domingo

ILUMINACION

 


Extracto de "
Aspects of Love" de Laurence Freeman OSB (Londres: Medio Media / Arthur James, 1997) Pág. 54-55.

Podemos aprender a ver la realidad. Simplemente verla y vivir con ella ya es curativo. Nos lleva hacia un nuevo tipo de espontaneidad: la de un niño que sabe apreciar la frescura de la vida, la autenticidad de la experiencia. Es la espontaneidad de la verdadera moralidad que consiste en hacer lo correcto de forma natural, no viviendo nuestras vidas según las normas escritas, sino viviendo nuestras vidas con la única moralidad, la moralidad del amor. La experiencia del amor nos da una capacidad renovada para vivir nuestras vidas con menor esfuerzo. La vida deja de ser una lucha, se hace menos competitiva, menos posesiva, ya que se abre ante nosotros lo que hemos visto, en algún momento y de forma fugaz, a través del amor: que nuestra naturaleza esencial es gozosa. En el fondo, somos seres alegres.

Si somos capaces de aprender a saborear los dones de la vida y ver lo que es realmente la vida, estaremos mejor equipados para aceptar sus amarguras y sufrimientos. Esto es lo que aprendemos generosamente, lentamente día a día, mientras meditamos.

La meditación nos lleva a comprender la maravilla de lo ordinario. Nos volvemos menos adictos a buscar formas extras de estimulación, de diversión o distracción. Comenzamos a descubrir en las cosas ordinarias de nuestras vidas cotidianas que la irradiación del amor que subyace, el poder omnipresente de Dios, está en todas partes y a cada momento.

Sin embargo, puede resultar una tarea difícil. A esto se refiere la siguiente historia acerca de un discípulo de Buda:

Había un discípulo de Buda muy taciturno que se esforzaba mucho pero que nunca era capaz de entender realmente lo que Buda trataba de enseñarle sobre la verdadera naturaleza de la realidad. Buda estaba algo desesperado con este discípulo, así es que un día le encomendó una tarea. Le entregó una pesada bolsa de cebada y le dijo: “sube esta bolsa a lo alto de aquella colina”. La montaña era muy empinada, pero el discípulo que era muy obediente y tenía un profundo deseo de alcanzar la iluminación, cargó la pesada bolsa sobre sus hombros y corrió subiendo por la montaña, sin detenerse, tal como se le había ordenado. Llegó a la cima totalmente exhausto. Tras soltar la bolsa, en un instante sintió la iluminación. Su mente se abrió a la realidad auténtica. Regresó y Buda, desde la distancia, pudo comprobar que su discípulo estaba iluminado.

Vemos que este camino implica un duro trabajo: aprender a permanecer quietos, soltar las pesadas cargas del ego, aprender a conocernos y a amarnos. Cada uno de nosotros tiene su propia bolsa de cebada. Es una difícil tarea, pero es un trabajo que hacemos por obediencia, no por nuestra propia voluntad. Lo hacemos en obediencia a Jesús. Obedecemos a la llamada más profunda de nuestro ser, que es la llamada a ser nosotros mismos.


Carla Cooper

Traducido por WCCM España

Misa Contemplativa Bonnevaux Domingo 9 de octubre 2022 - traducida al ca...

sábado

LO HACE EL AMOR

 La meditación es una forma de seguir el rastro humano hasta el centro de la realidad, donde podemos experimentar una unidad que es paz, alegría y amor. Aquí se han trascendido las diferencias, se han resuelto las dualidades. Y descubrimos que no meditamos sólo para nuestra propia tranquilidad privada. Meditamos con un sentido creciente de que nuestro viaje es de vital importancia para los demás. [ . . .] 

San Agustín dijo que todo el propósito de esta vida es restaurar la salud del ojo del corazón, por el cual vemos a Dios en todas las cosas. La meditación es el medio por el cual restauramos la salud al ojo del corazón para que podamos ver la unidad de Dios dondequiera que estemos, con quienquiera que estemos, incluso en el corazón del conflicto y la discordia, especialmente en el corazón del conflicto y la discordia. . A medida que seguimos nuestro viaje, comenzamos a trascender las dualidades que nos mantienen encerrados en el conflicto, sospecha, ira y violencia—verbal, psicológica o física. Todas las cuales sabemos que son las fuerzas más negativas en nosotros mismos, en nuestras relaciones y en el mundo. Pero a medida que avanzamos en el viaje, meditación a meditación, día a día, nos liberamos de la raíz oscura que nos detiene del amor, de la vision de Dios.



Una selección de "Touching Reality" de Laurence Freeman (una serie de cintas disponible en www.mediomedia.com)

PUERTA AL SILENCIO


 Todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas, estando con la persona

amada, o tal vez en un momento de profundo dolor o tristeza, que existe un poder particular

en el silencio. Este se experimenta naturalmente en momentos muy significativos de nuestra

vida, porque sentimos que entramos en contacto directo con una verdad de tal magnitud que

las palabras podrían distraernos e impedirnos ingresar en este significado.

El silencio tiene el poder de permitir que esta verdad emerja, suba a la superficie y se haga

visible. Ocurre naturalmente a su tiempo y forma. Sabemos que no somos responsables de

hacer que acontezca. Pero sabemos que tiene un significado personal para nosotros.

Conocemos que es más grande que nosotros y tal vez encontremos en nuestro interior una

humildad inesperada que nos conduzca a un silencio verdaderamente alerta. Permitimos que

la Verdad sea.

Pero también hay algo en cada uno de nosotros que nos incita a controlar a otros, a

desactivar la fuerza que tenuemente captamos en un momento de verdad, a protegernos del

poder transformador del silencio neutralizando su carácter diferente e imponiendo nuestro

propio criterio sobre ello.

Lo terrible de la idolatría es precisamente crear un dios a nuestra propia imagen y

semejanza. En vez de encontrar a Dios desde su imponente diferencia de nosotros mismos,

lo construimos como un modelo de juguete de acuerdo con nuestra imagen emocional y

psíquica. Al hacerlo no lo dañamos a Él, por supuesto, ya que ninguna irrealidad tiene poder

sobre Dios, sino que nos devaluamos y nos dispersamos, y entregamos nuestro potencial y

la gloria divina de nuestra humanidad al falso destello de un becerro dorado.

La verdad es mucho más excitante y maravillosa. Dios, no es un reflejo de nuestra

conciencia, pero nosotros sí somos Su reflejo, SU imagen, al haber sido incorporados por

Jesús, su Hijo y nuestro Hermano. Nuestro camino a la experiencia de esta verdad es el

silencio de nuestra meditación.

John Main  (Editorial Medio Media)

EL SILENCIO DE CRISTO


 Nuestra reflexión sobre las exigencias del silencio monástico, nos lleva forzosamente a

considerar lo que constituye su norma última: el silencio de Cristo. Pero el silencio

marca tan hondamente la totalidad del misterio de Cristo que no nos será posible en el

marco de estas páginas hablar de él sino por aproximaciones discretas. Estas nos

introducirán en algunos de los aspectos más importantes del silencio de Cristo. Toda la

vida de Jesús nos revela el lugar considerable que ha tenido el silencio en el conjunto

de su misterio.

1 – Silencio y vida oculta. El laconismo de la Escritura sobre el tema no debe hacernos

perder de vista que Jesús pasó la mayor parte de su existencia terrena en el silencio

de la vida oculta de Nazaret. Este simple hecho nos revela que el silencio es, por

decirlo así, connatural a Jesús. ¡La Palabra hecha carne calla durante treinta años!

2 – Silencio opuesto al tumulto. En el transcurso de la vida pública, el Evangelio nos

revela cierto antagonismo entre Jesús y el ruido, el tumulto, los gritos. En presencia de

Jesús el hombre poseído por un espíritu impuro “se puso a gritar” (Mc 1,23-24), el

demoníaco geraseno “gritó con fuerte voz” (Mc 5,7), el espíritu mudo “salió dando

gritos” y sacudió violentamente al niño epiléptico (Mc 9,26), el “tumulto” de la

muchedumbre llorosa se manifiesta por grandes gritos (Mc 5,38). A toda esta

confusión, Jesús opone palabras breves y serenas: “Cállate” (Phimoô = ponte un bozal)

dice al espíritu impuro (Mc 1,24; Lc 4,35) y al mar encrespado (Mc 4,39) o también

“¿Por qué ese tumulto?” (Mc 5,39). Su sola presencia parece desencadenar disturbio y

desconcierto que él domina inmediatamente con el poder misterioso de su silencio y de

su paz (Mc 4,39; 5,15; 6,50-51; 9,26...), “No gritará ni levantará la voz” profetizó de él

Isaías (42,2).

3 – Silencio-discreción. La actividad pública de Jesús lleva siempre la marca de una

gran discreción. A la reacción alborotada de las muchedumbres maravilladas por sus

milagros, Jesús opone su aversión por el renombre estrepitoso y fácil. Teme para su

misión mesiánica el brillo puramente humano. Después de haber curado al ciego de

Betsaida, le dice: “Ni siquiera entres en el pueblo” (Mc 8,26) y al leproso: “Guárdate de

decir nada a nadie” (Mc 1,44); obra de la misma manera con el sordomudo (Mc 7,36) y

con los tres discípulos al bajar del Tabor (Mc 9,9). La incapacidad de los hombres para

callar su alegría por los beneficios recibidos tiene por efecto alejar a Cristo: “De modo

que ya no podía Jesús presentarse en público en ciudad alguna, sino que se quedaba

afuera en lugares solitarios” (Mc 1,45). Es que la publicidad indiscreta que las

muchedumbres dan a los aspectos maravillosos del misterio de Jesús provoca una

adhesión por demás sociológica y corre peligro de arruinar su paciente pedagogía para

el acto personal de fe. Siempre se corre el riesgo de que la gloria humana tome el lugar

de Cristo en los corazones. Por eso “no les hablaba sino en parábolas y explicaba todo

a sus discípulos” (Mc 4,34), y bendecía a su Padre por “haber ocultado estas cosas a

los sabios y a los prudentes” y por “haberlas revelado a los pequeños” (Mt 11,25). Toda

la iniciación al misterio del Reino (cf. Mc 4,11-12) es lo que está en juego en este

silencio-discreción.

4 – Silencio y soledad del desierto. Si Jesús permanece alejado en los lugares

desiertos es porque entre ellos y él existe cierta afinidad misteriosa. Inmediatamente

después de su bautismo, el Espíritu Santo lo empuja al desierto (Mc 1,12). “Lejos, en

un lugar desierto” restaura las fuerzas de sus discípulos (Mc 6,31), instruye y alimenta

al pueblo (Mc 6,34-44), se retira para orar (Mc 1,35). A la soledad de la montaña lleva

consigo a Pedro, Santiago y Juan cuando su transfiguración y su agonía (Mc 9,2;

14,33).

Emmanuel Latteur OSB

Cuadernos Monásticos 41 (1977)

lunes

LA MEDITACIÓN CREA COMUNIDAD


 

PERDÓN Y COMPASION

 

Laurence Freeman OSB, extracto de “Aspects of Love” (Londres: Arthur James, 1997), pag. 72-74.





La única forma de afrontar y manejar la complejidad de las relaciones humanas es simplemente aprendiendo a amar. Aprendemos que el amor es la fuerza unificadora de todas las relaciones humanas: ya sea la relación que nos une con las personas más cercanas o la relación con personas que nos han herido así como la forma en que nos relacionamos con el resto de la humanidad a través del sufrimiento que sentimos por medio de las noticias que nos llegan de los demás. Aprendemos que es el mismo amor que nos relaciona con todos ellos.

Por ello en el amor no juzgamos, no competimos; aceptamos, respetamos y aprendemos a sentir compasión por el otro. Al aprender a amar liberamos la alegría de nuestro ser que irradia hacia los demás en nuestras relaciones. Ésta es la razón por la que las comunidades, las familias, los matrimonios, no solamente existen para la perfección de sus miembros en esas relaciones. Ellos existen también para irradiar amor más allá de ellos mismos, para transmitir felicidad. Esa simplicidad del amor está más allá de ellos mismos y llega a todos aquellos que contactan con ella.

Esa fue la visión de la comunidad que tuvo John Main. La comunidad es posible gracias al compromiso que cada uno hace en soledad con la relación más profunda que hay en nuestra vida: nuestra relación con Dios. Por eso, cuando aprendemos a amar a los demás alcanzamos una nueva visión de la unidad de la creación y de la simplicidad esencial de la vida. Así vemos lo que significa que el amor supera una multitud de pecados. El perdón es el poder más revolucionario y transformador del que somos capaces. Nos enseña que el amor es la dinámica esencial de toda relación, la más íntima, la más antagónica y la más accesible. Y en la cotidianeidad de nuestra meditación diaria se nos revela la universalidad del camino del amor.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España

domingo

LA MEDITACIÓN CREA COMUNIDAD


 

EUCARISTIA CONTEMPLATIVA

QUE ES EL MISTICISMO ?

 


Lo que subyace a toda esta serie de textos que estamos analizando es la enseñanza procedente de la tradición mística. Ya hemos visto algunas de las sabidurías de los Padres del Desierto y vamos a continuar viendo las enseñanzas que nos traen los textos de los místicos a lo largo de los siglos hasta nuestra actualidad.

Pero, ¿qué es el misticismo y qué tienen de relevante los místicos para nosotros? El misticismo es una palabra moderna. Los primeros cristianos no utilizaron este término sino que simplemente hablaron sobre ciertas experiencias que vivieron como místicas.

Bernard McGinn, un perspicaz escritor que se ha interesado profundamente por este tema y gran conocedor del mismo, dice en uno de sus libros sobre la historia del Misticismo en Occidente: “El elemento místico en el cristianismo es la parte de creencia y práctica que se refiere a la preparación de la conciencia y la reacción que puede describirse tras la inmediata o directa presencia de Dios”.

Este es realmente el objetivo que buscamos en la meditación, en la oración contemplativa. La meditación nos permite atravesar el nivel racional de nuestra consciencia habitual y llegar a un nivel superior de consciencia intuitiva. Este nivel nos enseña a abandonar el ego, a dejar atrás nuestra visión egocéntrica de la realidad y, al hacerlo, nos permite trascender el ego y alcanzar un modo de percepción más abierto y amplio. Nos lleva de una realidad basada en el conocimiento a una procedente de la sabiduría de la Realidad Divina. Después entramos en estados intuitivos, donde “conocemos” sin un conocimiento, donde estamos plenamente “enamorados”. Es el camino de llegar a estar plenamente vivos, desde una vida centrada en la supervivencia, a otra plena de significado, como explica hermosamente John Main:

“Cada vez más hombres y mujeres de nuestra sociedad están empezando a comprender que nuestros problemas personales y los problemas a los que nos enfrentamos en nuestra sociedad son básicamente problemas espirituales. Lo que entendemos cada vez mejor es que el espíritu del hombre no puede encontrar su realización en el simple éxito material. Esto no quiere decir que el éxito material o la prosperidad sean malos, sino simplemente que no son adecuados ni suficientes como respuesta última al significado del hombre, conocernos a nosotros mismos, comprendernos y situarnos en perspectiva. Simplemente debemos ponernos en contacto con nuestro espíritu”. Ésta es, de hecho, nuestra primera responsabilidad como seres humanos: nuestra primera tarea es encontrar nuestro propio espíritu, porque ésta es nuestra línea de vida con el Espíritu de Dios”.

La meditación nos conduce al camino en el que “encontrar nuestro propio espíritu“ y no es un camino exclusivo para los místicos sino que está al alcance de la gente ordinaria. Los místicos son quienes verifican que esto es posible: ellos comprueban que puede realizarse y todo lo que ellos nos cuentan está basado en la experiencia, no en la teoría. La dedicación y la perseverancia fiel nos conducen a nuestro centro, a la presencia del Espíritu dentro de nosotros, donde nuestra esencia “emana y es renovada por la corriente de amor de la vida de la Trinidad”.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

LA MEDITACIÓN CREA COMUNIDAD


 

viernes

LA MEDITACIÓN CREA COMUNIDAD


 

DE LA INESTABILIDAD A LO REAL

 Hoy en día vivimos en un mundo muy inestable. Parte de ello es que nosotros, personalmente, no estamos muy arraigados y como resultado, hay mucha gente inestable, insegura, e incierta. La visión inicial del cristianismo era ver la vida como algo triunfantemente bien arraigado. San Pablo habla constantemente de que nuestras vidas deben estar arraigadas a Cristo, arraigadas en Él, fundadas en Él.

 

Pero desde entonces la historia se ha visto sujeta a muchas presiones sociales. Por ejemplo, la presión de la moda que engendra el deseo de conformar a una imagen externa y que la gente espera eso de nosotros. Aún si la imagen es conformista o no-conformista, nos convierte en esclavos forzados del deseo de complacer.  Muchas veces no podemos ser nosotros mismos porque no nos experimentados como arraigados en algo real, con una identidad sólida de nuestra elección. Desde luego, causa y efecto se confunden en este mundo. Cuando el mundo es inestable, esto tiene como consecuencia relaciones pobres. Si no estamos seguros de nosotros mismos, entonces es muy difícil salir y encontrar a otros y amarlos. Y como no sabemos qué pensamos de nosotros mismos, estamos siempre tratando de adivinar lo que los otros piensan de nosotros. Si nos vemos como insignificantes, buscamos la fama y envidiamos a aquellos que la tienen. Pero la visión cristiana tiene un entendimiento diferente a ofrecer sobre lo que significa ser humano, incluso hoy.
 
La idea de San Pablo de vivir nuestras vidas “en unión” con Cristo significa que podemos estar firmemente arraigados en la realidad. Como lo decía San Juan Climacus, “no nos importa si el mundo nos alaba o nos critica”, porque estamos arraigados a lo que es, en aquel que es. Si estamos arraigados en el Amor, todo lo que nos importa es el Amor. No nos preocupa el tratar de proyectar una imagen correcta de nosotros y, sobre todo, no estamos tratando de ser aceptados por otros. 
 
La verdad que conocemos, y la conocemos con absoluta certeza, es que somos “aceptados”. La verdad, y esta verdad está abierta para que todos descubramos que somos infinitamente amados. De nuevo, debemos de experimentar esto por nosotros mismos. Nuestro escepticismo moderno traiciona a nuestra habilidad de confiar. Detrás de eso, está la erosión de la creencia causada por la falta de experiencia personal. Cuando el hilo entre la creencia y la experiencia se torna muy delgado, nos quedamos en un punto de quiebre. 
 
Por lo tanto, debemos de conocer nuestro valor real y amable con la confianza personal que nace de la experiencia y que florece en nuestro corazón. Esta es la razón a lo que nos lleva el peregrinaje de la meditación. Cuando meditamos enfocamos la atención a lo que es y a lo que es esencial. La esencia de lo que significa estar vivo en relación a nuestra unión con nuestro creador. La esencia de la visión cristiana es que el Espíritu de Dios habita en nuestro corazón. Es el espíritu de la compasión, de la comprensión, del perdón y del Amor. En la meditación nos experimentamos como amados, como perdonados y como aceptados – no solo medio aceptados. Cuando conocemos esto en relación a Dios no vamos por ahí prestándonos y tratando que los otros nos acepten.

 
John Main, OSB
Del libro: The Heart of Creation

LA MEDITACIÓN CREA COMUNIDAD


 

DIFERENTES FORMAS DE ORACIÓN


En la “Conferencia 9” de Juan Casiano, Abba Isaac, uno de los Padres del Desierto, comienza a transmitir enseñanzas sobre la oración a Casiano y a su amigo Germano. Primeramente les habla de que existen diferentes formas de orar: “El apóstol (San Pablo) define cuatro tipos de oración”.

“Mi consejo es que ante todo, se hagan súplicas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres” (1 Tim 2,1). Ahora podemos estar seguros de que esta división no fue hecha a la ligera por el Apóstol. Abba Isaac continúa dando explicaciones detalladas de los tipos de oración mencionados y de cuándo son apropiados. Y concluye: “Por lo tanto, todas estas formas de oración son muy valiosas para los hombres y, ciertamente, necesarias”.

Incluso ilustra cómo Jesús empleó cada uno de estos tipos de oración. Continúa con una explicación de la oración que Jesús nos enseñó, el “Padre Nuestro” y se refiere a ella como la más perfecta de las oraciones. Y finalmente llega a la oración más deseable para todos: “la oración pura”, “la contemplación”, cuando ya no somos conscientes de que estamos orando. Cita a San Antonio: “La oración no es perfecta cuando el monje es consciente de sí mismo y de que está orando”. Abba Isaac destaca que todas las formas de oración pueden conducir a la “oración pura”. Lo que se necesita para ello es fe y perseverancia.

Luego anima a sus discípulos a “seguir el precepto del Evangelio que nos enseña a entrar en nuestra habitación (Mateo 6,6) y cerrar la puerta para que podamos orar a nuestro Padre. Oramos en nuestra habitación cuando alejamos completamente nuestros corazones del ruido de los pensamientos y las preocupaciones y revelamos nuestras oraciones al Señor, en secreto, como si fuera algo íntimo. Oramos con la puerta cerrada cuando, con los labios cerrados y en silencio total, rezamos al buscador, no de voces, sin de corazones”. Aquí, Abba Isaac esboza la base de la contemplación sin decirles con detalle cómo “entrar en nuestra habitación”. Sin embargo, en su siguiente Conferencia sí que explica cómo hacerlo, ya que Casiano y Germano demuestran que están preparados para este tipo de oración al hacer la pregunta correcta. Aquí es donde llegamos al camino de la oración que John Main descubrió, para su satisfacción, en las enseñanzas de Casiano: orar mediante la repetición de una “fórmula” que lleva a la contemplación.

Isaac no restringe esta oración a determinados momentos del día, pero sí pide a Casiano y a Germano que sea una “oración incesante”: “Deberías meditar constantemente este versículo en tu corazón. No debes dejar de repetirlo cuando estás realizando cualquier trabajo o cuando estás de viaje. Debes repetirlo en tu interior, mientras duermes, mientras comes y cuando atiendes a las necesidades de la naturaleza”.

Vemos que, aunque no podemos negar la importancia de esta forma de oración tanto para nosotros como para los primeros cristianos, debemos recordar que es sólo una forma más de oración. Laurence Freeman emplea la metáfora de una rueda para representar la oración. “Piensa en la oración como en un gran rueda. La rueda lleva toda nuestra vida hacia Dios. Los radios de la rueda representan cada una de las formas de oración. Oramos de diferentes maneras, en diferentes momentos y según nos sentimos. Los radios son las formas o expresiones de oración que convergen en el centro de la rueda, que es la oración de Jesús mismo. Todas las formas de oración son válidas. Todas son eficaces. Todas participan de la oración de la conciencia humana de Jesús que habita en nosotros por medio de la gracia del Espíritu Santo” (Laurence Freeman).

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

  

jueves

LA MEDITACIÓN CREA COMUNIDAD


 

LA VENTANA DE LA CONCIENCIA

 ¡Debemos de tener cuidado con los superlativos! Debemos tener cuidado con nuestro propio entusiasmo pues si usamos demasiados superlativos podríamos olvidar la humildad de la tarea, lo ordinario del camino. Lo ordinario es simplemente que cada mañana y cada tarde de nuestras vidas, nos enfoquemos, nos recojamos. Nos volvemos conscientes, nos volteamos en dirección al centro divino y nos enfocamos. Y lo hacemos con la simple repetición de nuestra palabra.  Desaparecemos todas las imágenes que pueden construir un muro entre nosotros y la realidad, rompiendo todos los símbolos y permitiendo que la pura y brillante luz de la realidad, la luz clara del Espíritu de Dios brillando, como lo dice San Pablo, en nuestros corazones, para que sea la suprema realidad para nosotros. 


Esta tarea no es tan difícil para nosotros. No tenemos que recorrer mares para encontrarla. No tenemos que pedirles a otros que lo hagan por nosotros. Esta realidad está muy cercana a nosotros. Está en nuestro corazón si solo nos tomamos la molestia de buscar primero el Reino de Dios, el Reino que ya está en nuestro corazón. Es este el Reino de Dios que Jesús mismo estableció en nuestros corazones y que requiere simple fidelidad. Es, entre otras cosas, lealtad al sentido común; el sentido común que nos dice que debemos retornar constantemente a beber, beber profundamente, de la fuente de la vida. Al beber profundamente toda nuestra vida se enfoca como una consecuencia. Una vez que estemos enfocados al centro divino nada de la vida o de la muerte es obscuro.

San Pablo tiene una maravillosa descripción de esta experiencia:

´Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.´ (Rom 12:1-2).

Esta es una maravillosa descripción de la meditación. ´”Mantengamos nuestras mentes, para que sean rehechas.” Repetir el mantra es, como si estuviéramos limpiando la ventana de la consciencia para que nuestra consciencia se llene de su Amor que nos transforma. Lo que transforma toda nuestra naturaleza y que nos ilumina es que, al ser transformados, buscamos lo que es bueno y perfecto y la voluntad de Dios se ve clara.




John Main, OSB
Del libro: The Heart of Creation
Canterbury Press, 2007
Traducido por Lucía Gayón

miércoles

LA LUZ DEL SER

 



Extracto de LIGHT WITHIN de Laurence Freeman OSB, (Londres: Canterbury, 2008), págs. 85-87.


Si nos sentimos aislados de quienes están a nuestro alrededor es porque estamos aislados de nosotros mismos. Sólo cuando sabemos quiénes somos podemos ser quienes realmente somos y podemos comunicarnos con los demás. Pero, ¿qué nos impide realmente llegar a nuestro verdadero ser? La meditación nos da una respuesta muy simple. Una respuesta que, precisamente porque es simple, nos resulta difícil: nada. No hay nada entre nosotros y nuestro ser real. Nada, excepto la falsa idea de que existe algo entre ambos. Esa falsa idea es lo que llamamos ego.

En nuestros momentos de meditación, por la mañana y por la tarde, accedemos a otro nivel de autoconciencia. Primero aprendemos a dejar atrás todas las ideas. Luego, en el siguiente nivel de conciencia, nos separamos de la imaginación y dejamos atrás todas las imágenes. Cuando hemos conseguido esto, somos simplemente nosotros, sin capas, desnudos. Esto es lo que Jesús llamó "pobreza de espíritu".

Es una hermosa pobreza de espíritu. Es un estimulante camino a seguir. Aunque haya momentos en que sea arduo, no deja de ser un bello y sereno camino. Es una gran pobreza porque nos libera del ego y nos permite ver la luz de nuestro ser real y saber que somos parte de esa misma luz. El mantra nos lleva a través de las capas del pensamiento, del lenguaje y de la imaginación hacia la luz pura de la plena conciencia. El mantra es simplemente el foco que nos lleva al centro donde resplandece la luz del yo real.

Es posible que lleves tiempo meditando y no sientas que esto sucede. Pero no te inquietes. No busques que ocurra nada. Si perseveras, con fe, tu propia vida irá brillando de forma lenta pero profunda gracias a esa luz interior y sabrás que esa luz está allí, en todo.


Carla Cooper

Traducido por WCCM España