domingo

EL SILENCIO DEL ALMA (LAURENCE FREEMAN OSB)


 Una de las razones por las que el silencio nos resulta tan inquietante es porque tan pronto comenzamos a permanecer en silencio, experimentamos la relatividad de nuestra mente. Con nuestra mente medimos las coordenadas de espacio y tiempo, calculamos probabilidades y juzgamos nuestros aciertos y nuestros fallos. Es un nivel de la conciencia muy importante y útil. Nos resulta tan provechoso y familiar que tendemos a creer que es todo lo que hay en nosotros: toda nuestra mente, nuestro verdadero yo, nuestro significado pleno.

La vida, el amor y la muerte con frecuencia nos enseñan la verdad. Nos topamos con el silencio en muchos giros inesperados en nuestro camino por la vida, de formas impredecibles y con personas insospechadas. Este encuentro a veces puede resultar emocionante y maravillarnos pero otras puede llegar a ser aterrador.

Nuestros pensamientos, miedos, fantasías, esperanzas, enfados y deseos aparecen y desaparecen constantemente. Nos identificamos de manera inconsciente con estos estados fugaces y compulsivos sin pararnos a pensar en lo que realmente estamos pensando. Cuando el silencio nos enseña lo irreales que son estos estados transitorios, nos enfrentamos a la temida pregunta de “qué somos”. En el silencio debemos enfrentarnos a la terrible posibilidad de nuestra propia irrealidad.

El pensamiento budista considera esta experiencia -lo que denomina “anatman” o “no ser”-como el pilar fundamental de la sabiduría en el camino de liberación del sufrimiento y uno de los medios esenciales para alcanzar la iluminación.

Al budista practicante se le anima a buscar esta sensación de fugacidad interior y, en lugar de huir de ella, dejarse llevar, igual que hicieron el Maestro Eckhart y muchos grandes místicos cristianos.

Es perfectamente comprensible que anatman sea la idea budista con la que muchas personas tienen la mayor parte de sus problemas. Qué absurdo, ¡qué terrible y qué sacrilegio decir que no existo! De hecho, mucho del antagonismo cristiano a anatman no tiene fundamento o se basa en una interpretación equivocada.

Anatman no significa que no existamos, sino que no existimos como seres independientes y autónomos, que es la existencia que al ego le gusta imaginar, la fantasía de “ser Dios” con la que la serpiente tentó a Eva. Es la soberbia de la que personas religiosas, a menudo, son víctimas.

Yo no existo por mí mismo … porque Dios es la base de mi ser. A la luz de esta visión, recordamos las palabras de Jesús en el Nuevo Testamento, con una percepción más profunda.

“Si alguno de vosotros quiere seguirme, debe negarse a sí mismo; deberá cargar con su cruz cada día y seguirme. Porque el que pierda su vida por mi causa, la salvará” (Lucas 9: 23-24).

Si a través del silencio podemos abrazar esta verdad de anatman, haremos importantes descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia. Descubriremos que la conciencia, el alma, es más que la increíble capacidad de lógica, cálculo y juicio del cerebro. Somos más de lo que pensamos. La meditación no es lo que pensamos.

Traducido por WCCM España

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