miércoles

UN CORAZÓN QUE ESCUCHA

 "Escucha atentamente, hija mía, hijo mío, mis instrucciones y síguelas con el oído de tu corazón. Este es un consejo de quien te ama; acéptalo y ponlo fielmente en práctica". —Prólogo, La Regla de San Benito


La líder de retiros y periodista Judith Valente escribe sobre la importancia de escuchar en la espiritualidad benedictina:

A menudo me he maravillado de que la primera palabra de la Regla de San Benito no sea orar, adorar o incluso amar. es escucha . Esta palabra pequeña y discreta habla en un susurro. A cualquiera que estudie la espiritualidad benedictina, escuche la frase. . . con el oído del corazón se vuelve tan familiar que fácilmente podemos perder de vista lo revolucionario que es. La escucha en sentido benedictino no es una misión pasiva. Benedicto [c. 480–547] nos dice que debemos prestar atención a escuchar. En algunas traducciones de La Regla , debemos inclinarnos activamente hacia ella y nutrirla en nuestras actividades diarias. Escuchar es un acto de voluntad. . . .
Escuchar abre la puerta a otro concepto benedictino del que la mayoría de nosotros preferiríamos huir: el de la obediencia. . . . Obediencia viene del latín, oboedire , dar oído, escuchar. La escritora benedictina Esther de Waal dice que la obediencia nos aleja de nuestra “obsesión contemporánea con el yo” [1] y nos inclina hacia los demás. . . . . [S t. Benedict] va más allá del entendimiento común de la palabra como únicamente una dinámica autoritaria de arriba hacia abajo. Él enfatiza en cambio la obediencia mutua , una relación horizontal donde se debe escuchar atentamente y considerar a cada miembro de la comunidad desde cada miembro, como hermanos y hermanas. Por este camino de la obediencia , dice, vamos a Dios . [2]

La autora Esther de Waal describe cómo en la espiritualidad benedictina existe una conexión inherente entre la escucha y la acción receptiva:
Escuchar atentamente, con cada fibra de nuestro ser, en cada momento del día, es una de las cosas más difíciles del mundo y, sin embargo, esencial si queremos encontrar al Dios que buscamos. Si dejamos de escuchar lo que nos resulta difícil de aceptar, entonces, como dice el abad de St. Benoît-sur-Loire en una frase impactante, "es probable que pasemos junto a Dios sin siquiera notarlo". [3] Y ahora es nuestra obediencia la que prueba que hemos estado prestando mucha atención. . . . Entonces, obedecer [en la tradición benedictina] realmente significa escuchar y luego actuar sobre lo que hemos escuchado, o, en otras palabras, ver que la escucha alcance su objetivo. No estamos verdaderamente atentos a menos que estemos preparados para actuar de acuerdo con lo que escuchamos. Si escuchamos y no hacemos nada más al respecto, entonces los sonidos simplemente han caído sobre nuestros oídos y no es aparente que realmente los hayamos escuchado en ese momento. [4]



[1] Esther de Waal, Viviendo con la contradicción: una introducción a la espiritualidad benedictina (Harrisburg, PA: Morehouse Publishing, 1989, 1997), 53.
[2] Judith Valente, Cómo vivir: lo que la Regla de San Benito nos enseña sobre la felicidad, el significado y la comunidad (Charlottesville, VA: Hampton Roads Publishing, 2018), 12, 13, 14.
[3] Bernard Ducruet, “La Obra de San Benito”, Estudios Cistercienses 15, no. 2 (1980): 157.

[4] Esther de Waal, Buscando a Dios: El Camino de San Benito (Collegeville, MN: Liturgical Press, 1984, 2001), 43–44.

martes

EL ESPIRITU

 




Extracto de “Una Palabra hecha Silencio” de John Main OSB (
New York: Paulist Press, 1981) págs. 37-39.

El primer paso hacia el desarrollo de la persona es permitirnos ser amados. Y para facilitar esto fue enviado el Espíritu Santo al corazón del hombre, para tocarlo, para despertarlo, para atraer nuestra mente hacia su luz redentora. La llegada del Espíritu Santo fue un acontecimiento de la Resurrección y continúa hoy estando tan actual como “a última hora de aquel domingo”, según nos dice San Juan, cuando los discípulos se encerraron todos juntos y Jesús se les apareció y soplando sobre ellos les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”.

Nuestro letargo y evasión natural, nuestra reticencia a permitirnos ser amados, igual que las puertas cerradas, no son ningún impedimento para el Espíritu Santo. El Espíritu ha sido enviado al corazón humano donde vive el misterio divino, mientras Dios nos acoge en su ser. Incluso en el corazón del hombre más malvado, el Espíritu Santo seguirá implorando sin cesar: “Padre, Padre”.

Al principio tenemos una débil conciencia del movimiento del Espíritu Santo en nuestro corazón, de la presencia de aquello que nos permitirá conocernos a nosotros mismos. Cuando despertamos a su plena realidad, escuchando nuestro corazón, despertamos a la prueba viviente de nuestra fe que justifica esa primera conciencia débil, esa primera esperanza.

Y como dijo San Pablo a los Romanos: “Esta prueba es el fundamento de la esperanza. Dicha esperanza no es falsa, puesto que el amor de Dios ha inundado nuestro corazón más profundo a través del Espíritu Santo que Él nos ha dado”.

La embriaguez del lenguaje de San Pablo es la embriaguez de su propio despertar a la Realidad del Espíritu, a la experiencia del gozo liberado y derramado que Jesús predicó y transmitió a través de Su Espíritu. Es la embriaguez de la oración.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España

METANOIA


 La metanoia es un estado relacionado con el don de las lágrimas y con el arrepentimiento y fluye de estas virtudes. Las dos palabras griegas de las que se origina son “meta” y “nous”. El prefijo “meta” significa ir más allá e implica también un cambio. Y la palabra “nous” se refiere al intelecto, no a la inteligencia racional, sino a la inteligencia intuitiva.

Es la forma de conocer intuitivamente la verdad de algo. El Maestro Eckhart, místico alemán del siglo XIV, describe este conocimiento intuitivo como la visión con “el ojo del corazón”, como igualmente hicieron muchos de los primeros Padres de la Iglesia. Eckhart habla de “el conocimiento puramente espiritual: en el que el alma es arrebatada de todas las cosas corporales. Allí escuchamos sin sonidos y vemos sin materia…”.

Es una manera de conocimiento que está más allá de nuestra forma habitual de comprender; es una transformación de la consciencia, un trascender hacia la Realidad más profunda, incluso un encuentro con la Realidad Última; es la forma “de poder ver a Dios” (Maestro Eckhart). Los primeros cristianos, en particular Clemente y Orígenes, en el siglo II, equiparaban la idea platónica del “nous” con la “imagen de Dios” del Génesis. De hecho, ellos lo veían como nuestro punto de contacto con Dios; era considerada la parte más elevada del alma, la esencia de la humanidad, nuestro “órgano” de oración. Los primeros Padres de la Iglesia estuvieron de acuerdo en que esta “imagen” está contenida en cada uno de nosotros sin excepción. Esto añadió a la teoría griega  que sólo “el cómo puede saber del cómo”, lo cual era totalmente respaldado por los pensadores cristianos incluido Tomás de Aquino y el Maestro Eckhart, y que implica por tanto, que podemos llegar a conocer a Dios intuitivamente puesto que ya somos “como Él” en nuestra esencia; tenemos algo esencial en común con lo Divino, lo que el Maestro Eckhart llama “la chispa”, “el castillo” o a veces “la tierra” de nuestro ser.

Alcanzar el nous e ir más allá nos permite, por tanto, darnos cuenta de quiénes somos verdaderamente: hijos de Dios. “A todos los que le reciben, Dios los hace hijos suyos” (Juan 1,12).

Sin embargo, para llegar a ser consciente de esta “semejanza” esencial, necesitamos purificarnos de nuestras emociones desordenadas y egocéntricas y sólo entonces podremos ver la verdadera realidad. Lo que esto significa está claramente explicado por la experiencia de María Magdalena. (Juan 20, 10-19). Después de la crucifixión de Jesús, ella se acerca al sepulcro y lo encuentra vacío. Está angustiada y sumida en su profundo dolor. Incluso cuando Jesús se le aparece, ella continua tan abatida por su pena que no puede ver con claridad. Ella no reconoce a Jesús y piensa que es el jardinero. En el momento en que Jesús la llama por su nombre, ella rompe su visión de la realidad, nublada por sus propias emociones y necesidades, y entonces puede ver a Jesús en su verdadera realidad.

La palabra metanoia fue también utilizada por los Padres y Madres del Desierto y puesta en relación con otros modos de orar – como hacer reverencias o postraciones- que incorporan el movimiento del cuerpo. Esto nos habla de actitudes necesarias para alcanzar la metanoia, para recibir la gracia: la humildad y el arrepentimiento. Metanoia significa, por tanto, descubrir quién eres verdaderamente y quién es Dios/Cristo, la fuente del gozo infinito.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

domingo

EUCARISTIA CONTEMPLATIVA (transfiguracion)

 


ESTANDO EN CASA

"Dios, como decía valientemente Aelred de Rievaulx, no es sólo amor. Dios es amistad, con uno mismo, con los demás y con el entorno. Los que no están en la amistad no pueden saber nada de Dios, incluso, y sobre todo, en la certeza más despiadada del fundamentalista religioso de que están defendiendo a Dios contra sus enemigos. Es parte de la búsqueda espiritual de nuestro tiempo anhelar ese sentimiento de conexión y confianza mutua, una religión que nutre la comunidad en lugar de la división. Y tal vez sea este sentido inclusivo y católico de estar en casa con la diferencia el significado de la presencia real. Si realmente estás en casa con el yo en Dios, te encontrarás en casa, en paz y compasión, en todas partes...."

Laurence Freeman OSB

Frequent Flyer, The Tablet



CRISTIANISMO ORIENTAL Y OCCIDENTAL


 Este florecimiento significativo de la oración contemplativa cristiana duró cerca de dos siglos en los desiertos de Egipto, Palestina y Siria. Fue Casiano quien lo trajo a Occidente a principios del siglo VFundó dos monasterios en Marsella en 415, uno para mujeres y otro para hombres. Transmitió en sus 'Instituciones cenobíticas' y sus 'Conferencias' su conocimiento y experiencia de las primeras comunidades cristianas del desierto y de sus enseñanzas, especialmente la de Evagrio. En sus escritos, John Main se encontró con la meditación, una disciplina que consiste en aquietar la mente mediante la repetición de una breve "fórmula" o frase de oración. “Oh Dios, ven en mi ayuda, oh Señor, apresúrate a socorrerme”. (Sal. 69) Más tarde, San Benito citó a Casiano con frecuencia en su 'Regla' y animó a sus monjes a leer diariamente las Conferencias de Casiano. Pero a fines del siglo VI , esta práctica que conduce a la contemplación pasó a la clandestinidad en la Edad Media que siguió a la migración de las tribus germánicas y la disolución del Imperio Romano Occidental. Se convirtió en la propidad de unos pocos santos, floreciendo más en ciertos períodos de agitación e inseguridad. Hasta que en nuestro siglo John Main redescubrió esta forma de oración y la considero adecuada para todos.

Pero en Oriente esta forma de oración siguió alimentando la espiritualidad de la Iglesia Ortodoxa. Las enseñanzas de los monjes del desierto del siglo IV, tal como fueron escritas por Evagrius y Diadochus de Photike, entre otros, continuaron ejerciendo una gran influencia, especialmente su exhortación a 'orar continuamente' repitiendo una frase corta. Esta forma contemplativa de oración se conoció primero como la 'Oración del Nombre', luego 'La Oración del Corazón' y finalmente se convirtió en la 'Oración de Jesús'.

Los orígenes de la 'Oración de Jesús' se remontan realmente a los Evangelios:

El ciego Bartimeo grita: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” (Marcos 10:47) y el publicano que simplemente dice: “Oh Dios, ten piedad de mí, pecador que soy”. (Lucas 18: 10-14) es alabado por Jesús.

Famosos teólogos que dieron enseñanzas sobre la 'Oración de Jesús' fueron San Simeón el Nuevo Teólogo ( siglo X ), San Gregorio de Palamas ( siglo XIV ), San Nicodemo de la Montaña Sagrada y San Serafín de Sarov ( siglo XIII ) y Teófano la Reclusa ( siglo XIX ).

La 'Oración de Jesús' fue llevada por misioneros griegos a Rusia, donde en el siglo XX la traducción de la 'Philokalia' y el clásico anónimo del siglo XIX de la espiritualidad ortodoxa rusa 'El Camino de un Peregrino' llamó la atención de Occidente una vez más. a esta forma de oración. John Main lo vio como una forma de orar por la gente común en todos los ámbitos de la vida en lugar de ser solo la propiedad de unos pocos santos.

Es hermoso ver cómo de la misma fuente, la Espiritualidad del Desierto y especialmente la enseñanza de Evagrio, surgió una forma de oración que ahora es considerada tanto por el cristianismo occidental como oriental como una forma auténtica de orar por los cristianos comunes.

Kim Nataraja

sábado

ESCUCHANDO LA VOZ DE DIOS

 El Padre Richard nos recuerda que cuando escuchamos la voz de Dios, se nos da la gracia de “transmitirla” a los demás:



Debemos recibir todas las palabras de Dios con ternura y sutileza, para poder hablar a los demás con ternura y sutileza. Incluso diría que cualquier cosa que se diga con demasiada bravuconería, exceso de seguridad o con cualquier necesidad de controlar o impresionar a otro, nunca es la voz de Dios dentro de nosotros. Si algún pensamiento se siente demasiado duro, vergonzoso o denigrante para nosotros o para los demás, probablemente no sea la voz de Dios. Confía en mí en eso. Esa es simplemente nuestra voz egoica . ¿Por qué los humanos suponen con tanta frecuencia exactamente lo contrario: que las voces vergonzosas son siempre de Dios, y las voces de gracia son siempre la imaginación?
Si algo viene hacia nosotros con gracia y puede pasar a través de nosotros y hacia otros con gracia, podemos confiar en ello como la voz de Dios.
Un hombre santo que vino a visitarme recientemente lo expresó de esta manera: “Debemos escuchar lo que nos está apoyando. Debemos escuchar lo que nos anima. Debemos escuchar lo que nos urge. Debemos escuchar lo que está vivo en nosotros”. Personalmente, fui tan entrenado para no confiar en esas voces que creo que a menudo no escuché la voz de Dios hablándome o lo que Abraham Lincoln llamó los "mejores ángeles de nuestra naturaleza". Sí, una persona narcisista puede y hará un mal uso de tales consejos, pero un verdadero amante de Dios florecerá dentro de ese diálogo.
Debemos aprender a reconocer el flujo positivo y a distinguirlo de la resistencia negativa dentro de nosotros mismos. Puede tomar años, si no toda la vida. Si una voz proviene de la acusación y lleva a la acusación, es simplemente la voz del “acusador”, que es el significado literal de la palabra bíblica “Satanás”. Avergonzar, acusar o culpar simplemente no es la forma en que Dios habla, pero lamentablemente, es demasiado a menudo la forma en que hablamos, con nosotros mismos y entre nosotros. Dios es supremamente no violento, y lo he aprendido de los santos y místicos que he leído, conocido y escuchado. Que mucha gente santa no puede estar equivocada.
Si podemos confiar y escuchar nuestra imagen divina interior, nuestro instinto de creación total o nuestro verdadero yo, actuaremos desde nuestro mejor yo, el más grande, el más amable y el más inclusivo. Hay una voz más profunda de Dios, que debemos aprender a escuchar y obedecer. Sonará como la voz del riesgo, de la confianza, de la entrega, del alma, del sentido común, del destino, del amor, de un íntimo desconocido, de tu ser más profundo. Siempre se sentirá gratuito, y es esta misma libertad la que nos asusta. ¡Dios nunca guía por la culpa o la vergüenza! Dios guía amando el alma en niveles cada vez más profundos, no avergonzando en niveles superficiales.

Richard Rohr

Adaptado de Richard Rohr, The Universal Christ: How a Forgotten Reality Can Change Everything We See, Hope for, and Believe (Nueva York: Convergent, 2019), 87, 88–89; yUn manantial dentro de nosotros: un libro de meditaciones diarias (Albuquerque, NM: CAC Publishing, 2016), 141.

viernes

Frutos de la Meditación por el P. Stefano Cartabia.

SOMOS EN EL

El poder del Nuevo Testamento radica en su sentido dramático del contraste entre antes de la vida de fe en Cristo y la vida transformada por esa fe. San Pedro lo veía como la dramática diferencia entre la muerte y la vida.


"Por eso también se les predicó el evangelio aun a los muertos, para que, a pesar de haber sido juzgados en este mundo por lo que hicieron en vida, vivan conforme a Dios en el espíritu....." 1 Pedro: 4-6




De eso se trata exactamente la meditación – de pasar de la muerte o de la vida a medias, a estar totalmente vivos en el Espíritu de Dios. No debemos nunca despreciar o sentirnos apenados por la total magnificencia de la visión cristiana y de la invitación cristiana. En la meditación vivimos por esa perspectiva y aceptamos la invitación porque la meditación es nuestra total disposición a Dios.

Cuando meditamos, cuando nos sentamos quietos por esas dos medias horas, en la simplicidad de decir nuestro mantra, estamos totalmente disponibles a Dios; totalmente a su disposición. De esto se trata la oración pura: no peticiones, no recriminaciones, no actuaciones, no amenazas, solo ser simples, en total disposición a la maravilla de la última realidad. La meditación es importante para nosotros porque por medio de esta disposición llegamos a la experiencia de la fe.

No se trata solo de creer en Dios o, incluso, de tratar de vivir por la creencia de su Amor. Es saber que somos en Él y que Él es en nosotros y esto es lo que significa vivir en la vida del Amor de Dios. Saberlo personalmente desde las profundidades de nuestro ser, es lo que ganamos en la meditación, y este conocimiento es real.

 
John Main, OSB

Del libro: The Heart of Creation

Traducido por Lucía Gayón

jueves

UNA REALIDAD PRESENTE

 


 Alguien alguna vez argumentó que no había necesidad de moralidad ni de conciencia si no tuviéramos un sentido de futuro. Si pudiéramos ver solamente el presente y viviéramos completamente en el momento actual, alcanzaríamos la bondad aquí y ahora, porque no tendríamos la posibilidad de posponer el momento de conversión a un tiempo futuro indefinido. Tal vez parte de la explicación del fenomenal impacto religioso que tuvo el judaísmo en el mundo sea que en lenguaje hebreo no había tiempo futuro. Este sentido de la presencia eternamente presente de Dios invade tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento. A Moisés, Dios se describe llamándose así mismo “Yo soy el que soy”. Luego añadió: “Tú hablarás así a los israelitas: “Yo soy, me envió a Ustedes” (Éxodo, 3, 14) Jesús no solo predicó el Reino de los cielos como actualmente presente entre los seres humanos, sino que dijo de sí mismo: “Antes que fueran los profetas Yo soy” (Jn. 8,56) Este sentido de la presencia actual del Reino cubre todo el testimonio que un Pablo proclamó: “Este es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación” (2 Cor. 6,2) . Ahora leamos las primeras palabras del primer párrafo del quinto capítulo de la Carta a los >romanos y prestemos especial atención al tiempo que usa: “Justificados entonces por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestros Señor Jesucristo. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracias en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios “(Rom. 5,1-2). El efecto principal de este pasaje, como verán, es llevar nuestra atención en la que estamos ahora, al transportar nuestras mentes a una concentración estable en el momento presente. El extraordinario dinamismo de estas palabras, y de todos los escritos de San Pablo, nos dicen que la maravilla, el esplendor, la inimaginable realidad de nuestra condición aquí y ahora son tan sobrecogedores que apenas podemos mantener nuestra concentración estable. Se nos ha permitido entrar en la esfera de la gracia de Dios, en donde ahora estamos. Jesús ha abierto el camino por nosotros y, a través de su propia experiencia, nos ha incorporado en su estado presente, que es su comunión gloriosa con el Padre en su vida resucitada, vida que ahora penetra la totalidad de la Creación. Nos posicionamos en la esfera de la gracias de Dios porque estamos donde Ël está, y Ël está donde nosotros estamos. Nosotros estamos en ËL y su Espíritu está en nosotros. No obstante, el pasaje que señalé termina con estas palabras: “Exaltémonos en la esperanza del divino esplendor que esta destinado a nosotros”. ¿Por qué parecemos haber pospuesto hasta ahora nuestra entrada en la gracias de Dios? ¿Esta es la retórica de San Pablo haciéndonos tropezar, llevándolo a contradecirse a sí mismo? No, lo que él está diciendo es lo que Dios dijo: “El Reino de los Cielos está entre Uds. está en vuestro interior” Pero deben ser conscientes de ello. Deben de permitir que vuestra conciencia se expanda y evolucione. Ya estamos en la esfera de la gracia de Dios porque el Espíritu ha sido enviado a nuestros corazones. Al haber sido creados a imagen y semejanza de Dios somos llamados a la autoconciencia. Nosotros, por nosotros mismos, debemos de hacernos autoconscientes de lo que Jesús ha alcanzado para nuestro bien. Debemos tomar conciencia de las personas que somos. Éste es el propósito de la meditación, conducirnos a una conciencia plena de quiénes somos y en dónde estamos, para dejar de rondar por los reinos de la eterna postergación. Debemos aterrizar en la realidad concreta del momento presente en donde se nos revela nuestro esplendor divino. Tenemos que permanecer en quietud. Debemos aprender a prestar atención en forma estable y continua a la realidad de nuestra existencia en el aquí y ahora. Pere de Caussade lo llamó: “el sacramento del momento presente”, y es ahí a donde nos conduce el mantra, a la plena conciencia del esplendor divino en el eterno presente. El mantra es nuestro sacramento del presente.

JOHN MAIN OSB

GRACIAS WCCM MEXICO

lunes

EL REGALO DE LAS LAGRIMAS



El objetivo de nuestro viaje espiritual es básicamente el mismo que está expresado en esta frase que escribió Thomas Merton sobre los Padres y Madres del Desierto: “Lo que más anhelaban los padres era su verdadero yo en Cristo. Y para ello tuvieron que renunciar completamente al yo falso, al yo fabricado bajo la compulsión social del mundo”. Necesitamos darnos cuenta de que somos mucho más que nuestro “yo falso y superficial”. El viaje espiritual es la peregrinación hacia ese “verdadero ser en Cristo”.

No todos podemos ir a un desierto real, pero sí podemos entrar en el silencio interior y en la soledad que la meditación nos ofrece para dejar atrás nuestros pensamientos que, con frecuencia, sólo giran alrededor de nuestro “yo” condicionado y, en esa quietud y paz internas, experimentaremos quiénes somos verdaderamente, “nuestro verdadero ser en Cristo”.

La primera señal de sanación es, a menudo, la abundancia de lágrimas. Los Padres y Madres del Desierto lo llamaron “el regalo de las lágrimas”: “Primero reza por el regalo de las lágrimas para que, por medio del dolor, puedas suavizar tu rudeza nativa. Entonces, una vez que has confesado al Señor tus pecados, obtendrás el perdón por ellos” (Evagrio “Tratado sobre la oración”, capítulo 5). Estas lágrimas son las que no derramamos cuando fuimos heridos, pero son más bien una señal de la creciente consciencia y del remordimiento que tenemos por el daño que infligimos a otros cuando actuamos movidos por nuestra propia ignorancia y nuestras heridas. Este reconocimiento, tanto de nuestras heridas como de las que causamos a otros, es el paso más importante en el camino de la sanación.

San Pablo incluso lo llama remordimiento, arrepentimiento, el primer bautismo. Eres bautizado con tus propias lágrimas. “Penthos”, la raíz griega de la palabra “arrepentimiento”, significa tristeza y dolor. Esto no tiene nada que ver con la culpa. De hecho, la culpa es un producto del ego. Al acusarnos de nuestros malos actos nos demostramos a nosotros mismos que no somos dignos. Y esto se confirma en nuestra baja autoestima. En lugar de buscar la sanación y el perdón nos atrincheramos en nuestro dañino auto-rechazo. Sin embargo, el verdadero remordimiento conduce al perdón inmediato, como vemos en lo dicho anteriormente.

No había duda en lo que pensaban los Padres del Desierto sobre esto:

Un soldado preguntó al anciano: ¿Acepta Dios el arrepentimiento? El anciano le responde: dime, querido, si tu ropa se rompe, ¿la tiras? La respuesta del soldado fue: no, la remiendo y la sigo usando. Y el anciano le dijo: si tú ahorras en tu propia vestimenta, ¿no crees que Dios sería amable con alguien hecho a su imagen?” (Vitae Patrum).

El segundo bautismo, según San Pablo, es el bautismo del Espíritu que sólo es posible después de que nuestras lágrimas hayan ablandado la dureza de nuestro corazón, nuestra rudeza, y nos hayan ayudado a dejar atrás nuestro egocentrismo. Entonces el velo se levanta momentáneamente y se nos concede una experiencia dada por la gracia sobre “nuestro verdadero ser en Cristo” cuando llegamos a ser conscientes y estar abiertos a la influencia sanadora y amorosa del Espíritu que inunda nuestro verdadero centro en un momento vitalmente transformador.


Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

domingo

LAS RAICES DE LA MEDITACION CRISTIANA

 Hemos estado viendo algunos de los aspectos esenciales de la meditación. Todos ellos se basaron en las enseñanzas de la Iglesia primitiva y de los Padres y Madres del Desierto, especialmente en las enseñanzas de Evagrius, el maestro de Casiano y uno de los Padres del Desierto más influyentes. Pero, ¿qué hizo que los primeros cristianos se mudaran al desierto en el siglo IV DC, primero alrededor de Alejandría y luego en Palestina y Siria?



Era el deseo de llevar una auténtica vida cristiana basada en la enseñanza de Jesús y por tanto en una profunda oración contemplativa. Pero seguir verdaderamente a Cristo también fue visto como seguirlo a su muerte; el "martirio" era un motivo importante. 'La vida de Pacomio' describe el efecto que los mártires tuvieron en la fe de los cristianos y en la vida que querían llevar: “La fe aumentó mucho en las iglesias de todos los países y empezaron a aparecer monasterios y lugares para ascetas, para los que estaban los primeros monjes habían visto la resistencia de los mártires.”

Desde la adopción del cristianismo por parte de Constantino, la persecución había cesado.   Aquellos que optaron por retirarse al desierto vieron ir allí y renunciar a todo lo que se consideraba   esencial en la vida (familia, matrimonio, una función activa en la sociedad y poseer propiedades) como un tipo alternativo de martirio, un martirio 'blanco' en oposición. al 'martirio rojo' de los mártires reales. 

Además, Constantino estaba invirtiendo dinero en la construcción de iglesias y apoyando financieramente a los obispos, un hecho que cambió todo el carácter de la Iglesia primitiva. El número de cristianos practicantes aumentó en las décadas siguientes de 3 a 30 millones. Llegó a ser bastante ventajoso ser cristiano.

San Juan Crisóstomo expresó su consternación por este cambio con mucha fuerza en sus 'Homilías en Éfeso' : “Plagas llenas de daños indecibles han venido sobre las iglesias. Las oficinas principales se han convertido en comercializables. La riqueza excesiva, el enorme poder y el lujo están destruyendo la integridad de la Iglesia”.

Algunos cristianos comprometidos no solo estaban preocupados por el cambio de posición del cristianismo, sino que también estaban consternados por la creciente decadencia de la sociedad: “La sociedad era considerada (por los Padres del Desierto) como un naufragio del que cada hombre individual tenía que nadar para salvar su vida. .” (Tomás Merton)

Esto fue un incentivo adicional para que fueran y vivieran el mensaje evangélico en la soledad del desierto egipcio con el dicho de San Pablo como regla de vida: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestras mentes. ” (Romanos 12:2).

Sin embargo, la necesidad de retirarse e intensificar la práctica espiritual no fue solo una reacción a la situación en la que se encontraban los primeros cristianos; también parece ser un desarrollo natural que ocurre con el tiempo.

Kim Nataraja

DIOS ES EL CENTRO DE MI ALMA

 


“Dios es el Centro de mi Alma”. Extracto de “El Camino de lo Desconocido” de John Main, OSB 
(New York: Crossroad, 1990) págs. 18-20.

En sus reflexiones sobre la naturaleza de la meditación, San Juan de la Cruz escribió: “Dios es el centro de mi alma”. Uno de los grandes dilemas religiosos de nuestro tiempo es que aquellos de nosotros que nos creemos religiosos estamos tratando de entender a Dios con nuestra mente, y, por otra parte, aquellos que no son abiertamente religiosos, rechazan a Dios en sus vidas. Lo que todos nosotros debemos descubrir es que la única forma que tenemos para poder hablar de Dios de un modo significativo es si lo descubrimos dentro de nosotros. Al descubrirnos a nosotros mismos, al descubrir nuestra propia capacidad para ser más plenos, encontramos a Aquél que es. En ese descubrimiento nos liberamos…

La meditación es una maravillosa oportunidad para todos nosotros porque al regresar a nuestro origen, a las raíces de nuestro ser, volvemos a nuestra inocencia. La llamada a la meditación, para los primeros Padres de la Iglesia, fue una llamada a la pureza del corazón y eso es precisamente la inocencia: la pureza del corazón.

Una visión sin las nubes del egoísmo, del deseo o de las imágenes, un corazón simplemente movido por el amor. La meditación nos conduce a la claridad pura, la claridad de la visión, la claridad de la comprensión y la claridad del amor; una claridad que viene de la sencillez. Y comenzar a meditar no requiere nada más que la simple determinación de comenzar y, después, de continuar.

Permitidme recordaros en qué consiste. La meditación es el camino de la atención. En la meditación vamos más allá de los pensamientos, más allá del deseo y de la imaginación y en ese más allá comenzamos a saber quiénes somos aquí y ahora en Dios “en quien vivimos y nos movemos y en quien tenemos nuestro ser” (Hechos 17,28). El camino de la sencillez es el camino de la palabra única, la repetición de una palabra. Es la recitación y la fe con la que pronunciamos la palabra cada mañana y cada tarde lo que nos conduce más allá del estruendo de las palabras, más allá del laberinto de las ideas, hacia la unidad.

Los grandes problemas de la vida surgen de la incapacidad para comunicarnos -de comunicarnos incluso con nosotros mismos- y la meditación es el camino para llegar a la plena comunión, a la unidad del ser. En la meditación y en la vida enriquecida por la meditación somos plenamente nosotros mismos, quienesquiera que seamos.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España