A menudo surge la pregunta: ¿dónde dice en las Escrituras cristianas que la meditación es una forma aceptable de oración? Los Padres y Madres cristianos del desierto del siglo IV d.C., cuya vida y formas de oración se basaban en gran medida en las enseñanzas de Jesús, ponen de manifiesto en sus dichos el valor y la validez de la meditación, como descubrió John Main en los escritos de Juan Casiano, especialmente en las Conferencias IX y X. Pero lo esencial del camino contemplativo, al que conduce la meditación, es mencionado claramente en el Evangelio: silencio, quietud, interioridad, ausencia de pensamientos, énfasis en pocas palabras, repetición, soledad, alerta, permanencia en el momento presente, atención unidireccional y unión.
Aquí se incluyen algunas citas de los evangelios para que cada uno encuentre la suya propia:
Importancia del silencio:
Salmos 46,10: «Estad quietos y reconoced que yo soy Dios»
Salmos 131,1-2: “Ciertamente he puesto mi alma en silencio y en paz. Como un niño destetado en brazos de su madre así es mi alma».
Zacarías 2,14-15/17: «Calla toda la humanidad ante el Señor porque él está despertando y viene de su santa morada».
1 Reyes 19,12: “Una voz apacible y delicada”.
Interioridad / espíritu interior:
Mateo 6,6: “Cuando ores entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu padre, que está allí en el lugar secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
Lucas 17,20-21: “El Reino de Dios no vendrá de forma espectacular, ni se podrá decir: ‘¡está aquí, o allí’. Porque, de hecho, el Reino de Dios está dentro de ti».
1 Corintios 3,16: «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?».
Efesios 1,17-18: “Ruego que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda un espíritu de sabiduría y una revelación que os permita conocerlo plenamente. Oro para que ilumine los ojos de vuestro corazón».
Pocas palabras / pobreza de espíritu:
Mateo 6, 7-8: “Y al orar, no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va a escuchar por hablar mucho”.
Lucas 18,10-14 (fragmento que recoge la comparación de la oración del fariseo y la del publicano): «Oh Dios, ten misericordia de mí que soy un pecador».
Oración incesante:
1Tesalonicenses 5,17: “Orad en todo momento”.
Romanos 12,12: “Vivid alegres por la esperanza, sed pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración”.
Lucas 18,1-8 (parábola del juez y la viuda): “Para mostrarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola”.
Importancia de la soledad:
Lucas 6,12: “Por aquellos días, Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche en orando a Dios”.
Atención:
Marcos 33: «Estad alerta, estad despiertos».
Mateo 1-13: “Entonces, manteneos despiertos porque no sabéis el día ni la hora».
Permanecer en el momento presente:
Mateo 6, 25: “Por tanto, os pido que no os preocupéis por lo que comeréis o beberéis, ni por la ropa que vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?”.
Silenciar pensamientos / dejar atrás la autoconciencia:
Lucas 9,23: «Si alguno desea seguirme, debe dejar atrás el yo».
Humildad, confianza, atención puntual:
Mateo 18,3: «Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos».
Unidad con Dios y con los demás / integridad:
Juan 17,21: “Que todos seamos uno; como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, así también que ellos sean uno en nosotros”.
Objetivo de la oración / meditación:
Juan 10,10-11: «Yo he venido para que los hombres tengan vida y la tengan en toda su plenitud».
Mateo 6,33: «Pon tu mente en el Reino de Dios y su justicia antes que nada y todo lo demás se te dará por añadidura».
Salmo 116,8: «En la presencia del Señor andaré en la tierra de los vivos».
Mateo 5,3: “Dichosos los pobres en el Espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos».
Mateo 5,8: «Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios».
Kim Nataraja
Foto : San Juan (Argentina)

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