Vista desde fuera, la meditación puede parecer un estado estático, uno en el que se hubieran cerrado las puertas de la percepción. Pero por experiencia propia sabemos que la meditacion está muy lejos de ser algo estático. Se comprende mucho mejor como un despertar dinámico a la plenitud de tu propio potencial de desarrollo. La expansión de nuestro espíritu en el amor de Jesús es esa plenitud. La sencillez, la confianza propia de un niño y el asombro son los caminos para alcanzarla.
No buscamos que ocurra nada, ni intuiciones ni sabiduría. No analizamos ningún fenómeno superficial o externo. Todo eso es trivial comparado con el conocimiento del Espíritu que habita en nosotros, un conocimiento que surge cuando apartamos la mente de lo temporal y pasajero y abrimos el corazón a lo que perdura: Dios y el amor de Dios por cada uno de nosotros. Así es como descubrimos nuestro amor por todos nuestros hermanos y hermanas: sabiéndonos amados.
Fuente: Word Made Flesh. Silence and Stillness in Every Season, página 219

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