domingo

LOS DOS SILENCIOS DE DIOS


 Extracto del libro de John Main OSB “El Camino de lo Desconocido” (New York: Crossroad, 1990) Págs. 6-8


Vivimos en un mundo nada silencioso. Vivimos en un entorno ruidoso en el que oímos todo al mismo tiempo y, sin embargo, no escuchamos nada. A pesar de ello, cada uno de nosotros es llamado a un estado de oración, de atención pura, de expansión del espíritu hacia el eterno silencio de Dios.

Hay, además, otro tipo de silencio, un silencio que no surge de la presencia sino de la ausencia, cuando parece que Dios se ha retirado. Es una realidad en la que no sentimos su estar. Es tan solo una sensación de que se ha retirado de nuestro mundo, de nuestra conciencia … También es maravilloso sentir la infinitud de Dios llenándonos de una calma infinita, de un sentido profundo. Este es un regalo, sin embargo, que no podemos poseer.

Con la meditación aprendemos, a medida que recorremos camino, a sentirnos igualmente contentos con cualquiera de estas dos formas de silencio – con el sentido de la presencia infinita de Dios y también con el sentido infinito de su ausencia. Al principio, nos cuesta porque no hemos aprendido aun mucho sobre el desapego. Esperamos siempre la satisfacción en nuestra meditación. Esperamos comprobar que funciona, que ahora conocemos a Dios, y que ya hemos aprendido a vivir en su presencia. Precisamente, la segunda forma de silencio, su ausencia, es necesaria para purificarnos, para que aprendamos a amar a Dios desinteresadamente como él nos ama y se ama a sí mismo. Él nos enseña a ser fuertes en el amor y en la fidelidad y a asegurarnos que amamos a Dios por él mismo y en él mismo y no solo por las manifestaciones de su presencia que tanto nos satisfacen.

Para madurar a cualquier nivel, debemos crecer a través de todas las dificultades que nos generan los cambios y las pérdidas, todos los sentimientos, las emociones y los pensamientos que provocan y, así, acabar aprendiendo a amar a Dios con fortaleza y simplicidad. Parte de la disciplina de decir el mantra es que nos enseña a permanecer en ese amor. Nada nos sacudirá de nuestra convicción de que Dios es, que Dios es Amor, y que su amor habita en nuestros corazones. Si nos comprometemos, el sentido de ausencia fortalecerá nuestra fé en Dios enseñándonos a conocerlo más plenamente.

Habiendo llegado a este grado de profundidad de nuestra fe, nos será indiferente que tengamos un sentido de su presencia cercana o un sentido de su ausencia. Ya sea que se encuentre cerca o lejos, los sentimientos no afectarán la disciplina que traemos a la práctica de la meditación porque nuestra convicción no estará fundamentada en sentimientos sino en hechos – el hecho de que él es Dios todo-misericordioso, todo-amoroso y todo-compasivo.

Los dos silencios, pues, son igualmente poderosos en enseñarnos. El silencio de las revelaciones nos llena de maravilla y el silencio de la ausencia nos enseña fidelidad. La Palabra siempre está presente en ambos.

Traducido por WCCM España

No hay comentarios: