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LA WCCM ARGENTINA JUNTO A NUESTROS HNOS. DE VENEZUELA

 


LOS DOS SILENCIOS DE DIOS


 Extracto del libro de John Main OSB “El Camino de lo Desconocido” (New York: Crossroad, 1990) Págs. 6-8


Vivimos en un mundo nada silencioso. Vivimos en un entorno ruidoso en el que oímos todo al mismo tiempo y, sin embargo, no escuchamos nada. A pesar de ello, cada uno de nosotros es llamado a un estado de oración, de atención pura, de expansión del espíritu hacia el eterno silencio de Dios.

Hay, además, otro tipo de silencio, un silencio que no surge de la presencia sino de la ausencia, cuando parece que Dios se ha retirado. Es una realidad en la que no sentimos su estar. Es tan solo una sensación de que se ha retirado de nuestro mundo, de nuestra conciencia … También es maravilloso sentir la infinitud de Dios llenándonos de una calma infinita, de un sentido profundo. Este es un regalo, sin embargo, que no podemos poseer.

Con la meditación aprendemos, a medida que recorremos camino, a sentirnos igualmente contentos con cualquiera de estas dos formas de silencio – con el sentido de la presencia infinita de Dios y también con el sentido infinito de su ausencia. Al principio, nos cuesta porque no hemos aprendido aun mucho sobre el desapego. Esperamos siempre la satisfacción en nuestra meditación. Esperamos comprobar que funciona, que ahora conocemos a Dios, y que ya hemos aprendido a vivir en su presencia. Precisamente, la segunda forma de silencio, su ausencia, es necesaria para purificarnos, para que aprendamos a amar a Dios desinteresadamente como él nos ama y se ama a sí mismo. Él nos enseña a ser fuertes en el amor y en la fidelidad y a asegurarnos que amamos a Dios por él mismo y en él mismo y no solo por las manifestaciones de su presencia que tanto nos satisfacen.

Para madurar a cualquier nivel, debemos crecer a través de todas las dificultades que nos generan los cambios y las pérdidas, todos los sentimientos, las emociones y los pensamientos que provocan y, así, acabar aprendiendo a amar a Dios con fortaleza y simplicidad. Parte de la disciplina de decir el mantra es que nos enseña a permanecer en ese amor. Nada nos sacudirá de nuestra convicción de que Dios es, que Dios es Amor, y que su amor habita en nuestros corazones. Si nos comprometemos, el sentido de ausencia fortalecerá nuestra fé en Dios enseñándonos a conocerlo más plenamente.

Habiendo llegado a este grado de profundidad de nuestra fe, nos será indiferente que tengamos un sentido de su presencia cercana o un sentido de su ausencia. Ya sea que se encuentre cerca o lejos, los sentimientos no afectarán la disciplina que traemos a la práctica de la meditación porque nuestra convicción no estará fundamentada en sentimientos sino en hechos – el hecho de que él es Dios todo-misericordioso, todo-amoroso y todo-compasivo.

Los dos silencios, pues, son igualmente poderosos en enseñarnos. El silencio de las revelaciones nos llena de maravilla y el silencio de la ausencia nos enseña fidelidad. La Palabra siempre está presente en ambos.

Traducido por WCCM España

¿COMO APRENDIO A MEDITAR JOHN MAIN?


 John Main se introdujo en la Meditación cuando trabajaba para el Servicio de Asuntos Exteriores Inglés en Malasia. Durante su destino allí, conoció a Swami Satyananda, fundador de la “Sociedad de la Vida Pura”, quien llevaba una vida espiritual de servicio a los demás. John Main quedó muy impresionado por la serenidad y la santidad que poseía este monje. Comenzaron a dialogar sobre la oración, especialmente sobre el modo de orar del Swami, con la repetición de un mantra durante todo el tiempo de la meditación.

John Main consultó al Swami si él, como cristiano, podría orar de este modo. El Swami le respondió riéndose que esa forma de oración sólo haría que fuera un mejor cristiano.

En su libro “Meditación Cristiana. Conferencias de Getsemaní”, John Main describe como el Swami resaltaba la importancia de meditar cada mañana y cada tarde durante media hora. Decía: “Si te lo tomas en serio y deseas arraigar el mantra en tu corazón, ése es el mínimo tiempo que necesitarás. Durante la meditación no debe haber en tu mente ni pensamientos, ni palabras, ni imaginaciones. El único sonido será el de tu mantra, tu palabra. Es como una armónica. A medida que hacemos sonar esta armónica dentro de nosotros comenzamos a dejar que resuene en nuestro interior. Esta resonancia nos conduce entonces más allá … hacia nuestra propia unidad… Comenzaremos a experimentar la profunda unidad que todos poseemos en nuestro propio ser. Y entonces, la armónica comenzará a resonar entre tú, el resto de las criaturas y toda la creación y, así, se creará una unidad entre tú y tu Creador”.

Este fue el comienzo del viaje de Meditación de John Main. La Meditación le condujo al silencio que guía a la oración contemplativa, a la oración profunda, a la oración en el silencio. La meditación llegó a ser el pilar principal de su vida de oración y de toda su existencia y, finalmente, decidió hacerse monje.

En aquella época, la meditación no era aceptada como una forma de oración cristiana y tuvo que renunciar a ella cuando inició su noviciado en el monasterio, de acuerdo con el espíritu de obediencia de la Regla de San Benito. Aunque echaba mucho de menos la meditación, vivió su renuncia como un aprendizaje del desapego. “Aprendí a separarme de la práctica, que era sagrada para mí, y sobre la cual deseaba construir toda mi vida. En cambio, aprendí a construir mi vida sobre Dios mismo”

Muchos años después, descubrió, con inmensa alegría, esta forma de oración que el Swami le había enseñado en los escritos de Juan Casiano, un monje cristiano, Padre del Desierto del siglo IV.  En estos textos John Main leyó acerca de “la práctica de recitar una única palabra para alcanzar el silencio necesario para la oración”. Sintió que regresaba a casa una vez más y recuperó la práctica del mantra.

John Main fue pionero en compartir esta forma de oración a través de grupos de meditación, libros y retiros, no sólo con los monjes sino también con personas laicas, jóvenes y ancianos. Tras su muerte, en 1982, el Padre Laurence Freeman se hizo cargo de continuar su misión y se convirtió en el guía espiritual de la Comunidad y, en 1991, fundó la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana.  

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

EL SILENCIO DEL ALMA (LAURENCE FREEMAN OSB)


 Una de las razones por las que el silencio nos resulta tan inquietante es porque tan pronto comenzamos a permanecer en silencio, experimentamos la relatividad de nuestra mente. Con nuestra mente medimos las coordenadas de espacio y tiempo, calculamos probabilidades y juzgamos nuestros aciertos y nuestros fallos. Es un nivel de la conciencia muy importante y útil. Nos resulta tan provechoso y familiar que tendemos a creer que es todo lo que hay en nosotros: toda nuestra mente, nuestro verdadero yo, nuestro significado pleno.

La vida, el amor y la muerte con frecuencia nos enseñan la verdad. Nos topamos con el silencio en muchos giros inesperados en nuestro camino por la vida, de formas impredecibles y con personas insospechadas. Este encuentro a veces puede resultar emocionante y maravillarnos pero otras puede llegar a ser aterrador.

Nuestros pensamientos, miedos, fantasías, esperanzas, enfados y deseos aparecen y desaparecen constantemente. Nos identificamos de manera inconsciente con estos estados fugaces y compulsivos sin pararnos a pensar en lo que realmente estamos pensando. Cuando el silencio nos enseña lo irreales que son estos estados transitorios, nos enfrentamos a la temida pregunta de “qué somos”. En el silencio debemos enfrentarnos a la terrible posibilidad de nuestra propia irrealidad.

El pensamiento budista considera esta experiencia -lo que denomina “anatman” o “no ser”-como el pilar fundamental de la sabiduría en el camino de liberación del sufrimiento y uno de los medios esenciales para alcanzar la iluminación.

Al budista practicante se le anima a buscar esta sensación de fugacidad interior y, en lugar de huir de ella, dejarse llevar, igual que hicieron el Maestro Eckhart y muchos grandes místicos cristianos.

Es perfectamente comprensible que anatman sea la idea budista con la que muchas personas tienen la mayor parte de sus problemas. Qué absurdo, ¡qué terrible y qué sacrilegio decir que no existo! De hecho, mucho del antagonismo cristiano a anatman no tiene fundamento o se basa en una interpretación equivocada.

Anatman no significa que no existamos, sino que no existimos como seres independientes y autónomos, que es la existencia que al ego le gusta imaginar, la fantasía de “ser Dios” con la que la serpiente tentó a Eva. Es la soberbia de la que personas religiosas, a menudo, son víctimas.

Yo no existo por mí mismo … porque Dios es la base de mi ser. A la luz de esta visión, recordamos las palabras de Jesús en el Nuevo Testamento, con una percepción más profunda.

“Si alguno de vosotros quiere seguirme, debe negarse a sí mismo; deberá cargar con su cruz cada día y seguirme. Porque el que pierda su vida por mi causa, la salvará” (Lucas 9: 23-24).

Si a través del silencio podemos abrazar esta verdad de anatman, haremos importantes descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia. Descubriremos que la conciencia, el alma, es más que la increíble capacidad de lógica, cálculo y juicio del cerebro. Somos más de lo que pensamos. La meditación no es lo que pensamos.

Traducido por WCCM España

domingo

¿QUE ES LA ORACION ?

 Una definición muy antigua de la oración la describe como “la elevación del corazón y la mente a Dios”. Y ¿qué es la mente, qué es el corazón? La mente es lo que piensa, cuestiona, planea, se preocupa, imagina. El corazón es el que sabe, el que ama. La mente es el órgano del conocimiento y el corazón, el órgano del amor. La conciencia mental debe abrirse y dejar paso a una forma más profunda de conocimiento que es la conciencia del corazón. El Amor es el conocimiento completo.

La mayor parte de nuestra práctica y entrenamiento en la oración se limita a la mente. Cuando éramos pequeños nos enseñaron a rezar nuestras oraciones pidiendo a Dios lo que necesitábamos para nosotros o para los demás. Pero esto es solo una parte del misterio de la oración.

La otra dimensión es la oración del corazón, donde no pensamos en Dios, ni hablamos con Él, ni le pedimos nada. Simplemente somos con Dios, que habita en nosotros, en el Espíritu Santo que Jesús nos entregó.

El Espíritu Santo es el Amor, la relación de amor que fluye entre el Padre y el Hijo. Y éste, es el Espíritu de Jesús que ha sido “insuflado” en cada corazón humano. La meditación, es entonces, la oración del corazón que nos une con la conciencia humana de Jesús, en el Espíritu. “No sabemos cómo rezar, pero el Espíritu mismo ora dentro de nosotros” (Romanos 8,26).

El Espíritu Santo en la Iglesia moderna, particularmente a partir del Concilio Vaticano de principios de los años 60, nos ha ido enseñando a recuperar esta otra dimensión de la oración. Los escritos del Concilio sobre la Iglesia y la Liturgia enfatizan la necesidad de desarrollar “una dimensión contemplativa” en la vida espiritual del cristiano actual. Todos estamos llamados a la plenitud de la experiencia de Cristo, cualquiera que sea nuestro modo de vida

Debemos, por tanto, ir más allá del nivel mental de oración: el de hablar con Dios, pensar en Dios, o pedir a Dios lo que necesitamos. Debemos profundizar a donde el espíritu de Jesús mismo está orando en nuestros corazones, en el profundo silencio de su unión con el Padre, en el Espíritu Santo.

La oración contemplativa no es un privilegio de los monjes o de personas especialmente místicas. Es una dimensión de la oración a la que todos estamos llamados. No se trata de experiencias extraordinarias o estados alterados de conciencia. Es lo que Santo Tomás de Aquino llamó “el simple gozo de la verdad”. William Blake hablaba de la necesidad de “limpiar las puertas de la percepción” para llegar a ver todo como realmente es: infinito.

Así es como podemos vivir la conciencia contemplativa en nuestra vida ordinaria. La meditación nos conduce a ello y esto forma parte del misterio total de la oración en la vida de toda persona que busque la plenitud del ser.

Extracto de Laurence Freeman OSB

“Meditación Cristiana-Práctica Diaria”.

Traducido por WCCM España