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 “Aniversario de John Main, 30 de diciembre de 1996” extracto de la Newsletter WCCM de Laurence Freeman (Newsletter WCCM, 1996).


Quizá uno de los dilemas más desconcertantes para el cristianismo tradicional de hoy sea el reto de comunicar el Evangelio de una forma “no competitiva” en el contexto de las relaciones con otras religiones. Para el cristiano exclusivista, esto carece de sentido.

Y, sin embargo, es lo que está ocurriendo actualmente. Quizás el Espíritu Santo está queriendo enseñarnos algo. Quizás el cristianismo está aprendiendo que si verdaderamente es universal debe encontrarse y reconocerse en todas las formas de la experiencia espiritual humana y en cualquier aspecto espiritual.

Actualmente, estamos llegando a una nueva era de diálogo religioso, de tolerancia, de respeto mutuo y de predisposición al entendimiento, que nuestros antecesores jamás hubieran imaginado. La rectitud y la tolerancia para el cristiano tienen el testimonio de la personalidad y el ejemplo de Jesús. Él no rechazó a nadie, fue tolerante con todos y veía el misterio de Dios en todas las personas y en la naturaleza. Se sentó en la misma mesa que aquellos que merecían desprecio; habló con aquellos que debería haber evitado. Jesús estuvo abierto a todos igual que se abrió a Dios.

En Jesús, el tiempo y la eternidad se cruzan, la Palabra se convierte en palabras humanas. La pobreza de espíritu es el punto donde el misterio infinito se encuentra con la existencia concreta del hombre. La pobreza no es sólo la ausencia de lo material, sino el conocimiento de la necesidad que tenemos de los demás y de Dios. La necesidad del hombre es universal. Tanto los ricos y los poderosos como los pobres y los marginados están igualmente necesitados.

Esta necesidad es simplemente el profundo e intenso sentimiento que surge como respuesta a la interdependencia que tenemos los unos de los otros. No estamos separados de los demás ni de Dios. La sabiduría es el reconocimiento de esta interrelación. Y la compasión es la práctica de nuestra conexión. En la meditación, nos sumergimos en un nivel de realidad más profundo que el de nuestras mentes superficiales, impulsadas por el ego, y que a menudo están atrapadas en la red de ilusión y engaño de nuestra independencia y aislamiento.

Con el trabajo diario de la meditación vamos desenredándonos y saliendo de esta trampa del ego y también vamos creando un nuevo patrón de la práctica de la oración con la presencia de Dios en nuestra vida ordinaria.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España

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