domingo

ATENCION Y AMOR - LAURENCE FREEMAN OSB


 Es fundamental que reflexionemos sobre el significado de la atención, porque la atención se encuentra verdaderamente en el centro del sentido humano. No se trata de tecnología, ni de riqueza, ni de fama, ni de éxito. Todo eso pierde importancia cuando nos enfrentamos a una crisis de vida o muerte. Lo que importa es este encuentro, esta conexión, a través del amor, a través de la atención, entre nosotros, creando así un portal, una puerta por la que Dios puede entrar en el mundo. Y por eso, cada uno de nuestros grupos de meditación y nuestras comunidades nacionales pueden ser, y de hecho son, un portal, una puerta, ya sea que se reúnan en una parroquia, en un hogar, en una escuela o en línea; son una apertura sencilla pero maravillosa a lo Divino, permitiendo que el amor divino, la atención divina, entre en la condición humana, en el mundo tal como lo conocemos.


Por eso, el primer nivel de consciencia que encontramos al meditar, el primer paso hacia el autoconocimiento, resulta un tanto impactante, pues descubrimos que nuestra capacidad de atención es muy limitada. Y esto se prolonga durante unos 40 o 50 años. En ese primer nivel de atención, nos damos cuenta de lo distraídos que estamos. Mucha gente abandona la meditación de inmediato. Ese es el primer nivel de consciencia al que debemos enfrentarnos: nuestro alto grado de distracción. Este es uno de los temas que abordaremos durante estos retiros: los niveles de consciencia.


El segundo aspecto relacionado con esto es, más bien teológico, los niveles de conciencia. Podríamos decir que así es como lo experimentamos psicológicamente. Pero teológicamente, vamos a analizar el segundo nivel, que son los frutos del Espíritu. Y recuerden cuál es el primer fruto del Espíritu: el amor.


Me gustaría que te quedaras con una sola idea: es la equivalencia entre amor y atención. Son lo mismo. Prestar atención es amar; amar es prestar atención.

martes

JJOHN MAIN - 100 AÑOS

 


JOHN MAIN - MOMENTO DE CRISTO

 


Meditación significa permanecer en el centro, estar arraigado en el centro de nuestro propio ser, y contemplación es estar en el templo con él. El templo es tu propio corazón, tu propio centro. La esencia de ese estar con él en la visión de la Iglesia primitiva es la de una unificación absoluta, una unidad con el Absoluto. Debemos tratar de proclamar al mundo que es nuestro destino ser así divinizados haciéndonos uno con el Espíritu de Dios

lunes

ESPACIO PARA SER

 


Del libro de John Main “Momento de Cristo”.


Para conocernos y entendernos a nosotros mismos y … para poner a nuestros problemas y a nosotros mismos en perspectiva, hemos de entrar en contacto con nuestro espíritu. Todo autoconocimiento surge de la comprensión de nosotros como seres espirituales. Sólo a través de nuestra conexión con el Espíritu Santo recibiremos la profundidad y amplitud para poder comprender… El camino no entraña dificultad. Es muy simple. Pero requiere de un fuerte compromiso por nuestra parte…

La maravillosa revelación que está ahí esperando a ser descubierta por todos nosotros cuando emprendemos el camino con disciplina es que nuestro espíritu ya está enraizado en Dios y que cada uno de nosotros tiene un destino y un significado eterno. Este es el descubrimiento principal que cada uno de nosotros debe hacer, que nuestra naturaleza tiene un potencial infinito para desarrollarse y que este proceso sólo podrá llegar si realizamos la peregrinación a nuestro propio centro… Es sólo allí, en la profundidad de nuestro ser, dónde podremos descubrirnos enraizados en Dios.

La meditación es el camino que nos lleva a contactar con nuestro espíritu. En esa conexión encontramos la integración de todo nuestro ser, encontramos la armonía en todo cuanto experimentamos, y que toda nuestra existencia está alineada en Dios.

El camino de la meditación es muy sencillo. Todo lo que tenemos que hacer es permanecer tan quietos como podamos, en cuerpo y espíritu … Aprender a meditar es aprender a dejar atrás nuestros pensamientos, ideas e imaginación y descansar en la profundidad de nuestro propio ser. Recuerda siempre esto. No pienses, no utilices más palabras que la propia e única palabra, no imagines nada. Sólo escucha, pronuncia la palabra en la profundidad de tu espíritu y escúchala. Concéntrate en ella con toda tu atención.

¿Porqué es tan poderosa la meditación? Principalmente, porque nos facilita el espacio que el espíritu necesita para expandirse. Nos da el espacio que necesitamos para ser nosotros mismos. Cuando meditas no necesitas disculparte, ni justificarte. Todo lo que necesitas es ser tú mismo y aceptar de Dios el regalo de tu ser auténtico. Y es en esta aceptación de ti mismo y de tu creación cuando entras en armonía con el Creador… el Espíritu de Dios.


Carla Cooper


domingo

ACTIVIDADES LATAM SEPTIEMBRE

 


ACTIVIDAD PRESENCIAL

 


EL ROL DE LA ATENCION

 


Para entrar en esta santa y misteriosa comunión con la Palabra de Dios que mora en nosotros, primero debemos tener el valor de guardar cada vez más silencio… un silencio donde debemos escuchar, concentrarnos, prestar atención.” (La Palabra en el Silencio)


John Main destaca aquí la importancia de la escucha profunda y la atención sostenida. La atención focalizada en un solo punto influye notablemente en el funcionamiento de nuestro cerebro, en cómo este nos permite percibir y conectar con diferentes niveles de la realidad.

La Dra. Shanida Nataraja explica en su libro "El cerebro dichoso: Neurociencia y prueba del poder de la meditación" que nuestro cerebro tiene dos lados y que el poder de la atención facilita el cambio entre ambos:

El hemisferio izquierdo alberga los circuitos neuronales relacionados con el lenguaje y el funcionamiento intelectual de la mente humana (es decir, nuestro ego). Durante la meditación, al enfocar la atención, el practicante accede al funcionamiento del hemisferio derecho. Los experimentos sugieren que el hemisferio derecho capta una representación mucho más veraz de una experiencia. Nuestro hemisferio izquierdo tiende a filtrar nuestras experiencias para que se ajusten a nuestra percepción establecida de nosotros mismos y del mundo. Las experiencias que encajan con nuestra visión del mundo y que refuerzan nuestro ego son captadas, mientras que aquellas que la desafían y la debilitan son ignoradas. El hemisferio derecho, en cambio, capta la experiencia completa y, por lo tanto, durante la meditación, cuando el practicante tiene acceso a él, a menudo pueden aflorar recuerdos olvidados con gran nitidez o surgir soluciones a problemas o dilemas sin resolver. La meditación, por consiguiente, proporciona al practicante un método para alternar entre los dos modos de pensamiento y percepción que confieren los dos hemisferios.

Este cambio entre diferentes modos de percepción, que nos brinda una visión más completa de quiénes somos, nos conduce a un autoconocimiento más profundo. Solo conociéndonos verdaderamente a nosotros mismos, desprendiéndonos de los filtros con los que vemos la realidad, podemos vislumbrar la Realidad Última.

John Main subraya la importancia de esto:

“La mayoría de nosotros necesitamos primero conectar con nosotros mismos, establecer una relación plena con nuestro interior antes de poder abrirnos a nuestra relación con Dios. Dicho de otro modo, podemos decir que primero debemos descubrir, desarrollar y experimentar nuestra propia capacidad de paz, serenidad y armonía antes de poder apreciar a nuestro Dios y Padre, autor de toda armonía y serenidad.” (Palabra en el Silencio)


Kim Nataraja, 

4 septiembre 2026

EL LABERINTO DE CHARTRES

 


Cuando entras en la grandiosa catedral de Chartres, del siglo XIII, por su puerta occidental, te encuentras caminando sobre el Laberinto del Peregrino. El Laberinto está trazado en piedra negra sobre el suelo de la nave de la catedral, que se encuentra bajo el rosetón y tiene exactamente su mismo. En la Edad Media los peregrinos más pobres, que no podían permitirse viajar a Jerusalén, hacían un peregrinaje simbólico, caminando de rodillas, siguiendo los giros y vueltas del laberinto que tenían en su propia catedral.


Al igual que en muchas otras catedrales europeas que tuvieron diseños semejantes en otros tiempos, en Chartres este mandala espiritual adquirió enorme significado para la devoción de los laicos. Muchas generaciones experimentaron el gozo de llegar al centro del laberinto tras muchas dudas y titubeos.


Si se traza con el dedo el diagrama del laberinto puede comprenderse porqué John Main consideraba la meditación no simplemente una forma de oración sino un peregrinaje y una forma de vida. Peregrinar por el laberinto con devoción, como en la meditación, ilumina el viaje de nuestra vida. Todos los giros y retrocesos del laberinto nos ayudan a situar nuestros momentos de “acedia” y “apatheia”, de turbulencia y de paz, en la perspectiva global del viaje.


Empezamos por el principio. Todo viaje humano, incluido el espiritual que transciende el tiempo y el espacio, tiene un comienzo definido. No estamos lejos del centro incluso al inicio, pero tenemos un viaje que realizar, un proceso de comprensión y autodescubrimiento previo para poder descubrir que de hecho, ya y siempre nos encontramos en el centro.


Al principio, nos parece que llegaremos al centro por un tramo recto, pero pronto descubrimos los constantes trazados en curva y giros que ponen a prueba y afianzan nuestra fe. Pueden hacernos creer que estamos perdiendo recorrido, al retroceder. Tras años de meditación, podemos pensar que no hemos avanzado en absoluto, excepto en la maduración de nuestra fe, que constituye el significado esencial del crecimiento espiritual. Esta misma fe, entonces, nos muestra que las vicisitudes y los contratiempos del viaje no son un difícil camino por el que Dios nos hace la vida más complicada, sino que es la forma con la que un Maestro compasivo y sabio va deshaciendo los nudos de nuestro corazón.


El laberinto nos muestra la sabiduría de no intentar medir nuestro progreso: justamente porque el viaje no es lineal y mental, sino cíclico y espiritual, como las espirales de un muelle. Lo único que importa es la confianza de sabernos en el camino. El sendero al centro es estrecho, pero nos conduce a la fuente de la vida. La vida es eterna en su fuente. Solo tenemos que mantenernos en el camino. Si intentamos hacer trampa y coger atajos desde el lugar en que estamos al que querríamos estar, sin tomar la senda que debemos transitar, nos perderemos y confundiremos. Pero en cualquier punto podremos empezar de nuevo. La omnipresente misericordia de Dios se experimenta más directamente en la fidelidad al camino y en el descubrimiento último, en el centro, del significado del viaje que hemos hecho. Solo tenemos que seguir avanzando con fe. Quien busca encontrará.


La meditación es un camino. Es, ante todo, un camino de experiencia más que de pensamiento o imaginación. Incluso un símbolo como el del laberinto apunta en este mismo sentido. Un símbolo como el Laberinto del Peregrino de Chartres, aunque rico en significado, sólo puede comprenderse de verdad, cuando se entiende que va más allá de sí, fuera por completo del mundo de los signos.


Qué diferente es observar una ilustración del laberinto y recorrer con el dedo el trazado hasta el centro que recorrerlo caminando de rodillas. Qué diferente es entonces la práctica diaria de la meditación de simplemente leer o hablar sobre ella.


Kim Nataraja