Descubriremos que la conciencia, el alma, es más que la increíble capacidad de lógica, cálculo y juicio del cerebro. Somos más de lo que pensamos. La meditación no es lo que pensamos.

Traducido por WCCM España

domingo

¿QUE ES LA ORACION ?

 Una definición muy antigua de la oración la describe como “la elevación del corazón y la mente a Dios”. Y ¿qué es la mente, qué es el corazón? La mente es lo que piensa, cuestiona, planea, se preocupa, imagina. El corazón es el que sabe, el que ama. La mente es el órgano del conocimiento y el corazón, el órgano del amor. La conciencia mental debe abrirse y dejar paso a una forma más profunda de conocimiento que es la conciencia del corazón. El Amor es el conocimiento completo.

La mayor parte de nuestra práctica y entrenamiento en la oración se limita a la mente. Cuando éramos pequeños nos enseñaron a rezar nuestras oraciones pidiendo a Dios lo que necesitábamos para nosotros o para los demás. Pero esto es solo una parte del misterio de la oración.

La otra dimensión es la oración del corazón, donde no pensamos en Dios, ni hablamos con Él, ni le pedimos nada. Simplemente somos con Dios, que habita en nosotros, en el Espíritu Santo que Jesús nos entregó.

El Espíritu Santo es el Amor, la relación de amor que fluye entre el Padre y el Hijo. Y éste, es el Espíritu de Jesús que ha sido “insuflado” en cada corazón humano. La meditación, es entonces, la oración del corazón que nos une con la conciencia humana de Jesús, en el Espíritu. “No sabemos cómo rezar, pero el Espíritu mismo ora dentro de nosotros” (Romanos 8,26).

El Espíritu Santo en la Iglesia moderna, particularmente a partir del Concilio Vaticano de principios de los años 60, nos ha ido enseñando a recuperar esta otra dimensión de la oración. Los escritos del Concilio sobre la Iglesia y la Liturgia enfatizan la necesidad de desarrollar “una dimensión contemplativa” en la vida espiritual del cristiano actual. Todos estamos llamados a la plenitud de la experiencia de Cristo, cualquiera que sea nuestro modo de vida

Debemos, por tanto, ir más allá del nivel mental de oración: el de hablar con Dios, pensar en Dios, o pedir a Dios lo que necesitamos. Debemos profundizar a donde el espíritu de Jesús mismo está orando en nuestros corazones, en el profundo silencio de su unión con el Padre, en el Espíritu Santo.

La oración contemplativa no es un privilegio de los monjes o de personas especialmente místicas. Es una dimensión de la oración a la que todos estamos llamados. No se trata de experiencias extraordinarias o estados alterados de conciencia. Es lo que Santo Tomás de Aquino llamó “el simple gozo de la verdad”. William Blake hablaba de la necesidad de “limpiar las puertas de la percepción” para llegar a ver todo como realmente es: infinito.

Así es como podemos vivir la conciencia contemplativa en nuestra vida ordinaria. La meditación nos conduce a ello y esto forma parte del misterio total de la oración en la vida de toda persona que busque la plenitud del ser.

Extracto de Laurence Freeman OSB

“Meditación Cristiana-Práctica Diaria”.

Traducido por WCCM España

sábado

DIOS ES COMUNIDAD


 Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Que con tu Hijo unigenito y el Espíritu Santo eres un  solo Dios, un solo Señor, no una sola Persona, sino tres Personas distintas de una misma naturaleza. 

Cuanto creemos de tu gloria, Padre, porque tu lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia alguna.

DIOS TRINO...DIOS COMUNIDAD.

viernes

RETIRO DE LA WCCM ARGENTINA


 

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS

 


Hemos de entender claramente que la meditación, esta búsqueda de sabiduría y amor, debe tener lugar en un entorno completamente ordinario y natural. Debemos aprender a ver toda la vida impregnada por lo divino, en armonía con lo divino. También debemos comprender que es nuestro destino entrar en esta armonía divina, estar en armonía con Dios. No se trata de intentar encajar un poco de espiritualidad en nuestras vidas. La búsqueda espiritual, la invitación espiritual permanente, consiste en llevar nuestras vidas, nosotros mismos, a un enfoque permanente con la verdad última, la bondad última. No de manera egocéntrica o explotadora, sino de una forma muy simple, como un niño. Es mediante la quietud, prestando atención y siendo conscientes de aquel que nos ama.


Para estar preparados para las grandes tareas de la vida, debemos aprender a ser fieles en las tareas humildes. La meditación es una peregrinación muy simple y humilde que nos prepara para este enfoque de nuestras vidas en el centro divino. Nuestras vidas se nutren de la savia espiritual, la energía que surge de la raíz de todo ser. La invitación que cada uno de nosotros ha recibido es descubrir quiénes somos, descubrir el destino que tenemos, ir más allá de las limitaciones de nuestro yo separado y unirnos con el Uno que es todo en todo. Al ir más allá de nosotros mismos, nos encontramos a nosotros mismos. Y encontramos nuestra capacidad ilimitada para el desarrollo, la libertad y el amor.


Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 39

lunes

SILENCIO Y QUIETUD


 Queridos amigos:


Poco después del fallecimiento de John Main, Paul Harris , periodista de Ottawa, visitó la comunidad de Montreal. Había leído un artículo sobre la obra de John Main que daría un nuevo sentido a su vida. Durante las siguientes cuatro décadas, fundó y apoyó grupos semanales en todo el mundo con una fe profunda y contagiosa en su valor espiritual y social. Escribió libros y artículos, y compuso un libro de lecturas diarias de John Main que sigue siendo una guía para la práctica de meditación de muchos meditadores. La práctica diaria de Paul era fundamental en su vida. Era un contemplativo práctico, siempre al servicio de los demás a través de la misión de la comunidad. Fue un buen amigo y consejero, y un compañero de viaje muy agradable en varios continentes. Paul compartía el año de nacimiento con John Main. Casi llegó a los 100 años, pero falleció plácidamente mientras dormía el 19 de mayo, rodeado de sus amados hijos. Estoy seguro de que el padre John les celebrará un centenario en la eternidad.


Siempre recuerdo una conversación personal que tuvimos una vez. Fue algo así: «Sabes, Laurence, llevo muchos años meditando y, bueno, tengo que decir que nunca ha pasado nada... (y antes de que pudiera responder:) Lo sé, lo sé... se supone que no debería pasar nada. Pero bueno, nunca ha pasado nada». «Sabes, Paul, eso solo hace que te admire aún más. Has compartido la meditación con tanta gente y tú mismo no has obtenido ningún beneficio». «¡Oh, no! No he dicho eso. Ha sido un regalo total y ha cambiado mi vida por completo». Mientras hablábamos, me di cuenta de que esta personalidad tan enérgica y bastante perfeccionista estaba siendo guiada hacia una profunda unión y transformación.


Que alguien con los dones y la generosidad de Paul pudiera servir a la comunidad tan bien y durante tanto tiempo me llena de inmensa gratitud y esperanza. Me inspiró con su determinación y modestia, y a menudo me animaba. Les pido que se unan a mí para dar gracias a Dios por su vida y por el gran testimonio que fue para tantos.

RETIRO DE LA WCCM ARGENTINA


 


 

EL EGO


  Escrito por Laurence Freeman OSB en “El Ego en nuestro viaje espiritual” (London: Medio Media, 2019), págs. 3, 5-6.


La primera señal del ego es el deseo de ser grande; el deseo, por ejemplo, de ser el número uno, el deseo de dominar. Entonces hay un deseo de posesión; el ego quiere poseer en lugar de dar o en vez de dejar ser. El ego desea retener, aferrarse, resistir, no soltar ni dejar ir. El ego desea avanzar, obtener más, saber más, poseer más. El ego desea aferrarse a todas las cosas aun a expensas de otros, anteponiendo su interés al de los demás. Por ello, nuestro trabajo consiste en separarnos del ego, dejar de identificar nuestro verdadero ser con el ego rompiendo esa identificación simplemente despertando al hecho de que tenemos un ego pero él no es nuestra verdadera y más profunda identidad.


Este es el papel del ascetismo, del entendimiento del ascetismo, y de que la ascesis esencial de la vida cristiana es la oración.

domingo

¿QUE ES EL MISTICISMO ?


 El trasfondo de esta serie de cartas son las enseñanzas de la tradición mística. Ya hemos escuchado parte de la sabiduría del Desierto y ahora, en las siguientes cartas, continuaremos explorando las enseñanzas de los místicos a lo largo de los siglos hasta nuestros días. 


Pero, ¿qué es el misticismo y qué relevancia tienen los místicos para nosotros en la actualidad? Misticismo es un término moderno. Los primeros cristianos no lo utilizaban, sino que se referían a ciertas experiencias como místicas. 


Bernard McGinn, un escritor perspicaz y erudito que ha abordado este tema en su serie de libros sobre la historia del misticismo occidental, afirma:  «El elemento místico en el cristianismo es aquella parte de sus creencias y prácticas que concierne a la preparación, la conciencia y la reacción ante lo que puede describirse como la presencia inmediata o directa de Dios». 


Este es realmente el objetivo de dedicarse seriamente a la meditación y la oración contemplativa. Nos permite trascender el nivel racional de nuestra conciencia ordinaria y alcanzar un nivel intuitivo superior. Nos enseña a  «dejar atrás el yo»,  a abandonar nuestra visión egocéntrica de la realidad, y al hacerlo, nos permite trascender el ego y alcanzar un modo de percepción más amplio y abierto. Nos lleva de una realidad basada en el conocimiento a una iluminada por la sabiduría de la Realidad Divina. Entonces entramos en estados de profunda comprensión, donde simplemente «sabemos» sin saber, donde somos sostenidos por el amor. Es una forma de vivir plenamente, de una vida centrada en la supervivencia a una vida con sentido, como explica tan bellamente John Main: 


Cada vez más hombres y mujeres en nuestra sociedad comienzan a comprender que nuestros problemas personales y los que enfrentamos como sociedad son, en esencia, problemas espirituales. Lo que cada vez más entendemos es que el espíritu humano no puede encontrar plenitud en el mero éxito o prosperidad material. No es que el éxito o la prosperidad material sean malos en sí mismos, sino que simplemente no son suficientes como respuesta definitiva a la condición humana… Para conocernos, comprendernos y poner nuestros problemas y a nosotros mismos en perspectiva, simplemente debemos conectar con nuestro espíritu.  De hecho, él considera que esta es nuestra principal responsabilidad como seres humanos:  «Nuestra primera tarea… es encontrar nuestro propio espíritu, porque este es nuestro vínculo con el Espíritu de Dios».  


La meditación nos conduce por el camino de « encontrar nuestro propio espíritu»  , un camino no solo para los místicos, sino también para la gente común. Los místicos son nuestros investigadores; demuestran que es posible y sus afirmaciones se basan no en la teoría, sino en la experiencia. La dedicación y la perseverancia fiel nos llevan a nuestro Centro, a la presencia del espíritu en nuestro interior, donde nuestra esencia  «es emanada y renovada por el amoroso desbordamiento de la vida de la Trinidad» (Palabra en el Silencio).


Kim Nataraja, 15 mayo 2026

 El camino de la meditación es un camino de iluminación, un camino para entrar plenamente y definitivamente a la luz pura de Dios.  En la meditación, la oración pura, como lo llama la tradición, ni Dios ni nosotros somos objetos.


John Main OSB

lunes

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA 2026

 


Reflexión sobre el Evangelio para el Segundo Domingo de Cuaresma 2026


La Transfiguración, Mateo 17:1-9

La semana pasada nos encontrabamos en un desierto, enfrentandonos a nuestros demonios para ser atendidos despues por ángeles que pasaron un rato consolándonos. Esta semana nos encontramos en la cima de una montaña brumosa. Nuestro amado, aunque misterioso y esquivo, maestro se nos revela de una manera que destroza nuestra esperanza de cualquier intimidad real con él. Lo vemos -como Arjuna vio a Krishna en el capítulo 11 del Gita- en su gloria cósmica, con su cuerpo físico y todo su ser deslumbrantemente translúcido.

Vemos lo que podríamos haber sospechado: que la verdad de él trasciende el reino del tiempo y el espacio en el que nos sentíamos atraídos hacia él. Aunque tengamos el gran privilegio de percibir esta realidad, somos totalmente incapaces de responder adecuadamente. Por eso desviamos la mirada y estamos aterrados. Entonces, sin que lo veamos, él se acerca de nuevo de una manera que reconocemos, nos toca y nos dice que no tengamos miedo. Vuelve a ser como siempre lo hemos conocido y, sin embargo, ya nunca podremos olvidar lo que hemos visto … aunque queramos hacerlo.

¿No sería agradable poder contentarnos con ver las cosas sólo al nivel de las apariencias? Sin embargo, incluso cuando no estamos en uno de esos raros momentos -vislumbrando lo real en lo irreal y lo eterno en lo transitorio- cómodamente instalados en el nivel mundano de la conciencia, no podemos evitar sentir que lo que aparece nunca es toda la verdad. La vida conlleva el riesgo de que una verdad cegadora pueda romper la familiaridad en cualquier instante y trastocar todo. Anhelamos esto casi tanto como lo tememos.

El miedo es instintivo, químico y egocéntrico: la amígdala envía señales de socorro al hipotálamo y recibimos una descarga de adrenalina y cortisol. Se trata de salvar mi vida tal como la conozco y evitar el riesgo de conocerla de otra manera porque podría perder el control. Así que me retraigo ante cualquier cambio dentro de un patrón conocido y me esfuerzo desesperadamente por mantenerme a salvo donde estoy, aunque sea un lugar y un patrón de vergüenza autoimpuesto. El miedo nos da la razón para no correr el riesgo de que un patrón limitante se disuelva.

Incluso cuando intentamos ser libres y creativos, el miedo nos lo impide imaginando vulnerabilidad y rechazo. La posibilidad de intentarlo y fracasar es aterradora. Nos aterramos ante la idea de tomar incluso una decisión pequeña. Si lo intentamos, nos detenemos a mitad de camino, sintiéndonos inauténticos en el proceso incompleto que nos transformaría. Doy marcha atrás o sigo a paso de caracol. Si nadie, o algo, de alguna manera no se acerca, nos toca y nos dice que no tengamos miedo, quizá nunca reconectemos con el valor de ser humanos y estar vivos.

A mí esta historia me conmueve menos como una manifestación de gloria que brilla a través de la superficie y más como una revelación de ternura y paciencia que nos toca más allá de la piel de las cosas y sugiere una prueba de cómo es realmente Dios: mucho más parecido a nosotros de lo que pensamos.

Laurence Freeman, OSB

miércoles

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

 Reflexión sobre el Evangelio para el Primer Domingo de Cuaresma 2026

La Tentación en el Desierto: Mateo 4,1-11


El Papa Francisco propuso que la frase del Padrenuestro usada en el mundo anglosajon «No nos guies a la tentación» fuera traducida de otra manera. Sentía que daba la impresión engañosa de que Dios nos atrae hacia la tentación y nos tiende trampas, como si a Dios le gustara jugar a ser Dios con nosotros y sonriera cuando caemos en la trampa. Propuso una versión más clara, que es la que usamos en el castellano: «No nos dejes caer en la tentación».

Reflexionemos sobre estas opciones al entrar en la Cuaresma con el relato evangélico de que el Espíritu condujo a Jesús al desierto, donde el diablo le tentó después de su ayuno. En ese momento, Jesus estaba especialmente debilitado y vulnerable cuando apareció el diablo. Muy dentro de sí, Jesús quizá percibía lo fácil que sería deslizarse en una o las tres partes de la red de ilusión del ego.

La primera es confiar en sustitutos materiales de la realidad y así evitar los desafíos infinitos que ésta nos plantea en la vida diaria. Es mucho más fácil caer en la autocomplacencia y justificar el uso de nuestro poder o dones de manera egocéntrica -convertir piedras en pan- que aprender lo que el desierto, con su permanencia, aún tiene que enseñarnos.

En segundo lugar, desestimó la tentación de arrojarse desde la cima del templo sólo para demostrar que los ángeles lo rescatarían. Qué seductora es la ilusión del orgullo engañado del ego, que usa el riesgo para evitar comprometerse con la realidad y caer en las reconfortantes redes de la ilusión.

En tercer lugar, rompió la tentación de separarnos por completo de la realidad al coronar los impulsos y anhelos del ego por el poder y el control.

Los Maestros del Desierto creían que necesitamos tentaciones y tribulaciones para, finalmente, romper la red de ilusión y autoengaño. Es valioso ver que vamos progresando en vivir la vida como un camino espiritual, pero es peligroso volverse complaciente y pensar que los viejos patrones nunca intentarán volver. «Estad atentos», por tanto, «en todo momento». De eso se trata la experiencia del desierto: permanecer despiertos.

Abba Sisoes estando en su lecho de muerte, tenia un rostro brillante como el sol y estaba rodeado de sus discípulos. Cuando vinieron los ángeles a llevárselo, pidió un poco más de tiempo para arrepentirse. Los monjes jóvenes, que pensaban que él era perfecto, le preguntaron por qué había pedido más tiempo. Él respondió: «Amén, os digo que no creo haber siquiera comenzado a arrepentirme».

Las miríadas de tentaciones hacia las ilusiones del orgullo forman parte inseparable de la escuela de la vida. Justo cuando sientes que lo tienes bajo control, el susurro insinuante puede volver. No viene del Espíritu que nos acompaña al desierto y que nunca nos abandona a merced de las fuerzas de la oscuridad, ni siquiera cuando caemos en la tentación. Las tentaciones provienen de la inclinación humana, bajo presión o desilusión, a negar la verdad y elegir lo irreal por encima de lo real. Enfrentar esta debilidad humana es de lo que trata el desierto y por qué allí encontramos más que al diablo. Encontramos al Espíritu que siempre nos respalda.

Delante de nosotros vemos y somos ayudados por ángeles radiantes cuando los necesitamos, por el tiempo justo en que los necesitamos. Entonces el diablo lo dejó, y vinieron ángeles y lo servían. (Mt 4,11)

Laurence Freeman

Bonnevaux

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS


 Por lo tanto, debemos ir más allá de todos los conceptos de Dios. Debemos trascender el lenguaje y las ideas de la mente porque estas limitan a Dios en nuestra experiencia. Estamos llamados a conocer a Dios no con nuestro propio conocimiento totalmente insuficiente, sino con el conocimiento propio de Dios: el Espíritu que recibimos de Jesús. Por muy perfecta o hábil que sea nuestra mente humana, no es nada comparada con el misterio totalmente inefable al que sólo podemos entrar siguiendo el camino de la simplicidad. Es la simplicidad de Dios, de la unidad divina, lo que nos llama a meditar.

También es nuestro mayor obstáculo. Porque, ¿cómo podemos, con todas nuestras complejidades, conocer la simplicidad absoluta? El mantra es el camino más allá de este obstáculo. Es un signo o símbolo de la unidad y simplicidad de Dios. En toda la literatura clásica de oración, en Santa Teresa, San Juan de la Cruz, o Meister Eckhart, por ejemplo, encontramos la idea común de que el camino hacia la unión total y la presencia continua es el camino de una disciplina simple y desinteresada. El desinterés es el camino del mantra. Nos lleva fuera del laberinto de la autoconciencia. Con su repetición constante, nos lleva gradualmente, y con mucha paciencia, al silencio donde todo se resuelve en la absoluta simplicidad de Dios. En la unidad divina nos hacemos uno con Él.


Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 70

martes

EVIDENCIA EN EL EVANGELIO


 A menudo surge la pregunta: ¿dónde dice en las Escrituras cristianas que la meditación es una forma aceptable de oración? Los Padres y Madres cristianos del desierto del siglo IV d.C., cuya vida y formas de oración se basaban en gran medida en las enseñanzas de Jesús, ponen de manifiesto en sus dichos el valor y la validez de la meditación, como descubrió John Main en los escritos de Juan Casiano, especialmente en las Conferencias IX y X. Pero lo esencial del camino contemplativo, al que conduce la meditación, es mencionado claramente en el Evangelio: silencio, quietud, interioridad, ausencia de pensamientos, énfasis en pocas palabras, repetición, soledad, alerta, permanencia en el momento presente, atención unidireccional y unión.


Aquí se incluyen algunas citas de los evangelios para que cada uno encuentre la suya propia:


Importancia del silencio:

Salmos 46,10: «Estad quietos y reconoced que yo soy Dios»

Salmos 131,1-2: “Ciertamente he puesto mi alma en silencio y en paz. Como un niño destetado en brazos de su madre así es mi alma».

Zacarías 2,14-15/17: «Calla toda la humanidad ante el Señor porque él está despertando y viene de su santa morada».

1 Reyes 19,12: “Una voz apacible y delicada”.


Interioridad / espíritu interior:

Mateo 6,6: “Cuando ores entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu padre, que está allí en el lugar secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

Lucas 17,20-21: “El Reino de Dios no vendrá de forma espectacular, ni se podrá decir: ‘¡está aquí, o allí’. Porque, de hecho, el Reino de Dios está dentro de ti».

1 Corintios 3,16: «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?».

Efesios 1,17-18: “Ruego que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda un espíritu de sabiduría y una revelación que os permita conocerlo plenamente. Oro para que ilumine los ojos de vuestro corazón».


Pocas palabras / pobreza de espíritu:

Mateo 6, 7-8: “Y al orar, no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va a escuchar por hablar mucho”.

Lucas 18,10-14 (fragmento que recoge la comparación de la oración del fariseo y la del publicano): «Oh Dios, ten misericordia de mí que soy un pecador».


Oración incesante:

1Tesalonicenses 5,17: “Orad en todo momento”.

Romanos 12,12: “Vivid alegres por la esperanza, sed pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración”.

Lucas 18,1-8 (parábola del juez y la viuda): “Para mostrarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola”.


Importancia de la soledad:

Lucas 6,12: “Por aquellos días, Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche en orando a Dios”.


Atención:

Marcos 33: «Estad alerta, estad despiertos».

Mateo 1-13: “Entonces, manteneos despiertos porque no sabéis el día ni la hora».


Permanecer en el momento presente:

Mateo 6, 25: “Por tanto, os pido que no os preocupéis por lo que comeréis o beberéis, ni por la ropa que vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?”.


Silenciar pensamientos / dejar atrás la autoconciencia:

Lucas 9,23: «Si alguno desea seguirme, debe dejar atrás el yo».


Humildad, confianza, atención puntual:

Mateo 18,3: «Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos».


Unidad con Dios y con los demás / integridad:

Juan 17,21: “Que todos seamos uno; como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, así también que ellos sean uno en nosotros”.


Objetivo de la oración / meditación:

Juan 10,10-11: «Yo he venido para que los hombres tengan vida y la tengan en toda su plenitud».

Mateo 6,33: «Pon tu mente en el Reino de Dios y su justicia antes que nada y todo lo demás se te dará por añadidura».

Salmo 116,8: «En la presencia del Señor andaré en la tierra de los vivos».

Mateo 5,3: “Dichosos los pobres en el Espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos».

Mateo 5,8: «Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios».


Kim Nataraja

Foto : San Juan (Argentina)

sábado

¿Que debemos esperar que suceda?

 John Main, Uno con Dios a través de Jesús, Serie de charlas de meditación 2016 D

Una de las preguntas que debemos afrontar al comenzar a meditar es: "¿Cuáles deberían ser nuestras expectativas? ¿Qué deberíamos esperar que suceda?".

Abordar la meditación de esa manera sería similar a abordar la respiración preguntándose: "¿Qué sucederá como resultado de mi respiración?". Como saben, lo que sucede cuando respiras es que vives. Tu vitalidad está asegurada con cada respiración. Meditar es muy parecido. No ocurre nada dramático, excepto que tu espíritu respira. Alcanzas una vitalidad espiritual muy similar a la que tu cuerpo disfruta como resultado de tu respiración.

Si alguien nos dice que deberíamos meditar cada mañana durante media hora y cada noche durante media hora, eso suena a una gran inversión de tiempo. No podemos evitar preguntarnos: "¿Cuál será el retorno?". Estamos acostumbrados a las ganancias y las pérdidas; estamos acostumbrados a la inversión y al retorno de la inversión. Existe un verdadero peligro para cualquiera que intente hablar de meditación al presentarla en términos de algún tipo de retorno. Si consultan cualquier libro de bolsillo sobre meditación que encuentren en las librerías, verán una lista completa de beneficios: presión arterial más baja, capacidad de bilocarse, estar en dos lugares a la vez, capacidad de levitar, etc. Verán todo tipo de recompensas prometidas. Puede que puedan levitar o bilocarse, pero no tiene la menor importancia.

Lo realmente importante es que su espíritu viva, que viva plenamente, y que alcance su unión con Dios y con todo. Por lo tanto, una cualidad necesaria para la meditación es la simplicidad. Simplemente tienen que aprender a sentarse y practicarla.


jueves

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS


 ¿Cómo aprendemos a vivir en el compromiso? ¿Qué nos dice Jesús? Él nos dice que adoremos. La palabra hebrea para adoración deriva de la raíz de la palabra «servir». Jesús nos enseña que «los adoradores que el Padre quiere deben adorar en espíritu y en verdad». El adorador es aquel que sirve, es decir, aquel que está absolutamente a disposición de su Señor. Absolutamente.

Debemos servir en espíritu, es decir, desde lo más profundo de nuestro ser, no en la superficie, no utilizando las ideas de otras personas, sino adorando desde el fondo de nuestra propia experiencia, de nuestro propio ser único. Debemos servir en verdad, más allá de toda ilusión, aceptando completamente la realidad de Dios y la realidad de nosotros mismos tal como somos.

La base teológica de la meditación cristiana es que la realidad esencial de la oración es la oración de Jesús. De la misma manera que sólo hay una oración cristiana esencial, la oración de Cristo mismo, también hay una sola adoración cristiana, la comunión que tenemos a través de Cristo en el amor trinitario. Cada miembro de la Trinidad está completamente al servicio del otro. La entrada a esta adoración solo se encuentra en el corazón de la creación, es decir, a través de la adoración humana de Cristo, completamente a disposición del Padre y recibiendo el amor del Padre, absolutamente.

Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 231

domingo

EL PODER DEL ESPIRITU


 De John Main: Doce charlas para meditadores, serie de charlas Meditatio de septiembre de 2012


Al hablar de meditación, a menudo he descubierto que quienes no son cristianos, incluso quienes no tienen religión, son los primeros en comprender qué es la meditación. Para muchos feligreses comunes, sacerdotes, monjes y monjas, el mantra parece al principio una técnica de oración sospechosamente novedosa, un método exótico y engañoso, o una especie de terapia que puede ayudar a relajarse, pero que no puede considerarse cristiana. Esta es una situación desesperadamente triste.

Muchos cristianos han perdido el contacto con su propia tradición de oración. Ya no nos beneficiamos como deberíamos de la sabiduría y el consejo experimentado de los grandes maestros de la oración. Todos estos maestros han coincidido en que, en la oración, no somos nosotros quienes tomamos la iniciativa. No hablamos con Dios; escuchamos su Palabra en nuestro interior. No lo buscamos; es él quien nos ha encontrado. Walter Hilton lo expresó de forma muy sencilla en el siglo XIV.

Escribió:

Tú mismo no haces nada. Simplemente permites que Él obre en tu alma. (La Escala de la Perfección, Libro I, cap. 24)

El consejo de Santa Teresa estaba en sintonía con esto. Nos recuerda que todo lo que podemos hacer en la oración es disponernos. El resto está en el poder del Espíritu que nos guía. El lenguaje con el que expresamos nuestra experiencia espiritual cambia. La realidad del Espíritu no cambia. Por lo tanto, no basta con leer a los maestros de oración. Debemos ser capaces de aplicar el criterio de nuestra propia experiencia, por limitada que sea, para ver la misma realidad reflejada en diferentes testimonios.


Wccm, 6 febrero 2026

jueves

INVITA : COMUNIDAD DE OBLATOS DE LA WCCM ARGENTINA


 

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS

 


Al abrir nuestros corazones al amor en el nivel más profundo y silencioso de nuestro ser, no estamos reprimiendo el conocimiento humano ni rechazando los valores o relaciones humanas. Por el contrario, todos estos se iluminan, es decir, los vemos bajo una nueva luz, una luz trascendente. Lo extraordinario del mensaje cristiano es que esta luz no es menos que la luz de Cristo, la luz que es Cristo. La llamada para que entremos en esta luz es para que cada uno de nosotros sepa, desde nuestra propia experiencia, junto con San Pedro, San Pablo y San Juan, que no estamos simplemente recitándonos poesía unos a otros ni diseñando escenarios religiosos para «caminatas» de ensueño. Ellos intentaban comunicarnos el hecho, el hecho supremo y redentor, de que la luz de Cristo brilla en nuestro corazón y que la primera tarea de nuestra vida es estar abiertos a ella, ser bañados en ella, ser hechos completos en ella y ver con ella.


La meditación es nuestro viaje hacia esa luz. Para llegar a ella, debemos aprender a ser humildes, pacientes y fieles. Al regresar fielmente a tu meditación cada mañana y cada tarde, aprenderás todo esto. Recitando el mantra desde el principio hasta el final de tu meditación, aprenderás humildad. Por el don de Dios, entonces aprenderás tu propia capacidad de ser amado al aprender que la luz brilla para ti.


Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 230

miércoles

LA VERDAD SE VIVE, NO SE HABLA

 De Laurence Freeman OSB en SENSING GOD: Learning to Meditate During Lent (Sintiendo a Dios: Aprendiendo a meditar durante la Cuaresma) (Cincinnati: Franciscan Media, 2016), pág. 72.


La verdad no es solo lo que dices. Puedes esperar a que tu abogado te dé las palabras empalagosas que te librarán del apuro. Pero la verdad se vive, no se dice. Es lo que vives y cómo vives. La verdad no se puede ocultar. Cuando se asiente el polvo de la explosión que intentó destruirla, lo que intentaste ocultar es más visible que nunca.

Si tienes algo que ocultar y temes la verdad, esta es la terrible e ineludible verdad de la verdad. Saldrá a la luz, así como la realidad emergerá de las cenizas de la ilusión que intentó evadirla. Esto no solo aplica a los hechos. Es también la verdad de una verdad reprimida en nuestras mentes y recuerdos. Un sentimiento demasiado doloroso para afrontarlo, un error demasiado doloroso para admitirlo, una revelación demasiado transformadora para acogerla.

A menos que nos abramos y dejemos que la verdad se expanda en la luz, seremos perseguidos y estaremos a la fuga. La meditación es vivir en la verdad. En la luz, a la luz.

viernes

NUESTRAS VIDAS....NUESTRA ORACION


 Del Padre Laurence Freeman: Queridos amigos, Boletín Internacional de la WCCM de enero de 1997


La meditación consiste en vivir en el momento de Cristo, como John Main lo comprendió tan profundamente. No se trata de pensar en Cristo ni en su regreso, sino de estar con Cristo ahora y ser transformado en su ser. Este no es un momento histórico estático, sino un fluir, un florecimiento y un despliegue del misterio del Ser mismo...

Practicar la meditación es la única manera de aprender qué significa meditar y cómo su significado es mucho más allá de lo que les parece a quienes buscan un beneficio inmediato; y mucho más allá de quienes creen que meditando están logrando algo. Al aprender a meditar, comprendemos cómo debemos recitar el mantra, y la forma en que lo recitamos refleja nuestra forma de ser, nuestra forma de amar y nuestra forma de amar día a día.

Debemos recitar el mantra sin impaciencia, sin forzar la mente ni con intención de violencia. El propósito del mantra no es bloquear los pensamientos. No es un mecanismo de interferencia. Si los pensamientos nos atacan mientras meditamos, activamos la otra cuenta. Al recitar el mantra con dulzura, aprendemos de Él, que es manso y humilde de corazón...

Nuestras vidas se convertirán, día a día, en el comentario de nuestra oración. Nuestra oración ya no consistirá en comentar sin cesar nuestras vidas. Nosotros mismos nos habremos convertido en oración para siempre...