Juan 3:14–21
Quienes obran con la verdad se acercan a la luz
Recientemente, las noticias de televisión mostraron a un exbanquero de alto perfil siendo abordado en plena calle por un periodista que lo seguía repitiéndole la misma pregunta sobre corrupción, mientras él respondía con el mismo inexpresivo "sin comentarios". Había algo profundamente inquietante y revelador en esa escena: la invasión pública de la privacidad, la vergonzosa exposición, la insistente demanda de verdad y el silencio que hablaba más que las palabras.
Cuando los carniceros de Auschwitz vieron que la pesadilla que habían infligido a otros se volvía contra ellos, huyeron del lugar del mal e intentaron destruir las pruebas. Hoy se pueden ver los escombros que dejaron atrás, condenándolos y avergonzando a toda la humanidad. Por más intensa que sea la negación, no se puede enterrar la oscuridad en la luz.
La verdad no es solo lo que se dice. Puedes esperar a que tu abogado te proporcione las palabras aceitosas que te saquen del apuro. Pero la verdad se vive, no se dice. Es lo que vives y cómo lo vives. La verdad no puede esconderse. Cuando se asienta el polvo de la explosión que intentó destruirla, lo que trataste de ocultar se hace más visible que nunca.
Si tienes algo que esconder y temes a la verdad, entonces esta es la terrible e ineludible verdad de la verdad: saldrá a la luz, así como la realidad emergirá de las cenizas de la ilusión que intentó evadirla. Esto no solo es cierto respecto a los actos cometidos. También es cierto para una verdad reprimida en nuestra mente y memoria: un sentimiento demasiado doloroso para enfrentar, un error demasiado hiriente para admitir, una comprensión demasiado transformadora para aceptar.
Hasta que salgamos a la luz y dejemos que la verdad se expanda en ella, estaremos perseguidos y en fuga. Meditar es vivir la verdad. En la luz – a cielo abierto.
Este es un extracto de Sensing God de Laurence Freeman, SPCK Publishing - distribución exclusiva para miembros de WCCM.
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