domingo

JOHN MAIN OSB - ESCRITOS Y ENSEÑANZAS

 


Existen diferentes niveles de distracción. Primero está la distracción que proviene de la inmediatez de nuestras vidas: el último programa de televisión que estábamos viendo, la publicidad, los periódicos, la conversación que estábamos teniendo. Debemos dejar todo eso de lado mientras escuchamos el mantra. Luego están las distracciones personales: los problemas de nuestras relaciones, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra carrera, la soledad que podemos sentir. Todo eso también debemos dejarlo atrás al entrar en la presencia, la presencia del Uno que es, que es amor.

Después están las distracciones espirituales: preguntarnos sobre nuestro progreso espiritual, comparar nuestra experiencia con la de otros, analizar el estado en el que nos encontramos o cualquier otra cosa. Todas esas distracciones debemos soltarlas y lo hacemos siendo realmente fieles a nuestro mantra. Si te das cuenta de que estás pensando en el programa de televisión o en algún problema familiar o sobre tu progreso espiritual, déjalo de inmediato y regresa al mantra: ma-ra-na-tha.

La mayor de todas las distracciones es la autoconciencia y esto surge por la tendencia que todos tenemos de mirarnos a nosotros mismos, mientras que en la meditación miramos más allá de nosotros hacia Dios. El mantra amplía nuestra visión más allá de nosotros mismos. Todos esos primeros tipos de distracción eran externas. La autoconciencia es interna. El poder de la meditación es que aborda la fuente de toda distracción en su raíz, y la raíz es la autoconciencia. Al meditar, aprendemos a dejar de pensar en nosotros mismos, a emprender un viaje, mirando hacia adelante y permaneciendo en el viaje. La garantía de permanecer en el viaje es que decimos nuestro mantra, seguimos diciendo nuestro mantra y constantemente regresamos a él.

Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 65

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