viernes

ARRAIGADOS EN EL


La gente religiosa muy a menudo se confunde al pensar que la religión implica un “aplacar” a Dios o mantenerlo contento, o distraerlo para que no nos castigue.  Entonces la gente religiosa tiende a estar muy ocupada en ceremonias y liturgias. 

 
Pero debemos entonces aprender a estar quietos y a estar arraigados en el conocimiento de que no tenemos que aplacar a Dios, o distraerlo.  Solo tenemos que responder a su Amor infinito.  Respondemos con total atención, con total quietud, sin pensar en su Amor, pero abriéndonos a su Amor; no pensando en su misericordia, pero recibiéndola.
 
Lo que tenemos que comprender es que en el tiempo de la meditación, no debemos de pensar en nada.  Este es el momento del día para poner total atención, total apertura, para recibir el Amor total. 
 
La experiencia cristiana es, en esencia, el conocimiento de que Dios es Amor y de que Él vive en nuestro corazón.  Nuestro llamado, entonces, es más que un diálogo con Él; es estar en unión con Él.  Ser uno con Él es estar en unión con Él.  Para ser uno con Él uno debe llegar la plenitud de nuestra propia creación. Cada uno debemos de experimentar nuestra propia armonía con el fin de que podamos estar en armonía con Él.  El camino cristiano es un camino en el que cada uno de nosotros se hace íntegro al estar completamente estable, completamente arraigado a la verdad, en bondad, en justicia.  De hecho, en Dios.
 
La meditación es simplemente el tiempo para percatarnos de este arraigo.  Al sentarnos, entramos a la estabilidad del ser que da fruto en la magnánima y firme confianza.  “¿Quién nos puede separar del Amor de Cristo?”  No hay ningún poder ni en el cielo ni en la tierra o lo que podamos imaginar.  Absorbe esta confianza en las palabras de San Pablo en su carta a los colosenses:
 
´Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;  arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.  Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad´. (Col. 2:6 -7-9).
 
La meditación es simple y pura apertura a la plenitud de la perfección que es nuestra en Cristo.

 
John Main, OSB
Del libro: The Heart of Creation
Canterbury Press, 2007
Traducido por Lucía Gayón

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