miércoles

 




Extracto de “EL CORAZÓN DE LA CREACIÓN”: La Meditación, una forma de liberar a Dios en el mundo (Norwich: Canterbury 2007), págs 10-11.


La meditación y el constante regreso a ella, cada día de nuestra vida, se asemeja a ir trazando un camino a la realidad. Una vez que sabemos cuál es nuestro lugar, comenzamos a ver todo bajo una luz nueva porque nos hemos convertido en quienes realmente somos. Y, convirtiéndonos en quienes somos, podemos ver todo tal cual es y, así, podemos ver a los demás como realmente son. Es a través de la experiencia y de la práctica como aprendemos a estar enraizados en nuestro ser esencial. Aprendemos que estar enraizados en nuestro ser esencial es estar enraizados en Dios, el autor y principio de toda realidad. Al acceder a la realidad y convertirnos en quienes somos quedamos liberados de todas las imágenes que constantemente nos inundan. No tenemos que ser la imagen que otros tienen de nosotros, sino simplemente ser la persona real que somos.

Meditar es exigente. Debemos aprender a meditar tanto si nos apetece como si no, tanto si llueve como si nieva o brilla el sol, independientemente del día que tengamos. En la visión cristiana de la meditación, perspectiva adquirida a partir de las palabras de Jesús, encontramos la realidad de la gran paradoja que Él enseña: si queremos encontrar nuestras vidas tenemos que estar dispuestos a perderlas. Eso es exactamente lo que hacemos al meditar. Nos encontramos a nosotros mismos porque estamos dispuestos a abandonarnos en las profundidades que, como pronto llegamos a comprender, son las profundidades de Dios.

Reflexiona sobre estas palabras de la primera carta de San Juan sobre el viaje de tu vida:

“Nuestro tema es la palabra de vida. Esta vida se hizo visible; nosotros la vimos y somos testigos de ella; nosotros aquí y ahora te anunciamos la vida eterna que habitaba en el Padre y que fue hecha visible para nosotros. Te anunciamos a ti lo que hemos visto y oído, para que unidos tú y nosotros podamos compartir, en una vida en común, la vida que compartimos con Dios. Este es el mensaje que escuchamos de Él y que te transmitimos a ti: Dios es luz y en Él no existe la oscuridad” (1 Jn 1, 1-5).

Nuestra misión como cristianos es llegar a esa luz y así abandonar definitivamente toda oscuridad. El camino a esa luz es el camino a la humildad en el silencio; es el camino del mantra.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España

lunes

PLENITUD DE VIDA

El misterio que rodea a Jesús fue perceptible desde el comienzo de su vida. Sin

embargo, no fue sino hasta su muerte y resurrección que pudo comprenderse

plenamente, conocido en su totalidad, porque hasta entonces no estuvo completo.






Nuestra vida no llega a unidad plena hasta que se trasciende a sí
misma y a todos los límites pasando por la muerte.
Por eso no comprendemos plenamente el misterio de Cristo, por el cual
entramos en 
el misterio de Dios, hasta que nuestra propia vida es completa.
Empezamos a entrar tan pronto como la conciencia se agita en la percepción
y aprende las leyes de la realidad al aprender a amar y ser amado. Pero en esta
vida siempre estamos aprendiendo, siempre preparándonos para la plenitud
que finalmente nos llega a todos.

John Main,OSB
Monasterio sin muros, p 222

Así que, si han resucitado con Cristo, busquen las cosas que son de arriba,
donde está Cristo, sentado a la diestra de Dios. Establezcan su mente en las
cosas de arriba, no en las de la tierra, porque ustedes han muerto, y su vida
está escondida con Cristo en Dios.
Cuando Cristo, que es vida para ustedes, se manifieste, entonces también
ustedes serán revelados con él en gloria.

Colosenses 3.1-4 

domingo

 




Querida Comunidad,

La familia de Magda y la Comunidad de Argentina nos unimos, vía zoom, este próximo martes 19 de Julio en la misa de acción de gracias por el aniversario de su nacimiento. 

Horario:
de Argentina, Chile y Uruguay: 17 horas
de Paraguay y Venezuela: 16 horas
de Colombia, Ecuador, México y Perú: 15 horas

Los esperamos junto con el padre Stéfano que oficiará la liturgia 
Gracias y Bendiciones 

Equipo Coordinador 
WCCM Argentina

Unirse a la reunión Zoom

ID de reunión: 817 3538 4724
Código de acceso: misa

PURIFICANDO LAS EMOCIONES


Hemos visto la importancia de las virtudes del arrepentimiento y la humildad para nuestro crecimiento espiritual. Pero hay fuertes emociones egocéntricas que pueden bloquear cualquier progreso. En una de sus obras más populares, 'Praktikos' , Evagrius, el Padre del Desierto del siglo IV por excelencia y maestro de Casiano, trata principalmente esta gran dificultad: “La vida ascética es el método espiritual para limpiar la parte afectiva del alma”. Evagrius estaba abordando los problemas de los ascetas bajo su cuidado en el desierto egipcio. Sin embargo, su consejo es tan sensato desde el punto de vista psicológico que también se aplica mucho a la gente corriente como nosotros, que estamos seriamente en el camino espiritual. 

Evagrius usa el término 'demonios' para los abrumadores deseos egocéntricos que pueden alimentar nuestro comportamiento y mantenernos enfocados exclusivamente en el mundo material.  Los hombres y mujeres modernos pueden sentirse un poco molestos por el uso de este término, pero él se refiere a fuertes emociones egocéntricas, que son el resultado de profundas necesidades instintivas de supervivencia de seguridad, poder, control y estima que no han sido satisfechas. El 'ego' es nuestro instinto de supervivencia; lo necesitamos y es valioso, es un regalo de Dios. Necesitamos este instinto para hacer frente a los peligros del entorno en el que nos encontramos; nuestras necesidades de supervivencia tienen que ser satisfechas en un grado saludable. Pero si se percibe que no se cumplen, especialmente desde la primera infancia en adelante, debemos ser conscientes de cómo estos deseos naturales pueden distorsionarse y crecer desproporcionadamente hasta convertirse en fuerzas que inconscientemente impulsan nuestro comportamiento de manera demoníaca. Luego, advierte Evagrius, necesitan ser purificados de regreso a su estado natural de equilibrio. 

Nuestra tarea según él es identificar nuestros demonios personales . Para poder hacer esto recomienda en primer lugar la oración/meditación , que nos permite abrirnos a la ayuda de Cristo, y en segundo lugar alienta el esfuerzo para llegar al autoconocimiento, que se logra observando nuestros pensamientos.Evagrius no nos está pidiendo que miremos la basura trivial habitual que flota sobre la superficie de nuestra mente. Eso sería inútil y terriblemente aburrido. Le preocupan los pensamientos profundos que son expresiones de nuestras necesidades no satisfechas y deseos no purificados. Necesitamos prestar a estos pensamientos significativos y sus asociaciones la atención que merecen. Son los únicos indicadores que tenemos de lo que realmente nos motiva para bien o para mal. Sin embargo, este trabajo que hacemos no es solo para nuestro propio beneficio; al purificar nuestras propias emociones, al ser sanados de nuestras propias heridas, la corriente de amor puro que fluye a través de nuestro verdadero yo no se ve obstaculizada, lo que resulta en una apertura y compasión hacia los demás. 

Sí, a veces la vida se trata de sobrevivir. Sin embargo, incluso en las circunstancias más terribles, encontramos personas que ignoran el peligro que corren y actúan con integridad, amor y compasión.   Etty Hillesum, una mística holandesa que murió en un campo de concentración nazi en la Segunda Guerra Mundial, mostró apoyo y amoroso consuelo a todos los que estaban allí con ella, ya que vio la esencia divina dentro de todos: “Pero una cosa se está volviendo cada vez más clara. a mí: que Tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte nosotros mismos.   Y eso es todo lo que podemos lograr en estos días y también lo que realmente importa: que guardemos ese pedazo de Ti, Dios, en nosotros mismos….. Tú no puedes ayudarnos, pero debemos ayudarte y defender Tu morada dentro de nosotros para el último. ('Una vida interrumpida') 

El objetivo de nuestra práctica de meditación no es deshacernos del 'ego' sino abrir el 'ego' al poder sanador del Espíritu, que nos ayuda a ponernos en contacto con 'esa parte de Ti, Dios'. 

Kim Nataraja

ORA ET LABORA


 El trabajo y la oración eran para los Padres y Madres del Desierto la forma de alcanzar la oración incesante: “Reza incesantemente quien acompaña su oración con sus obligaciones y sus obligaciones con la oración. Sólo de esta manera es factible cumplir el mandato de orar siempre. Consiste en considerar la existencia cristiana como una gran oración única. Lo que nosotros llamamos habitualmente orar es sólo una parte de ella” (Orígenes. “Tratado sobre la oración”).

Es importante recordar que, tanto en el desierto egipcio como en los monasterios, los monjes eran totalmente autosuficientes: los monjes y monjas cultivaban sus alimentos, cuidaban de sus edificios así como de la salud y el bienestar de sus hermanos y hermanas y de la comunidad que les rodeaba. Los Padres y Madres del Desierto también trabajaban para poder mantenerse; hacían cuerdas, tejían alfombras y cestas, y hacían sandalias que luego vendían en el mercado para comprar lo imprescindible para vivir. Algunos trabajaban como jornaleros en el fértil valle del Nilo o en el proceso del tejido del lino. Incluso los invitados, tras un periodo de gracia de una semana,  tenían que trabajar. Desaprobaban a aquellos que usaban la oración como pretexto para no trabajar:

”Algunos monjes vienen a ver al Abad Lucius y le dicen: "No trabajamos con nuestras manos; obedecemos el mandato de Pablo de orar incesantemente". El anciano les preguntó, ´¿No coméis ni dormís?´ Ellos repusieron, ´sí, lo hacemos`. Él dijo, ´¿Quién reza por vosotros mientras dormís? Disculpad hermanos, pero no practicáis lo que decís. Os enseñaré cómo yo oro incesantemente, a pesar de que trabajo con mis manos.

Con la ayuda de Dios, recojo unas cuantas palmas y me siento a tejerlas diciendo, ´con tu inmensa bondad, ten piedad de mí, oh Dios; perdona mis ofensas con tu infinita misericordia´. Les preguntó, `¿es esto oración o no?´ Ellos respondieron, ´sí, lo es´. Y él continuó, `Cuando he trabajado y orado en mi corazón todo un día, gano aproximadamente 16 peniques. Dos de ellos los dejo fuera de mi puerta y con el resto compro comida. Aquel que encuentra los dos peniques fuera de mi puerta reza por mí mientras yo como y duermo. Y por eso, con la ayuda de Dios, oro incesantemente”.

En este mundo moderno todos podemos combinar trabajo y oración a través de la meditación, que de hecho, lleva a orar incesantemente: ”Normalmente comenzamos recitando el mantra pero, a medida que progresamos, encontramos que va requiriendo menos esfuerzo perseverar en repetirlo durante el tiempo de nuestra meditación. Luego, parece que no estamos tanto pronunciándolo en nuestras mentes, como dejándolo resonar en nuestros corazones. Es en este instante cuando nuestra meditación realmente comienza: en lugar de decir o dejar resonar el mantra, empezamos a escucharlo en cada momento con una atención que se va haciendo cada vez más profunda” (John Main “Una palabra hecha silencio“).

A partir de ese momento, incluso fuera de nuestro tiempo de meditación, somos conscientes del mantra que está resonando en nuestro ser al margen de lo que estemos haciendo. En el trabajo, cuando se hace el silencio repentinamente, escuchamos nuestro mantra resonando en todo nuestro ser; cuando nos despertamos por la noche, ahí está. Es nuestro ancla en medio de las tormentas de la vida.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

viernes

RETIRO PRESENCIAL DE SILENCIO

 


MENSAJE DEL P. LAURENCE

Oblatado Latinoamericano WCCM


Mora en mi amor

La fuente de Benito, con Laurence Freeman

11 de julio de 2022, fiesta de San Benito


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Muy feliz día de fiesta para todos. Es una oportunidad realmente maravillosa para nosotros estar juntos mientras celebramos esta Fiesta.

Durante el retiro de meditación reciente, tomamos el tema de pleroma, que es la palabra griega que solemos traducir como “plenitud”. Pero es un poco más de lo que normalmente entendemos por plenitud, así que pensé en comenzar reflexionando sobre eso y luego llevar eso a una reflexión sobre el significado contemporáneo de la Regla de San Benito para nosotros y para nuestro tiempo.

Carole Dixon, quien hizo su oblación completa en este retiro, describió lo que significó para ella y cómo a lo largo de su vida había tratado de construir diferentes reglas para vivir. Creo que es un instinto en cada uno de nosotros realmente: tener un orden y una estructura en nuestra vida diaria, pero la mayoría de nosotros encontramos que estas reglas, que generalmente hacemos el 1 de enero de cada año, no funcionan por mucho tiempo. Así que Carole estaba encantada de encontrar en la Regla de San Benito una regla de vida que funcionó y pudo ser sostenida.

Benito vincula la vida que se vive con la Regla, esa pequeña regla para principiantes que escribió, que se convirtió en uno de los grandes textos de sabiduría de la tradición cristiana y uno de los grandes documentos de inspiración para la sociedad occidental durante mil años.

El monacato nos ha dado la mayoría de nuestras instituciones, como hospitales, universidades, hospicios y casas de huéspedes. Benito dice, al comienzo de la Regla, “¿Estás buscando la vida? ¿Quieres estar vivo? Esa es su pregunta, citando las escrituras; él piensa en las escrituras muy a menudo. Lo que está diciendo es: "¿Estás buscando la plenitud de la vida?" Está profundamente incrustado en la conciencia humana, nos inquieta, nos da hambre, nos da sed, nos puede causar muchos problemas, pero también es nuestra luz que nos guía, que es nuestro anhelo de plenitud, de completud en Dios. El significado de pleroma entonces es la “plenitud de Dios”, no la plenitud que solemos asociar con tener un buen día, obtener lo que queremos, tener una sensación de bienestar, cumplir nuestros deseos o resolver nuestros problemas del momento.

Ese es un cierto tipo de plenitud, satisfacción y felicidad y, por supuesto, también lo necesitamos, pero la naturaleza de ese tipo de felicidad o plenitud es muy transitoria y nuestra experiencia de plenitud puede cambiar muy rápidamente de acuerdo con nuestras circunstancias externas. Solo necesitamos recibir un correo electrónico o una llamada telefónica o incluso que alguien te de un cierto tipo de mirada y tu felicidad desaparece. La plenitud de Dios, ese pleroma, que es la palabra que se usa en el Nuevo Testamento para describir la plenitud de vida y la plenitud de la Deidad que habita en Cristo, como dice San Pablo, la plenitud, el pleroma de Dios habita encarnado en Jesucristo.

¿Qué es este pleroma comparado con la plenitud de vida que buscamos día a día pero que a menudo se nos escapa de las manos y nos deja a menudo con una sensación de vacío? Por supuesto, en las grandes tradiciones místicas, la plenitud y el vacío están vinculados. La plenitud es vacío, el vacío es plenitud, se dice en los Upanishads y en la sabiduría budista.

¿Cuál es este enlace, el mismo enlace que vemos en los Evangelios? Cuando Dios se encarnó en una persona en particular, en un momento en particular, en una cultura en particular, en Jesús, cuando la plenitud de la Deidad se encarnó en una criatura y en un ser humano, se nos dice que Dios se vacía, se vacía él mismo; ¿cómo se vacía Dios a sí mismo?

Kenosis es también una palabra griega muy importante que contrasta con pleroma. Se nos dice que Jesús se despojó de sí mismo para cumplir su humanidad y su misión, para hacer lo que su encarnación estaba destinada a hacer, que es llevarnos a la plenitud de la vida.

Él dice: “No he venido a juzgar al mundo sino a sanarlo, y he venido para que tengan vida en toda su plenitud”. Entonces, creo que este vínculo entre la plenitud y el vacío es realmente importante para que reflexionemos.

San Benito dice, por ejemplo, que debemos tener la muerte constantemente ante nuestros ojos. La muerte es una de las principales, si no la principal imagen y símbolo del vacío. Todo se deja ir, todo desaparece, incluso nuestros cuerpos y nuestras mentes y sentimientos y apegos. Así que la muerte es una buena palabra, una buena manera de entender el vacío, y se nos dice, por supuesto, en la enseñanza mística de San Pablo, que tenemos que entrar en este ciclo de morir y resucitar para crecer y permitir que Cristo se forme plenamente en nosotros para que podamos crecer en su plenitud, en su pleroma.

Casi se podría decir que la plenitud más el vacío es igual a pleroma. Pero no podemos entrar en la plenitud de la plenitud, que es la plenitud de Dios, la plenitud que no acaba, sin entrar y aceptar y comprender y aceptar la experiencia del vacío.

Nuestra meditación es precisamente eso. Cada vez que nos sentamos a meditar entramos en esa paradoja, esa sabiduría, que tenemos que soltar para recibir, que tenemos que empobrecernos de espíritu. Pobre en espíritu es quizás el término cristiano para el vacío.

Tenemos que morir a nosotros mismos, quitar la atención de nosotros mismos para expandirnos en la mente de Cristo. Eso es lo que estamos haciendo cada vez que meditamos. Estamos aceptando esta gran sabiduría y viviéndola y permitiendo que se convierta en un principio operativo en nuestras vidas, en nuestra vida diaria, y cuando miramos la Regla de San Benito de esta manera, esto es precisamente lo que podemos ver que sucede.

En el ensayo de John Main sobre Benito en oración, en su libro Community of Love – Comunidad de Amor -, la sección que él llama “Aventura monástica”, piensa en la vida monástica como una aventura. Antes de continuar con eso, creo que cuando escuchamos la palabra “monje”, bien podríamos cambiarla por meditador, y explicaré un poco más adelante lo que eso significa, lo que creo que significa. De todos modos, en su ensayo sobre la oración benedictina, dice que la oración es la exploración de la relación fundamental de la existencia humana, de la vida humana, que es la relación entre Cristo, el Padre y el Espíritu Santo.

En otras palabras, la relación que es la plenitud de Dios y nuestra relación con esa plenitud. Él enfatiza a lo largo de su enseñanza que existimos en una relación, pero en cierto tipo de relación, no solo en relaciones de interés propio, no solo en relaciones que podríamos pensar que me satisfacen o me dan lo que quiero, sino en relaciones que desarrollan en nosotros la misma experiencia de relación que Dios conoce en la Trinidad. Eso es lo que significa divinización.

Benito dice, al comienzo de la Regla en el Prólogo, que si buscamos la vida, debemos abrir los ojos a la luz que nos diviniza, a la luz de la verdad, a la luz del amor, a la luz de la conciencia, y abrir los ojos a esta luz, ver esta luz y ver todo bañado en esta luz, eso es lo que nos transforma, eso es lo que nos diviniza.

John Main, como siempre en su teología, construye sus ideas en la experiencia humana de relación, una relación que nos está enseñando a estar centrados en los demás. Él vincula esto con la comunidad en esta sección sobre la oración benedictina porque dice que para vivir nuestra vida con esta Regla, en la sabiduría de esta Regla, estamos pasando de la experiencia de ser parte de una multitud a ser miembros de una comunidad. Esa es una manera de describir esta transformación de la mente y del corazón que tiene lugar cuando vivimos la Regla y nos encontramos no aislados, no como partes individualizadas y atomizadas de una multitud – la multitud de consumidores o una multitud política o una multitud religiosa – sino en comunidad.

Esta es una idea profundamente importante para nuestros tiempos dañados y peligrosos. Cuando viste a la multitud invadiendo el edificio del Capitolio, cuando ves que a veces las multitudes se vuelven violentas, incluso en los partidos de fútbol, podemos ver cómo la identidad de la multitud es autodestructiva y dirige esa destructividad hacia otros que creen que están fuera de ellos, fuera de la multitud, de la comunidad.

La koinonía, la comunión de la comunidad, es totalmente diferente, es autotrascendente y liberadora. Benito dice que si queremos responder a este llamado: “Sí, quiero responder a este llamado, quiero estar vivo. Sí, estoy preparado para vivir en comunidad aunque no siempre va a ser fácil y estoy preparado para la disciplina de esta Regla porque sé que tengo que aprenderla”.

Si quiero aprender a tocar el piano como Mary Louise, que se ha convertido en una gran pianista de jazz, y estoy seguro de que todavía practica todos los días, tuvo que adoptar una disciplina. Y seguro que algunos días hubiera preferido hacer otra cosa, pero aceptó la disciplina como nosotros aceptamos la disciplina, porque amamos la disciplina y amamos lo que estamos aprendiendo y por eso Benito habla de la Regla y la comunidad como escuela al servicio del Señor. Estamos aprendiendo en esta escuela cómo servir a Dios unos en otros.

John Main luego pasa a este maravilloso capítulo para hablar sobre Juan Casiano. Él dice que puede sorprender a la gente que el mismo Benito no hable más sobre la naturaleza de la oración, simplemente describe la infraestructura de la vida comunitaria y el horario. Describe todo un conjunto de actitudes y respuestas a diferentes situaciones de la vida, pero no profundiza mucho en la naturaleza de la oración. Pero él, al final, apunta a Juan Casiano y a la sabiduría de los Padres del Desierto y es por eso que cuando John Main renovó su viaje de meditación fue a través de su redescubrimiento de Juan Casiano y las dos grandes conferencias sobre la oración que todos conocemos. Pero en este ensayo nos recuerda que Casiano dice: "¿Cuál es el objetivo de la vida del monje, la vida del meditador, de toda vida humana?" En primer lugar, es finalmente entrar en el Reino de Dios a través de esta relación que es Dios. El Reino de Dios, ese es nuestro objetivo final, pero él dice que tenemos que llegar allí. Nuestro objetivo inmediato es, por tanto, la pureza de corazón, que es una de las Bienaventuranzas, por supuesto.

Pureza de corazón, ¿qué es eso? Para muchos cristianos en forma creciente, al menos en el pasado, existía esta idea de pureza principalmente en términos de pureza moral o pureza sexual y no tener malos pensamientos, pero es mucho más que eso. Kierkegaard dice que la pureza de corazón es la capacidad de desear una cosa, estar unificado. Nuestro tema este año es la Conciencia Unificada, por lo que podemos pensar en la Conciencia Unificada como este estado de pureza de corazón, donde somos uno y todos nuestros muchos deseos y distracciones que compiten se han calmado y unido.

En ese ensayo John Main dice que la pureza de corazón es la capacidad de volverse total y absolutamente hacia el otro, y por eso ve la experiencia de comunidad como una forma de explorar nuestra relación con Dios a través de la amistad. La esencia realmente para entender la Regla de San Benito es entender que se trata de amistad, de aprender a ser amigos entre nosotros, incluso con personas que a veces nos resultan un poco difíciles.

Creo que en esta Fiesta de San Benito, la plenitud de vida es algo para que reflexionemos, la plenitud de la vida significa más que una satisfacción temporal, significa la plenitud de Dios, la plenitud de la plenitud y nuestro camino hacia esta plenitud exige que nosotros abracemos el vacío cuando sea necesario.

Soltamos para poder recibir, como nos enseña el mantra todos los días. Sabemos que la meditación crea comunidad y este maravilloso grupo de Benedict’s Well – La fuente de Benito - es un signo vivo de ello. Pasan al menos la mitad o más del tiempo juntos en línea cada semana meditando juntos.

La meditación crea comunidad y luego la comunidad nos enseña en la vida cotidiana lo que estamos haciendo cuando abrimos los ojos a la luz, a la luz divinizadora. La forma en que John Main expresa todo esto, aunque es una sabiduría tradicional, es una forma muy contemporánea de expresarlo.

Estaba pensando el otro día en un comentario en un libro de Alasdair MacIntyre. Está describiendo el colapso de la sociedad y las instituciones y de una moralidad común en nuestro mundo, en realidad es un estudio de la moralidad. Pero al final del libro dice, bueno, todos sabemos que estamos en un lío, ¿cómo vemos el futuro? Termina diciendo, hay muchas personas que comprensiblemente comparan lo que estamos atravesando en este período de nuestra historia a nivel mundial con lo que sucedió en la Edad Media cuando el Imperio Romano se derrumbó y Europa, en cierto modo, entró en varios siglos de casi barbarie. Entonces dice que una de las grandes luces de esa Edad Oscura fue San Benito, quien hizo estas pequeñas comunidades. No pensó que estaba fundando una orden religiosa, solo estaba orando, buscando a Dios, viviendo en comunidades basadas en el espíritu de amor y disciplina y cuidado y preocupación por los pobres, los débiles, los ancianos y los extranjeros.

Estos pequeños focos de civilización, estos focos de amor, estos focos de decencia humana, pequeños centros de plenitud, como cada uno de nuestros grupos de meditación, como esperamos que estén creciendo aquí en Bonnevaux. Dijo que Benito contribuyó a la forma en que salimos de esta Edad Oscura y luego dijo, tal vez hoy surja otro San Benito muy diferente.

Para mí John Main es otro San Benito, pero diferente. La diferencia esencial en su transmisión de esta antigua sabiduría es colocar la meditación, la oración del corazón, en la vida común de la comunidad, en el Oficio, en la Misa, para integrarla, y enseñarla también, compartirla para extenderla más allá de la comunidad física a la vida cotidiana de hombres, mujeres, niños y niñas en todas partes.

Justo unos minutos antes de que empezáramos esto, un grupo de niños que están de visita aquí pasó por debajo de mi ventana y uno de la comunidad les entregará una medalla de San Benito y los introducirá brevemente a la meditación. Así que creo que somos afortunados. Vivimos tiempos difíciles, Dios lo sabe, a veces tiempos deprimentes, pero también somos afortunados de tener esta conexión con otro San Benito, aunque diferente, que nos ha ayudado a todos a iniciar este viaje hacia nuestro corazón.

Así que muy feliz fiesta para todos. 

jueves

MEDITATIO ARGENTINA


 

DIOS ES AMOR

 La meditación es tan importante para nosotros porque es la respuesta actual que nos saca de nosotros mismos. Es un camino de trascendencia. Es un camino para entrar en la realidad que es mayor que nosotros mismos. Es el camino que nos lleva a la libertad de espíritu que surge cuando dejamos de pensar en nosotros mismos, nuestros planes, nuestro auto-desarrollo y nuestra plenitud.


Cuando meditamos solo tenemos una consideración que es entrar al estado de resonancia armónica con la energía divina de Dios. En la visión cristiana, la energía de Dios es ilimitada, libre, de amor que se auto-comunica. En la revelación cristiana, este es el llamado para cada uno de nosotros, permitir que el Amor sea la suprema realidad de nuestras vidas.

 
John Main, OSB
Del libro: The Heart of Creatio



martes

 ¿Logro o Gracia?



En la tercera carta, encontramos el “demonio de la acedia”. Como vimos en la enseñanza de la semana pasada, una de las maneras que tenemos para derrotar a este demonio es a través de la perseverancia en la oración/meditación. Sin embargo, esto no es nada fácil.

Incluso San Antonio del Desierto, el inspirador ejemplo para los Padres y Madres del Desierto del siglo IV, tuvo que enfrentarse a este mismo problema:

“Cuando el santo Abba, Antonio, vivía en el desierto fue acosado por la acedia y asaltado por multitud de pensamientos pecaminosos. Él decía a Dios: Señor, deseo salvarme pero estos pensamientos no me abandonan; ¿qué puedo hacer con esta aflicción? ¿Cómo puedo salvarme? Pasado un tiempo, un día que se disponía a salir, vio un hombre como él sentado trabajando que se levantaba para orar, se volvía a sentar para trenzar una cuerda y, de nuevo, se levantaba para rezar. Se trataba de un ángel del Señor enviado para mostrarle cómo debía corregir su comportamiento y para tranquilizarle. Escuchó al ángel que le decía: “haz esto y te salvarás”. Con estas palabras, Antonio se sintió lleno de gozo y coraje. Hizo lo que el ángel le había pedido y su alma se salvó”.

Con el tiempo, esto llegó a ser la base de la forma de vida benedictina: “ora et labora”, reza y trabaja: el trabajo intercalado por tiempos fijos de oración. Es fácil entender lo que esta lección puede enseñarnos a nosotros, meditadores: no ceder a la tentación de sentarnos a meditar por largos periodos de una vez y para el resto de nuestra vida. Es mejor, especialmente al principio, seguir la disciplina de sentarnos dos veces al día –o si es posible tres- en momentos fijos, durante 30 minutos; es decir, interrumpir nuestra vida cotidiana con momentos regulares de oración.

Con frecuencia, cuando comenzamos a meditar somos muy conscientes de los beneficios que nos aporta la meditación y nos sentimos tentados a permanecer en silencio y quietud por periodos cada vez más largos. La tentación de esforzarse para llegar a ser un atleta espiritual siempre está ahí. Pero si hacemos esto, pronto nos expondremos al “demonio de la acedia”. Quizá no tengamos la misma sensación de paz después de haberlo hecho. Pero ¿quién es el que se esfuerza y el que se siente decepcionado? ¿Quién te pide que hagas esto? ¿A quién le gusta lograrlo? ¿Por quién somos tentados para lograr el reconocimiento de los demás?

La respuesta es obvia para todos nosotros. Es esa parte de nuestra consciencia que nos ayuda a sobrevivir en este mundo, esa parte que se ocupa de la realidad material en la que nos encontramos: es el “ego”. Si seguimos los impulsos del ego, caeremos víctimas de alguno de los tres principales demonios que definió Evagrio, el Padre del Desierto más reconocido: codicia, vanagloria y soberbia.

Sin embargo, la meditación es el camino para dejarse atrás, para abandonar estos deseos del “ego”; sólo haciendo esto podremos descubrir quiénes somos verdaderamente: hijos de Dios. Es posible que haya momentos en que seamos tocados por la gracia de Dios y ni seamos conscientes de que estamos orando, pero éstos son regalos del Espíritu, no logros nuestros.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

lunes

SAN BENITO

 Hernán Romero, Novicio del Oblatado WCCM, desde Ecuador, compartió esta breve y significativa homilía del Padre Stan, trapense, capellán de la comunidad de monjas trapenses del Monasterio de Esmeraldas. Muchas gracias Hernán!



SAN BENITO --- 2022 Monasterio de Esmeraldas, Ecuador

 

Proverbios 2: 1 - 9;    Hechos 2: 42 - 47;    Mateo 19: 27 - 29

 

          En 1964, cuando el Concilio Vaticano II se acercaba a su fin - un Concilio que cambiaría el rumbo exterior e interior de la Iglesia durante muchas vidas -, el Papa San Pablo VI hizo un anuncio sorprendente.  Proclamó a nuestro Padre, San Benito, Patrono de toda Europa.

 

          Queridas hermanas, esa es la belleza de la vida monástica.  Esa es la realidad de nuestra vida de fe, esperanza y amor.  Como San Benito, podemos vivir en la oscuridad, trabajando día tras día, siendo fieles a la obra de Dios, al trabajo de nuestras manos y al trabajo de nuestras mentes y corazones, y tener un efecto tremendo y maravilloso en nuestro mundo.

 

          Si miramos la proclamación de Pablo VI, descubrimos que esa es exactamente la razón por la que se dirigía a Benito para que fuera un guía y una inspiración para la nueva era que amanecía después del Concilio Vaticano II, cuando la propia Europa sentía la necesidad de una unión multinacional después del horror de dos guerras mundiales.

 

          Escuchen sus palabras:  Principalmente San Benito y sus hijos llevaron con la cruz, con el libro y con el arado el progreso cristiano a las poblaciones desparramadas desde el Mediterráneo hasta Escandinavia, desde Irlanda hasta las llanuras de Polonia.  De la siguiente línea del texto se desprende que con la Cruz, Pablo VI se refería a la primacía de lo espiritual, a la primacía de la Obra de Dios, la liturgia, en nuestras vidas.

 

          La Cruz, el Libro y el Arado:  La oración, la lectura y el trabajo.

 

          Estos son los tres pilares sobre los que se fundamenta nuestra vida monástica, los tres lados de un delicado triángulo que hay que mantener constantemente en equilibrio.  Al llevar una vida así, dice Pablo VI, Benito y sus hijos e hijas transformaron Europa.  Si lo han hecho una vez, ¿por qué no hacerlo de nuevo?  Y por eso lo proclama Patrón de toda Europa.

 

          Sólo que ahora se añade un cuarto elemento.  La Europa de los siglos XX y XXI busca la unidad, o más concretamente, la comunidad, lo que San Pablo y San Juan llamaban koinonia, comunión.

 

          La Regla de San Benito apunta a esta misma realidad a través de todas sus observancias y del equilibrio de sus elementos principales.  Los cenobitas son el fortísimo linaje de monjes porque, unidos en el amor, el servicio y el apoyo mutuos, nos animamos, inspiramos y ayudamos mutuamente a esa comunidad que es la fuente y la cumbre de todas las comunidades: la comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu.

 

          San Benito, Patrono de Europa; San Benito, el humilde escritor de la mínima Regla de iniciación:  Alabémosle.

 

          Al reunirnos como comunidad en torno al altar, luchemos juntos por la primacía de Cristo en nuestras vidas, que nuestro Padre deseaba con tanta pasión.  Aprendamos con él a no anteponer nada al amor de Cristo, el cual nos lleve a todos juntamente a la vida eterna.

 

          Amén.

domingo

EL PODER DE LA ATENCION

 

Extracto de “THE SELFLESS SELF”: “El Poder de la Atención” del Padre Laurence Freeman OSB (Norwich: Canterbury Press, 2008), págs. 31-35.







Siempre ha habido un gran peligro que hoy existe especialmente para nosotros en nuestro mundo autoconsciente y narcisista, de una introversión equivocada, un falso autoanálisis, en lugar de una verdadera interioridad. La gran prevalencia de la herida que se sufre a nivel psicológico y social incrementa este peligro y requiere un tratamiento amable y compasivo. Ser verdaderamente interno es lo opuesto a ser introvertido. En la conciencia de la presencia interior, nuestra consciencia cambia, se transforma de manera que ya no somos los mismos; ya no nos vemos del mismo modo, anticipando o recordando sentimientos, reacciones, deseos, ideas o sueños. Sin embargo, estamos transformándonos en algo más. Y esto es siempre un problema para nosotros.

Sería más fácil pensar que podemos dejar la introspección si supiéramos hacia dónde estamos yendo. Si tuviéramos un solo objeto en el que fijar nuestra atención. Si Dios pudiera ser representado por una única imagen. Pero el verdadero Dios nunca puede ser una imagen. Las imágenes de Dios son dioses. Formar una imagen de Dios es sencillamente restaurar una imagen que tenemos de nosotros mismos. Ser verdaderamente interior, abrir los ojos del corazón, significa vivir sin la visión de imágenes. Eso es la fe y es la visión que nos permite “contemplar a Dios”.

En la fe, la atención está controlada por un nuevo Espíritu, no por los espíritus del materialismo, del egoísmo o de la supervivencia del yo, sino por el espíritu de la fe que por su naturaleza es un espíritu desposeído.

Se trata de un constante dejar ir, renunciar continuamente a las recompensas de la propia renuncia, que al ser más valiosas se hace aún más necesario que devolvamos. Esto podemos vislumbrarlo al recordar todos aquellos momentos o fases de nuestra vida en los que hemos experimentado una gran paz y alegría y reconocer que fueron momentos no de posesión sino de entrega a los demás o a algo, en los que nos abandonamos por darnos a los otros. El pasaporte al Reino exige la condición de la pobreza. Sin embargo, aprender a estar centrados en los demás es una disciplina que requiere una actitud de discípulo e implica una vida de “ascesis”. No hay nada más difícil que aprender a desviar la atención de nosotros mismos. Todos tendemos constantemente a dejar que nuestra atención vaya vagando y que regrese a la consciencia propia, al egocentrismo y a las distracciones. Hay por tanto una simple verdad por descubrir: Cuando fijamos nuestra atención en Dios, con la visión de la fe, todo nos revela a Dios.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España